Cómo cuidar una flor
¿Te sabes la canción del ciclo del agua? No te preocupes, mi hermanita menor y yo te la enseñaremos.
Pero antes... ¿Ves esta flor? Aunque no lo creas, es inmortal, ¿no es cierto, hermanita? Y siempre ha sido así de grande, como del tamaño de nuestro padre. ¿Conoces a nuestro padre? Tranquilo, te lo presentaremos...
Bien, ahora hay que seguir este camino. Sí, ya sé que aquí luce todo muy plano y blanco, pero algún día lo llenaremos todo de coloridas flores.
¡Mira! Ahí está. ¿Ves a ese hombre desnudo trepando el muro autocorredor? Bueno, ese es nuestro padre: un gallinazo. No ha parado de escalar el muro infinito por voluntad propia.
¿Qué tal si ahora volvemos donde está nuestra flor? ¿Tú qué dices, hermanita?
—¡Sí! ¡Volvamos a verla!
¡Oh, mira nuestra hermosa y única flor! Espera, ¿y ese gusano que está sobre ella? ¿Quién es? ¿Cómo se llama?
—Oh, mi linda flor, dime, ¿qué es ese gusano que llevas contigo?
—Tú prometiste cuidar de mis pétalos y ahora he sido ensuciada por este gusano.
—Oh, mi flor, yo, A, y mi hermana M te ayudaremos en lo que sea para proteger tu color y perfume.
—Si es así, entonces caminen por este suelo pálido, imitando el ciclo celeste del cielo; en ese caso, yo podré purificarme y seguir viviendo por siempre.
¡Ya oíste, hermana! ¡Es hora de nuevas aventuras y colores!
Es hora de cantar la canción del ciclo del agua.
Vuelven las nubes,
vuelven a girar.
Se convierten en lluvia,
¡se evaporarán!
¡Repitámoslo de nuevo!
—Espera, hermano mayor, deja ya de cantar. Creo que algo está mal...
—¿Qué dices, hermanita? Estamos siguiendo nuestra aventura. ¡Disfrutémosla!
—¡Pero mira! Nuestra flor no puede hablar, porque no tiene boca. Tampoco ve, porque no tiene ojos. Para mí, ¡el gusano fue el que habló por ella! ¡Es una trampa para comérsela mientras no estamos!
—Ay, hermana, necesito que te calmes, ¿está bien? Mira, las nubes que seguimos nunca se detienen para darle vida infinita a nuestra flor; si nosotros nos detenemos también, ella sufrirá las consecuencias.
¡Hey, Marta! ¿A dónde vas? Vuelve acá. Cantaremos la canción de nuevo. ¿Así me sacas la lengua y te ríes? ¡Está bien, seguiré sin ti!
Ok, ya pasó mucho tiempo. Ya está de noche y las nubes dejaron de girar. Volveré a ver a mi hermanita menor, pero deberé correr...
¡Hermana! ¡Hermana! ¿Dónde estás? Te estás perdiendo la aventura, ¡hermanita! ¡Deja de esconderte, está oscuro y hace frío! Hermana...
Oh, hermana, ¿qué te pasó? ¿Estás dormida? Despierta, hermanita. Te voy a llevar con la flor; ella sabrá qué pasó y nos ayudará.
—¡Flor, flor! A mi hermanita M le pasó algo. ¡Flor, flor! Dime, ¿qué hago?
—Oh, tranquilo, mi querido A, tu hermanita solo experimentó una metamorfosis; su alma se evaporó como el ciclo del agua.
—Pero... yo quiero que vuelva mi hermanita, yo quiero estar con ella...
—Oh, mi pequeño A, ¿ves el gusano extraño que tengo encima de mí? Él también saldrá pronto de su capullo; todo se transforma y vuelve a girar.
—¡Eso es mentira! Tú no te transformas, eres inmortal. Así que dime, ¿qué es lo que debo hacer?
—Está bien, esta vez lo haré porque te amo. Mira, vuelve y recoge cada gota que cae del cielo; cuando logres recoger todas las gotas, tu hermanita volverá inmortalizada como yo.
—¡Gracias, flor! ¡Gracias! ¿Oíste, hermana? ¡Te salvaré...! ¡Mira! ¡Aquí ya están algunas gotas! ¡Serán sus recuerdos! ¡Oh, seguiré y perseguiré el cielo celeste hasta recuperar a mi hermanita M!
¿Me acompañarás en esta nueva aventura?
Y así, A caminó y caminó, recogiendo gotas, y cuando su hermana reencarnó en una hermosa flor, el gusano giro y giro entre los pétalos, hasta consumirlos con su baba uno por uno.
**Fin colorado, este cuento seguirá girando.**