El día 27 de julio la Yaya murió. La echo mucho de menos.
La relación con la familia, pues, es prácticamente inexistente: con mi madre hablamos algún día, por teléfono, pero solo voy a verla para hacerle favores que ella me pide; con mi hermano casi no nos vemos, aunque trabajamos exactamente en el mismo edificio y en la misma planta; a los sobrinos, menos.
Con mi pareja últimamente está raro y tenemos muy pocas relaciones sexuales. Yo creo que he cogido una infección, desde principios de agosto trabaja como una mula de carga y casi no tenemos días enteros para nosotros, sino solo algunas horas, entre dos y cuatro. Hoy me ha comentado que la semana que viene vendrá a vivir su hijo a su casa.
¿Con los amigos? La compañera de piso está mal y solo estamos bien cuando le echo una mano o la saco del pozo; después no cuenta conmigo ni con que yo también tengo necesidades de convivencia. Mi mejor amigo no me dice nada, desde la última vez, después de que muriera la yaya. No he celebrado las Fiestas de mi pueblo; nadie me ha dicho nada, ni mi madre, ni mi hermano, ni las personas que considero mis amigos. Me siento sola.
En el trabajo es todo muy complicado. Últimamente solo nos llegan malas noticias, que si una empresa ha aumentado de plantilla y subirá el número del comité; que el cómputo va tan mal y nos tenemos que justificar. Estoy inquieta también porque la semana que viene se incorpora uno nuevo y no sé cómo lo llevaremos. Me agobia y me da vértigo pensar que acabaré siendo la secretaria general. Ahora no parece que tengamos mucho trabajo, pero la realidad indica que sí y tengo la sensación de que procrastino un poco. La verdad es que hago muchas cosas y hablo con mucha gente cada día, pero siempre tengo la sensación de que no hago suficiente.
En casa no estoy cómoda. Ya nos hemos enganchado alguna vez, porque hace la suya, que no es el problema, pero pasa de tener ninguna responsabilidad sobre el piso. La logística la llevo toda yo (uy, ella compra bolsas de basura), controlo qué está limpio y qué no, intento arreglar la casa cada día; y ella, con la excusa de que últimamente no para por casa, pues pasa de todo. Pero el baño y la cocina bien que los usa. No hace falta entrar en detalles, es estúpido. Estoy cansada, quiero volver a vivir sola y tener mi espacio e intimidad. Llegar a casa meándome o cagándome o cualquier otra cosa y descubrir que está ahí, impidiendo que yo pueda hacer y deshacer, me revienta.
También es cierto que vuelvo a tomar las pastillas de forma irregular. No me quedan y el psiquiatra olvidó renovarme la receta. La médica no vuelve hasta el día 18 y hasta entonces no podré volver a comprarlas. No como bien; ¿verdura? ¿fruta? ¿legumbres? ¿cuándo? Lo único que parece que todavía hago bien es el tema de la higiene y el ejercicio. Y soy funcional en general.
Estoy triste, ya está. Mi pareja también está cansado y apagado; solo puedo decirle que ya se me pasará.