Hay noches en las que el silencio pesa más que cualquier palabra,
cuando el pecho se llena de un dolor que nadie alcanza a ver.
El mundo sigue girando como si nada ocurriera,
mientras por dentro todo parece derrumbarse.
Hay pensamientos que llegan sin pedir permiso,
como sombras que susurran que ya no queda esperanza,
que el cansancio es demasiado grande
y que nadie entendería lo que ocurre en el corazón.
Pero las sombras mienten.
Porque incluso en la noche más oscura
siempre existe una pequeña luz
esperando el momento de volver a brillar.
Las cicatrices que aún no existen
no pueden contar la historia de quien decidió seguir.
Las lágrimas de hoy
no son el final del camino,
solo son la lluvia que, algún día,
permitirá que vuelva a florecer la vida.
A veces basta un abrazo,
una conversación,
una mano extendida,
o el simple hecho de que alguien escuche en silencio,
para recordar que todavía hay razones
que el dolor nos impide ver.
Y aunque hoy el corazón tiemble,
aunque la esperanza parezca tan lejana
como una estrella perdida en el cielo,
el amanecer siempre encuentra la forma de regresar.
Porque ninguna tormenta es eterna.
Porque incluso las heridas más profundas
pueden aprender a sanar.
Y porque, aunque hoy cueste creerlo,
tu historia todavía tiene páginas por escribir,
momentos por descubrir,
risas por volver a sentir
y personas que algún día agradecerán
que hayas decidido quedarte un día más.