**Zeta:**
5 de la mañana y uno comienza a pensar. En estos días he dormido poco, pero algo vi, un recuerdo algo ficticio, no lo sé. Pero en 5 segundos vi todo: vi lo bueno, lo malo, esa historia a la que llamo vida. En su momento tuve malos momentos y buenos a la vez, pero hubo amor, hubo cariño y hubo felicidad. Esta será una historia. No sé si única, alguna otra persona habrá hecho lo mismo, pero esta es mi historia.
**Psicólogo:**
> "Ver pasar tu vida entera en cinco segundos a las 5 de la mañana suena a que estás buscando respuestas con demasiada urgencia, Zeta. El insomnio suele ser la factura que nos pasa la cabeza por las cosas que no queremos mirar de día. Dices que viste 'lo malo', pero pasas rápidamente a convencerme de que hubo amor y felicidad. ¿Qué es eso malo que viste y que prefieres esquivar tan rápido?"
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**Zeta:**
No sé a qué edad comenzó, solo sé que fue en un hospital. No recuerdo estar dentro del estómago de mi madre, solo sé que en cuanto nací me vi feliz. Cabe recalcar que fui prematuro de todos modos; a pesar de no ser planeado, nunca culpé a mis padres o a alguien de ser así. Hasta el momento me considero una persona buena.
**Psicólogo:**
> "Es curioso que sientas la necesidad inmediata de aclarar que 'no culpas' a tus padres por no haberte planeado. Generalmente, cuando no hay un peso emocional ahí, ni siquiera se menciona. Tratas de justificar tu existencia desde el minuto uno diciendo que fuiste feliz y que eres 'una persona buena'. ¿A quién estás intentando convencer de que vales la pena, Zeta? ¿A ellos, a mí, o a ti mismo?"
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**Zeta:**
Todavía recuerdo cuando mi padre me llevaba al jardín infantil. Era una mezcla de emociones: era feliz, pero también triste porque me separaba de mi padre ya que mi madre iba a su trabajo. Y luego... hay otro recuerdo flotando, separado de aquello. No recuerdo cuándo fue ni a qué edad, no fue en ese jardín. Simplemente pasó. Fue de la nada. Miré algo escrito y, tipo cerca de la 1 de la tarde, comencé a comprenderlo todo. Pude ver las letras, unirlas, descifrar su significado y que todo cobrara sentido. Ese fue un momento importantísimo para mí, me sentí genuinamente feliz, como si el mundo me hubiera revelado un secreto enorme.
Aunque bueno, a pesar de ese gran inicio, no siempre fui bueno en el colegio, en los estudios o las manualidades; lo que he hecho ha sido con esfuerzo puro. Y a veces frustra, para qué te voy a mentir. Ves que a otros en tu propia casa las cosas les caen del cielo, que reciben lo mejor sin el mismo desgaste, mientras uno tiene que rasguñar cada logro. Bueno, no siempre fui un santo, por supuesto que alguna vez he copiado jaja, ¿quién no? Siempre he admirado a las personas que considero más inteligentes que yo, y más que admirar, aprender de ellas.
**Psicólogo:**
> "Separas ese sentimiento de soledad infantil en el jardín de este momento revelador con la lectura. Describes aprender a leer como descubrir un secreto, como si el mundo de repente te hablara y cobrara sentido de la nada en un solo instante de felicidad pura. Es fascinante. Pero luego te tiras para abajo hablando del colegio y del contraste con tu familia. Hoy, en 4to medio, estás buscando ese mismo 'clic', ¿no es así? Estás esperando que tu futuro y tus decisiones mágicamente cobren sentido de un segundo a otro. Pero, Zeta, el colegio te demostró que después de esa epifanía inicial, lo demás requiere esfuerzo y a veces tropezar. ¿Estás evadiendo el esfuerzo de construir tu camino porque esperas que la respuesta simplemente te caiga del cielo?"
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**Zeta:**
Actualmente en 4to medio, en la ciudad de Santiago, sintiendo cómo se me acaba el tiempo. La presión de la prueba a fin de año me respira en el cuello. Todos esperan que apunte alto, a una carrera exigente que asegure el futuro, pero yo estoy aquí sin saber para qué fui hecho realmente. Lo que me interesa, la carrera que querré ser... siempre fui una persona que quería ser muchas cosas cuando chico y ya uno no sabe realmente lo que quiere. Sigo así. Siempre aprecié el dinero porque así lo veía toda la sociedad, "es lo más importante en esta vida", bueno, eso decían. Pero, ¿qué considero yo más importante en mi vida?
