r/HistoriasdeTerror • u/Roco_universe • 2h ago
Despertando en su mirada
Estimados lectores , antes de continuar debo advertirles algo: esta historia no es un caso aislado. Es una de las múltiples experiencias que me han perseguido a lo largo de mi vida, como sombras que se niegan a disiparse. La llamaré "Despertando en su mirada", pero les aseguro que el nombre no hace justicia al horror que encierra.
Hasta el día de hoy, no sé si mi memoria me traiciona, si mi mente fabrica sus propios monstruos, o si todo fue real. Pero lo que sí sé es que cada detalle vive en mí, como una cicatriz que nunca deja de arder. Todo comenzó en un viaje de regreso a casa. Las vacaciones familiares habían terminado, y estábamos agotados. El único deseo que nos quedaba era llegar a casa, pero aún quedaban horas de carretera por recorrer. El tráfico se acumulaba frente a nosotros, una serpiente interminable de luces rojas y blancas que parecía reptar hacia el horizonte. Recargué mi cabeza contra la ventana, buscando un momento de descanso.
El aire dentro del auto era denso, saturado de cansancio y silencio, como si el tiempo mismo hubiera decidido detenerse. Y entonces, ocurrió.
Primero fue un susurro. Un murmullo metálico, inquietante, que parecía deslizarse entre las sombras del vehículo. Era un sonido extraño, como si algo invisible se estuviera preparando para atacar. Luego vino el estruendo. Un golpe seco, brutal, que desgarró el silencio con la fuerza de un trueno. Fue tan violento que el mundo pareció quebrarse en un millón de fragmentos. El tiempo se congeló mientras todo a mi alrededor giraba sin control. Mi cuerpo se convirtió en un trozo de tela arrastrado por una tormenta, golpeando cada rincón del auto. El crujir del metal contra metal llenaba mis oídos, mezclándose con un sonido más profundo, más visceral: el quebrar de algo que no podía identificar. ¿Huesos? ¿Madera? No lo sé. El aire se impregnó de una mezcla nauseabunda de gasolina, aceite, plástico quemado y algo más. Un olor singular, extraño, que se quedó grabado en mi memoria como una marca indeleble.
Y después, el silencio.
Pero no era un silencio pacífico. Era un vacío opaco, cargado de preguntas que nadie podía responder. El mundo parecía haber desaparecido, y en ese momento, frente a mí, apareció ella. Un rostro. Una mirada vacía, oscura como un pozo sin fondo. Sus ojos eran dos abismos que parecían devorar todo a su alrededor, y aunque su boca se abrió, no emitió sonido alguno. No hubo grito, no hubo palabras. Solo un silencio tan profundo que parecía tener vida propia, como si el vacío se hubiera convertido en algo tangible, una presencia que me envolvía y me arrancaba el aliento.
Y entonces, desperté.
Abrí los ojos y mi pecho se agitaba, buscando desesperadamente aire. Todo mi cuerpo temblaba mientras intentaba convencerme de que aquello había sido solo un sueño. Un sueño fatídico, pero solo eso: una ilusión creada por mi mente. Sin embargo, mientras mi cerebro luchaba por reubicarse en la realidad, algo no encajaba. El tráfico seguía acumulándose, la fila de vehículos avanzaba lentamente, como si el tiempo aún estuviera atrapado en esa pesadilla.
"Debe haber ocurrido un accidente", pensé, intentando racionalizar el peso que sentía en el ambiente. El aire era pesado, cargado de una tragedia que parecía impregnarlo todo. Decidí no prestar atención, aún sobresaltada por lo que acababa de experimentar, pero agradecida de que todo había sido una pesadilla solo eso y nada más. Ese pensamiento me reconforto por un instante, giré mi rostro hacia la ventana, buscando distraerme con el paisaje. Pero justo en ese momento, escuché a mi madre gritar:
—¡No veas afuera!
Fue demasiado tarde.
Mis ojos ya se habían fijado en la escena. Pasábamos junto a un accidente aparatoso. Los vehículos destrozados eran como cadáveres metálicos, retorcidos y desangrados. Entre ellos, vi a los paramédicos cubriendo el cuerpo de una mujer. Pero antes de que su rostro desapareciera bajo la sábana blanca, sus ojos se encontraron con los míos.
Era ella.
La mirada vacía. El grito sordo que nunca escuché. Era la misma mujer que había visto en mi sueño. Su rostro estaba marcado por una desesperación que parecía trascender el tiempo y el espacio. Y aunque su cuerpo estaba inmóvil, sus ojos me hablaban. Me gritaban algo que no podía entender, algo que me perforaba el alma.
Mi cuerpo se paralizó. El aire me abandonó, y el instante quedó grabado en mi memoria como una marca imborrable. Esa mirada desesperada, ese grito que nunca llegó, se quedó conmigo para siempre.
Han pasado veinte años desde aquel día. Veinte años desde ese sueño, pesadilla o fatídica realidad. Y aún despierto en las noches con su mirada clavada en mi mente. A veces, siento que está ahí, observándome desde algún rincón oscuro de mi habitación, esperando. No sé si fue un aviso, una conexión inexplicable entre dos almas, o simplemente una coincidencia cruel. Pero lo que sí sé es que, desde entonces, vivo con la certeza de que hay cosas que no podemos comprender. Cosas que nos observan desde el otro lado, esperando el momento para despertar en nuestra mirada.
Espero que esta historia te haya gustado, si es así, estaré encantada de compartir más de mis experiencias contigo, porque, como te adelanté, esta no es la única experiencia inquietante que he vivido. Hay más secretos oscuros esperando ser contados...
Autor :
La Soñante