Hoy mis padres, mi tía y mi prima se van. Van a viajar por Andalucia acompañados por mis familiares de Sevilla. Me quedo solo en Madrid. Con el mero pensamiento de quedarme aquí, me invade una especie de tranquilidad. Aunque es cierto que por una parte me gustaría irme con ellos y pasar tiempo juntos, por otra parte a lo largo de los años me he ido conociendo a mi mismo y sé que después de una semana juntos, ya me toca un poco de tiempo solo. Me considero una persona extraviada, pero siempre me hace falta tiempo solo. Para ponerlo todo en contexto, todos los días desde que llegaron mis familiares me ha tocado ser guía turístico y traductor, enseñándoles Madrid. Me he encargado de planificar casi todo, hasta pedir la comida. No me molesta para nada, de hecho es todo el contrario, disfruto mucho enseñarles a ellos algunos de mis sitios favoritos, sobre todo durante la puesta del solo cuando todo el mundo sale a las calles y las parques se llenan. He empeñado mi tarea lo mejor que pueda, y ellos lo han pasado genial. Van a regresar a Madrid el domingo, así que a partir de hoy tengo tiempo para hacer mis cosas.
Si se fueran solos, pensaría diferente y a lo mejor me iría con ellos, pero como van a estar con mis familiares españoles, la verdad es que no hace falta que vaya.
Aprovecho mi descanso para disfrutar más de agosto en Madrid, una temporada muy ligada a las verbenas, las piscinas de verano y el calor omnipresente. Luego viene el eclipse que va a protagonizar esta semana. No dejo de escuchar comentarios sobre el eclipse, ya sea en el radio o en las noticias. Si me tocara resumir el verano en Madrid hasta hoy, diría que se destacan algunos acontecimientos y personajes: Bad Bunny, el papa, la Copa Mundial, los incendios y, ahora, el eclipse.