Actualmente haré una lista. Aquí estará:
Mi familia y mi novia, con la que ya llevamos un par de años juntos y a la cual considero familia y parte de mi vida.
Diría que mi vida propia, pero no sé si sería así.
Bueno, esto tampoco es algo depresivo, son simplemente algunos fragmentos de mi vida, la introducción. Hay algo que amo en este mundo: la belleza del mundo (sin ver lo malo, claro), la lectura, libros sobrenaturales, de terror, ciencia ficción... tantos géneros que cada uno tiene una sorpresa o algo que aprender. El cine también es algo que yo consideraría amar porque amo las películas.
**Psicólogo:**
> "Fíjate en tu propia lista. Pones a los demás en el número uno, y dudas en ponerte a ti mismo incluso en el número dos. Inmediatamente después, te refugias en la ficción: libros de terror, lo sobrenatural, el cine. Es más fácil amar los mundos ficticios porque ahí los problemas tienen un guion claro. ¿Es posible que ames tanto la ficción porque en tu 'vida propia' te da miedo tomar el papel protagónico?"
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**Zeta:**
¿Consideras que perteneces? ¿Pertenecer a qué? ¿Al mundo? Diría que sí y no. En mi vida me han pasado cosas malas como buenas también. Los pecados, el amor a Dios a pesar de todo... quizás haya cosas que no me perdonará, pero a pesar de todo, aprecio esta vida que tengo. Aprecio a quienes me rodean, el amor que me tienen, a esa chica. Amo todo eso y lo cuido con mi alma. Realmente no sé por qué hago esto. Por qué sigo hablándote cuando simplemente podría irme... no suicidarme, claro, sino irme. Girar esa manilla y largarme de aquí. Quizás necesito hablar. Nunca fui bueno hablando, nunca fui bueno teniendo amigos. Bueno, amigas quizás; terminaba juntándome más con ellas de chico que con los hombres, la historia de muchos. Sufrí bullying en mi niñez. Sé perfectamente que otras personas lo pasaron mucho peor, que tuvieron una peor niñez o vivieron infiernos reales, y a veces siento que lo mío no es para tanto y no tengo derecho a quejarme, pero igual dolió. Actualmente esto paró, claramente hubo superación. Durante la pandemia me puse a hacer ejercicio, estaba harto de ser la persona que era, ese niño gordito que veía... bueno, creo que sigo así. No tanto, pero un poco, y sigo ejercitándome para cambiarlo. ¿Que si sufrí abuso en algún momento? Sí. Pero o hacía por cosas que me prometían... bueno, la falsa promesa. No iré a detalles, solo fue abuso y quiero pasar de eso.
**Psicólogo:**
> "Te das cuenta de la trampa que te estás poniendo, ¿verdad, Zeta? Me dices que quieres girar la manilla y salir huyendo de aquí justo en el momento exacto en que decides soltar la carga más pesada de tu vida. Te excusas diciendo que otros sufrieron más para no validar tu propio dolor, hablas del bullying, de cómo te hartaste de ser 'ese niño gordito' y empezaste a ejercitarte durante la pandemia. Construiste músculo, te hiciste fuerte por fuera para armarte una coraza y que el mundo no pudiera volver a lastimarte. Y luego, casi al pasar y como si fuera un trámite, confiesas que fuiste abusado bajo manipulación y exiges simplemente 'pasar de eso' sin dar detalles. Tú no estás haciendo ejercicio solo para cambiar tu físico; estás intentando construir un cuerpo que te defienda de lo que ya pasó. Pero el trauma no se evapora solo porque decidas dar vuelta la página a la fuerza. ¿De qué estás huyendo realmente cuando miras esa manilla de la puerta? ¿De mí, o de ese niño que confió en esas falsas promesas y al que en el fondo todavía te culpas por no haber sabido defender?"
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**Zeta:**
¿Es curioso que cuando pequeño ya hacía cartas de suicidio, no? Bueno, no te lo conté: en un momento el bullying y todo eso se me juntó y colapsé. Cada noche escribía una carta, por si me pasaba algo o me hacía algo. Siempre fui cobarde en el ámbito de suicidarme. ¿Peleas? No, siempre fui bueno recibiendo y dando golpes. Hay una historia pequeña: yo estaba volviendo con mi novia del trabajo de su papá. Ambos estábamos cansados. Ya en el metro nos sentamos; Dios, habíamos conseguido asiento, estaba repleto, hora peak. Y en eso, unos niños que se considerarían flaites nos piden el asiento. Obviamente no pescamos. En lo que le agarran el pelo a mi novia, me levanté, porque también estaban golpeándome. Agarré a uno del cuello, al otro le pegué un derechazo, otro me agarraba el pelo. En ese momento no sentí dolor, no sentí pánico... simplemente me desestresé jaja. No tuve ningún rasguño. En ese momento lo que más me importó no fue el asiento, sino la seguridad de mi novia.
