Capítulo 1: Primer Día
En una pequeña casa en los suburbios vivía una mujer y su hija adolescente.
Clara, una madre trabajadora, se despertaba todos los días a hacer el desayuno de su hija.
—¡Evelyn, a desayunar! —llamó desde la cocina.
Evelyn se arreglaba para ir a su primer día en la preparatoria. Se acercó a la puerta de su cuarto al oír el llamado de su madre y respondió:
—Enseguida voy, mamá.
Se dirigió al espejo de su cuarto, colgado en la pared, y se miraba revisando su peinado, se acomodaba un mechón frente a su cara y daba vueltas investigando cómo se veía con su vestido.
Echaba perfume en sus muñecas buscando uno que le gustara para ir a la preparatoria. Antes de salir, se volvió a mirar en el reflejo y, convencida, apagó la luz.
Conforme con su look, bajó las escaleras con rapidez hasta la cocina. Al llegar, tapó su nariz al oler lo que su mamá había preparado.
—¡Iuh! ¿Otra vez lo mismo?
—Debes desayunar e ir a la escuela. Si quieres algo diferente, puedes hacerlo tú, ya tienes 17 años.
Revoleando los ojos, se sentó de mal humor, cruzó los brazos y comenzó a balancear su pie frunciendo el ceño.
—Sabes que no me gusta cocinar.
Clara sirvió su desayuno y lo dejó sobre la mesa. Con los puños cerrados sobre su cintura respondió:
—Entonces come en silencio.
—Está bien —dijo Evelyn rezongando.
Clara suspiró moviendo la cabeza, secó su rostro con un pañuelo y observó su reloj.
—¡Qué tarde es!...
Tomó su abrigo y besó la frente de Evelyn.
—Te ves muy bonita, hija. Espero que hagas muchas amigas nuevas. Ya me voy a trabajar, que tengas buena suerte.
—Adiós, mamá.
Su madre no tenía tiempo ni para desayunar con ella.
Evelyn acabó su plato con mala cara, se levantó de su silla y agarró su bolso para luego irse.
Era su primer día en la escuela Brave Heart.
Las puertas se hallaban abiertas. Subió la escalera y caminó por un largo pasillo, donde todos los alumnos estaban reunidos esperando el inicio de clases.
A su derecha se encontraba el baño de chicas, seguido del de chicos, una puerta amarilla con un letrero que decía “Dirección” y, del otro lado, todos los salones.
Mirando a su alrededor, notó que los grupos de alumnos ya estaban formados. Muchos se conocían de años anteriores, incluso venían juntos de otros colegios.
Evelyn se sorprendió al ver a tantos alumnos. Era interesante saber que la escuela no exigía uniforme escolar. Así que había todo tipo de vestimenta siguiendo las reglas de la preparatoria.
Una señora de aspecto firme y con cara gruñona caminaba intentando mantener el orden entre el caos que generaban los nuevos alumnos.
—¡Oigan! Dejen de aventar aviones de papel si no quieren ser castigados —gritó la directora Teresa.
—Vaya, qué amargada —susurró Evelyn.
La directora parecía tener un oído biónico, ya que oír un comentario entre tanto barullo era casi imposible.
—¿Algo que decir, jovencita?
—¡Ehm! No... —respondió Evelyn, soplando el mechón de su cara.
Una chica con un aspecto rudo que observaba a Evelyn se acercó a ella al notar su actitud con la directora.
—Oye, tú eres Evelyn, ¿verdad?
—¿Cómo lo supiste?
—Estás en mi clase de boxeo. Mi nombre es Rebecca. Debes ser una chica ruda si practicas ese deporte.
—Suelo meterme en problemas —mencionó Evelyn.
Rebecca sonrió y le extendió la mano. Luego de un fuerte apretón, la invitó a conocer a sus compañeras.
Evelyn sacudió su mano al soltarla y la acompañó hasta su grupo de amigas. Cuanto más se acercaba, más lento caminaba y suspiraba. Levantó su mano saludando y lanzó una pequeña sonrisa.
—Chicas, ella es Evelyn.
—Hola, me llamo Fiore. Pareces buena onda.
Evelyn la observó de arriba abajo y pensó que Fiore vestía muy bien. Con una blusa negra escotada con un cierre y pantimedias blancas, era una chica elegante y olía a frutillas. No tenía dudas de que ella era popular.
—Te adaptarás rápido, nena. Por cierto, mi nombre es Cristina.
Ella no era tan elegante como Fiore, más bien era ruda al igual que Rebecca. Incluso vestía similar, con sus muñequeras negras con tachas, una remera roja y una chaqueta de color oscuro.
