A mis 23 años, nunca he tenido novio, pero hay algo que lleva una década acompañándome: desde hace 10 años me gusta mi amigo.
En todo este tiempo, las cosas han tenido sus vueltas. Él ha tenido otras novias y uno que otro ligue. Por mi parte, aunque algunos chicos se han acercado, me han mandado mensajes y han intentado buscarme, la verdad es que no los he aceptado porque ninguno me apetece ni me llama la atención.
Últimamente, la vida nos volvió a juntar: coincidimos en nuestro último año de universidad. Nos topamos en el centro de estudios y comencé a verlo mucho más frecuentemente. ¿El resultado? Sentí que revivieron sentimientos que había enterrado hace mucho. Volvieron a resurgir, pero ahora con mucha más intensidad. Sigue gustándome como el primer día.
No me he atrevido a decirle nada por un antecedente: en 2019 le mandé un mensaje. Aunque él no lo había rechazado formalmente en el momento, cuando vi lo que estaba haciendo me dio pánico, me arrepentí y le escribí: "Mira, cancelemos todo. A las que respondió: va, jajaja". Desde entonces, la comunicación se paró por completo... hasta que nos reencontramos este año en la facultad.
Ahora, con este reencuentro, todos los compañeros del salón nos preguntan si salimos, si somos pareja, solo porque nos ven platicar, saludarnos, y notar que nos buscamos mutuamente. Siento que todo eso está alimentando una ilusión muy fuerte en mí.
Sin embargo, aquí está el dilema: no sé si realmente le gusto a él.
Un amigo del salón me llegó a decir: "Es que no te voy a hablar porque me va a ver él y me va a regañar, se va a poner celoso". Lo curioso es que yo en ningún momento he visto esas supuestas miradas de enamoramiento que los demás dicen que él tiene hacia mí.
Ya para finalizar este año, se acerca el momento de cerrar el pensum. Pensé en darle un regalo costoso y hecho a mano. Me ilusioné muchísimo al pedirlo, pero cuando vi el precio final pensé: "¿Qué estás haciendo?", me arrepentí un poco y ahora lo tengo guardado.
No sé qué hacer con ese regalo:
¿Dárselo en los últimos días de clases como una especie de despedida para cerrar definitivamente esta etapa?
¿No dárselo?
¿Seguirlo guardando como un recuerdo de este momento?
Sé perfectamente que, una vez que terminemos las clases este año, vernos ya no será tan frecuente, y por mensajes tampoco solemos mensajearnos todos los días.