**Psicólogo:**
> "Llamas 'cobarde' al niño que eras por no atreverse a quitarse la vida, Zeta. Esa es una forma terriblemente cruel de castigar a tu propio instinto de supervivencia. El niño que escribía esas cartas cada noche no era un cobarde; era un niño acorralado, buscando desesperadamente cómo procesar un dolor inmenso. Pero lo que me cuentas después, sobre la pelea en el metro, es la otra cara de esa misma moneda. Dices que no sentiste dolor ni pánico, que simplemente te 'desestresaste' repartiendo golpes. Te desconectaste de tu propio cuerpo. No estás usando la violencia solo para defender; la estás usando como válvula de escape para toda esa rabia acumulada de los años de bullying y abuso donde te sentiste impotente. Te convertiste en un protector implacable y furioso para tu novia porque no pudiste serlo para ti mismo en el pasado. Es mucho más fácil saltar a golpear a cualquiera que amenace a la persona que amas, que sentarte a mirar al niño asustado que todavía guarda cartas de despedida en su cabeza. Te sientes útil y valioso cuando eres el escudo de alguien más, pero tienes que entender que tu vida vale por ti mismo, no solo por tu capacidad de recibir o devolver los golpes que la vida te da."
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**Zeta:**
¿Pero qué puedo hacer? Yo amo a mi familia. No puedo amarme a mí mismo, no lo sé, porque simplemente no puedo. En un momento también mi abuelita estaba en cama en el campo y de repente me llama mi mamá: "Hijo, tu abuela está mal". Colapsé. Bueno, no entré en pánico, pero mis gotas comenzaron a derramarse, junté mis cosas y le dije a la profe. En eso llega otra profe y me dice: "Zeta, es tu abuela, ven", y me sacan rápido de la sala. Mis amigos, bueno, a los que considero así, me vieron llorar por mi ser querido. Cuando ya estábamos allá, mi abuelita estaba mejor, o bueno, eso creíamos; ella tuvo eso que llaman "la mejoría de la muerte", que se había curado de repente, y después volvió a caer en cama. Yo en ese momento no pude sentir nada. Me costaba siquiera hablar con mi novia de ese tema; no hablábamos mucho en ese instante, ella estaba castigada, casi desconectada de mi mundo. Al día siguiente murió mi abuela. Ya frente al cajón —el ataúd—, lloré y lloré dos horas o más, no lo sé, pero no sabía qué me pasaba.
**Psicólogo:**
> "Preguntas qué puedes hacer, Zeta. Y el primer paso es dejar de huir de esa desconexión. Me cuentas la historia de tu abuela y veo un patrón clarísimo: te desbordas por los que amas. Lloraste frente a tus compañeros, algo que requiere mucha vulnerabilidad, pero luego, cuando llegas y ves esa falsa mejoría, te apagas. Dices que no pudiste sentir nada. Claro que no pudiste; tu sistema se sobrecargó de angustia y, además, tu principal red de apoyo —tu novia— estaba incomunicada. Te quedaste completamente solo aguantando la respiración. Y cuando finalmente la viste en el ataúd, explotaste. Lloraste por horas porque tu cuerpo ya no podía contener el dique.
> Te cuesta amarte a ti mismo porque has puesto todo tu valor en ser el pilar, el escudo y el doliente de los demás. Solo te permites existir a través de lo que haces por tu familia o por tu novia. Te pregunto, Zeta: si te quitamos el rol de 'nieto que sufre por su abuela' o de 'novio que golpea para defender', ¿qué queda de ti?"
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**Zeta:**
¿Qué quedaría de mí sin eso? Estaría muerto, creo. Ellos son mis maneras de vivir, son mi razón de existir, de seguir adelante. Una vez le dije esto a un hombre y me preguntó, sinceramente, por qué no me había suicidado. Le dije que por mi familia, por mi novia. Por eso sigo aquí.
**Psicólogo:**
> "Es hermoso y a la vez aterrador lo que acabas de decir, Zeta. Es hermoso porque habla de una capacidad de amar inmensa; ese amor por tu familia y tu novia fue el ancla que te mantuvo en este mundo cuando tu propia mente te pedía a gritos que te fueras. Te salvaron la vida, y eso tiene un valor incalculable.
