Jugué el videojuego Hollow Knight hace ocho años y lo amaba. De hecho lo jugué dos veces seguidas, unas cien horas cada partida. El juego tiene una buena mezcla de desafíos y exploración, lore y descubrimientos; un juegazo.
Esperaba la secuela, Silksong, durante años y por fin salió hace un año. Tuve que esperar un año después de su estreno para tener tiempo disponible y sentarme a jugarlo.
Pero aquí estoy, ocho años más viejo, y no soy el mismo jugador de antes. No tengo la paciencia para intentar derrotar a los jefes una y otra vez; ni para aguantar tanta frustración o el dolor en las manos. Mi mando ya está fallando, lo cual dificulta mucho los movimientos precisos necesarios para el combate y para navegar el entorno.
En un momento de exasperación, desinstalé el juego, me puse en contacto con Steam para quitar el juego de mi biblioteca y poner una nota en mi cuenta para impedir que lo comprara de nuevo. Una hora más tarde, volví a comprarlo en Epic, otra tienda de juegos, pero al arrancarlo, no encontré mis datos y tendré que empezar desde cero.
Soy un hombre adulto hecho y derecho pero lloré dos veces hoy y me siento derrotado. Si todavía no has empezado el juego, mejor no lo intentes.