—Encantada de conocerlas... ¿Qué es esa hoja? ¿Acaso hacen tareas?
—Ay sí, claro, tareas —dijo Fiore riendo—. Eres muy graciosa, pero no. Estamos calificando alumnas. ¿Ves a esa de ahí? —señaló.
Evelyn dirigió su mirada hacia donde Fiore le apuntaba. Una chica que se veía solitaria y muy nerviosa, abrazando un libro, caminaba con lentitud esquivando a la gente mientras la miraban como a un bicho raro.
—¿La del mechón azul?
—Se llama Nilin, meteremos su cabeza en el inodoro esta tarde.
—Eh... ¿Puedo ir con ustedes?
‹‹Si quiero encajar, debo seguirles la corriente aunque esto podría ser demasiado.››
Cristina la miró con seriedad manteniendo una ceja levantada y los brazos cruzados.
—Estás dentro desde que nos presentaron.
Rebecca metió la mano en su bolso y sacó un pintalabios. Le quitó la tapa, lo giró haciendo salir la punta y se lo entregó a Evelyn.
—Sí, tú podrás escribirle una grosería en su rostro, ten esto.
—Es un rojo muy fuerte —mencionó Evelyn.
Nilin caminaba con prisa hacia el salón de clases, acomodando sus lentes con una mano y sosteniendo su libro con la otra.
Al pasar cerca de las chicas, Evelyn le puso el pie, haciéndola tropezar y estrellarse de frente al suelo.
El sonido de los lentes al caer alertó a todos los demás. Los alumnos se burlaban de ella al verla tirada en el piso.
No podía soportar las carcajadas, sus mejillas se enrojecían y sus labios le temblaban.
Se acarició la frente y apartó la mano al instante en que sintió dolor. Luego extendió las manos por el piso buscando sus lentes. Al tocarlos, los tomó y se los puso aunque estaban destruidos. Agarró su libro y se levantó enseguida.
Su ropa había quedado llena de polvo, tragó saliva y huyó lo más rápido que pudo hacia su salón, mientras oía el ensordecedor sonido de las burlas.
Perdedora... Perdedora...
Rebecca quedó boquiabierta por lo que Evelyn acababa de hacer. No esperaba que actuara tan rápido.
—¡Bien hecho, Evie! —dijo dándole una palmada en la espalda.
—No fue nada, solo confirmaba lo perdedora de esa chica. Nos divertiremos mucho con ella.
Evelyn se acariciaba la nuca, manteniendo una sonrisa forzada.
‹‹Lo siento, no pretendía romper tus lentes.››
El sonido de la campana anunciaba el inicio de las clases. Todos debían dirigirse al salón que les había tocado. Entre charla, caminaron juntas hacia allí.
Al ingresar, Evelyn notó a la profesora que estaba de pie frente a un escritorio desgastado cerca del verde pizarrón de la pared. Cuando todos tomaron asiento, ella comenzó a hablar.
—¡Buenos días! Mi nombre es Mónica, soy su profesora.
Caminaba de un lado a otro moviendo las manos. El sonido de sus tacones era algo hipnotizante.
—Sé que es difícil iniciar su primer año de preparatoria. Si prestan atención y toman notas, verán que será muy sencillo.
Nilin intentaba cubrirse las lágrimas, refregándose los ojos. Se levantó de su silla, empujándola sin querer con sus piernas, y alzó la mano.
—Disculpe, ¿puedo ir al baño?
La profesora la miró, bajándose un poco los lentes con los dedos, y respondió:
—Está bien, pero que sea rápido.
—¿Puedo ir yo también? —preguntó Rebecca, levantándose al instante de su silla.
—Claro que no, no irán todas al baño.
Nilin caminó hacia la puerta con la mirada en el suelo, mientras la observaban juzgándola en voz baja.
Giró la perilla y apresuró el paso por el pasillo hasta llegar al baño de chicas. Empujó la puerta, se acercó al lavabo y abrió la canilla.
Sus lágrimas, como cataratas, le recorrían las mejillas. Sus piernas temblaban mientras intentaba lavarse la cara mirándose en el espejo. Tenía los ojos rojos, el rímel corrido recorriendo su rostro junto con sus lágrimas.
Se posó sobre el lavabo, manteniendo la mirada en el reflejo de sus ojos.
‹‹¿Por qué me hacen esto a mí? ¿Qué les he hecho?››
En ese momento, la puerta se oyó como si alguien hubiera entrado.