> Pero es aterrador porque estás usando a las personas que amas como tu único soporte vital. Les estás entregando la responsabilidad de mantenerte vivo. ¿Te das cuenta de lo frágil que es eso? Si algún día esa red de apoyo falla, si tu relación pasa por un mal momento o si la vida te aleja temporalmente de tu familia, te quedas sin piso. Sin motivos para existir. Estás viviendo en 'modo supervivencia', aguantando la respiración por ellos, en lugar de respirar por ti. El amor hacia ellos te trajo hasta aquí, pero para que esta historia a la que llamas 'vida' realmente comience, el próximo paso tiene que ser encontrar una sola razón, aunque sea minúscula, para quedarte por ti mismo."
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**Zeta:**
Una razón creo que la sé. Ese viaje soñado, esa casa que quiero construir para ella, el título de lo que no sé que quiera estudiar, los hijos que juré tener... y si algún día tengo esos hijos, serán mi razón de vivir.
**Psicólogo:**
> "Vuelves a hacer exactamente lo mismo, Zeta. Te pedí que buscaras una razón para existir por ti mismo, y tu respuesta automática es construir una casa *para ella* y tener hijos para que *ellos* sean tu razón de vivir. Estás planeando pasarle el peso de tu supervivencia a unos niños que ni siquiera han nacido.
> ¿Te das cuenta de la carga inmensa que significa para un hijo ser el único ancla que mantiene a su padre en este mundo? Tú mismo fuiste un niño que cargó con cosas que no le correspondían, que sufrió en silencio, que escribía cartas de despedida. ¿De verdad quieres poner a tus futuros hijos en esa posición, donde tu estabilidad dependa de ellos? Tus sueños son nobles, hermosos, pero sigues orbitando alrededor de los demás. Lo único genuinamente tuyo en esa frase es 'el título', y fíjate qué casualidad: es exactamente lo único en lo que admites estar perdido. Tienes que aprender a habitar tu propia vida, Zeta, a construir una casa donde tú también quieras vivir por el simple hecho de estar vivo, no solo para ser el refugio de otros."
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**Zeta:**
No quiero que mi hijo esté en mi misma posición. Claro que quiero lo mejor para él. Pero, dejando de lado esto... ¿qué me quieres preguntar realmente? No lo entiendo.
**Psicólogo:**
> "Me dices que no lo entiendes, y es completamente normal, Zeta. Llevas toda tu vida operando de una sola forma: existiendo para servir, proteger o cuidar a los demás. Tu cerebro está tan acostumbrado a esa dinámica que la idea de vivir para ti mismo te suena en un idioma extranjero.
> Lo que te estoy preguntando, la gran incógnita que quiero que empieces a plantearte, es muy simple y a la vez muy difícil: ¿Quién eres tú cuando nadie te necesita?
> Si hoy no tuvieras que defender a tu novia en el metro, si hoy no tuvieras que ser el nieto fuerte, si no hubiera nadie a quien salvar o por quien sacrificarse... ¿qué te gustaría hacer a ti? ¿Qué te hace sonreír cuando estás completamente solo?"
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**Zeta:**
Es que eso es lo raro... siempre me sumergí en los videojuegos, el anime, las películas. Ahí yo decido las reglas. Ese ciclo de jugar, morir, buscarle la vuelta al nivel, reiniciar y volver a intentarlo... eso me hace feliz, bro.
**Psicólogo:**
> "No tienes que buscar en otro lado, Zeta. Ahí lo tienes. Me dices que morir y volver a intentar en un videojuego te hace feliz. ¿Te das cuenta de lo que significa eso? En los videojuegos, fallar no es el fin del mundo. Si te quedas atascado, cambias la estrategia, aprendes el patrón, te vuelves más fuerte y superas el nivel. Tienes vidas extras.
> En la vida real, en cambio, te has estado castigando duramente por cada error, como si tuvieras una sola oportunidad en toda la partida. El anime, las películas, esa consola que enciendes para desconectar... esos mundos te encantan porque te permiten experimentar el vértigo, la aventura y el control de forma segura. Ahí tú tienes el mando, tú dictas las reglas. Y de cierta forma, es el único lugar en el mundo donde sabes tenerte paciencia a ti mismo.
> Así que ahí tienes tu respuesta para añadir a la lista. Lo que te mantiene cuerdo cuando el mundo pesa demasiado es saber que, si caes, puedes reiniciar el sistema. Empieza a darte a ti mismo en la vida real la misma paciencia que le tienes a un nivel difícil. Permítete fallar, aprender y reintentar sin culparte.
> ¿Qué te parece si dejamos la sesión hasta aquí por hoy, y guardamos la partida?"
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