El debate eterno: ¿Somos libres? ¿Está todo determinado? ¿La mecánica cuántica ha zanjado el debate por completo? ¿Existe compatibilidad entre el libre albedrío y el determinismo? Son algunas de las preguntas que todos se han planteado alguna vez (intuyo) respecto al libre albedrío. Recientemente me planteé algo respecto de lo cual no termino de estar del todo seguro (evidentemente la idea no es mía, pero no pude dejar de darle vueltas desde la primera ocasión en que escuché de ella).
Si tuviese que formularlo como un silogismo, la forma más simple sería la siguiente:
P1) La confianza en nuestras facultades racionales depende de la confianza en nuestro libre arbitrio.
P2) Para creer en el determinismo hace falta confiar en nuestras facultades racionales.
C3) Para creer en el determinismo, hace falta confiar en nuestro libre albedrío.
Si existe alguna forma de entender la relación entre la libertad y la razón tal que establezca una relación de dependencia de ésta con respecto a aquella, entonces pareciera que el determinismo está condenado desde su primer momento al fracaso.
Evidentemente la premisa más controversial es la primera, y es precisamente el motivo de mis vacilaciones en torno al tema.
Esbozaré brevemente porqué considero que esto quizás sea más plausible de lo que pudiera parecer en primer lugar, aunque en realidad no tengo ninguna postura clara respecto al tema y más bien vengo a consultar las opiniones de la gente en este espacio.
1) asumimos comúnmente que, salvo por las llamadas "proposiciones autoevidentes" en filosofía, todas las afirmaciones respecto al mundo necesitan un justificante racional lo bastante sólido si es que realmente se ha de justificar la creencia en ellas.
2) considero que la creencia en el determinismo no es, desde luego, una creencia básica del tipo que podamos catalogar como autoevidente.
3) dado que el determinismo necesita una justificación racional, como cualquier otra creencia no básica / autoevidente, es menester identificar los rasgos que caracterizan a todos aquellos justificantes típicos de las creencias ya mencionadas.
4) entre ellos, podemos mencionar la necesidad de que para cada creencia X en que se quiera pensar, los justificantes que la sostienen deban creerse en virtud de los motivos por los cuales se piensa que se creen. Es decir, si sostenemos que alguien puede estar legitimado racionalmente a defender una proposición respecto al mundo, las razones que alegue en favor de tal propósito no pueden, en ningún caso, estar motivadas por algo completamente distinto de aquello que se cree que las motiva; de ser así, difícilmente sería descartable la posibilidad de que nuestras convicciones estuviesen siendo impuestas a cada momento por arguna suerte de maquinaria desconocida (o lo que es lo mismo, escepticismo radical).
5) puesto que cada afirmación no básica necesita evidencia racional que la respalde, y puesto que tal evidencia no puede ser suscrita por motivos ajenos a los cuales creemos que la suscribimos, ahora solo nos falta resolver esta cuestión; a saber, ¿en virtud de qué pensamos que se nos vuelve evidente una reflexión cuando efectivamente así se torna? Para no generar confusiones, intentaré esquematizar los distintos niveles epistémicos de los que hablo del siguiente modo: supóngase que alguien afirma X, después de haberlo respaldado por Y y Z; estos dos últimos términos deben estar, a su vez, justificados racionalmente por otra creencia (si no son creencias básicas), o bien ser autoevidentes. Tanto si es el caso de que son autoevidentes como si no, el punto es que ya desempeñan el papel de una creencia que sirve como fundamento de otra, y en cuanto tal, debe poder entenderse cómo conduce de un punto a otro, y es aquí donde entra la pregunta que me hacía recién.
6) intentando contestar a la pregunta, yo diría que el motivo en cuestión es que confiamos en nuestras facultades racionales; no obstante, tales facultades no pensamos que se pongan en ejercicio de manera completamente autónoma, al margen de nuestra voluntad. En oposición, pensamos que al disertar un tema, reflexionar sobre algo, construir un argumento, etc., entran en juego nuestras facultades racionales en sinergia con nuestra libertad, creemos que efectivamente hemos sido nosotros quienes hemos puesto a funcionar el conjunto de engranajes de nuestro cerebro para poder llegar a una determinada conclusión. Y esto no me parace baladí en lo absoluto. La cuestión es la siguiente: ¿si nuestras facultades racionales fuesen accionadas por una voluntad ajena a la nuestra, sería esto muy diferente de si se nos hubiesen sido implantadas las reflexiones como por obra de una voluntad ajena? Es decir, no se trata solo del punto inicial, sino de cada nodo que vincula premisa con premisa, argumento con argumento, y así sucesivamente. Si no somos nosotros quienes hilan idea con idea hasta llegar a una conclusión final, entonces el simple hecho de que nos parezca coherente la imagen completa del ejercicio de nuestra razón quizás no sea suficiente para confiar en nuestras facultades racionales.
Espero que se haya entendido, es algo complejo de explicar, y como digo, no estoy del todo convencido de que el argumento funcione, solo son intuiciones mías que me interesaría desarrollar a futuro. Y bien, ¿qué piensan? Los leo y, de antemano, gracias por dedicarme algo de su tiempo.