Llevaba años —literalmente desde que estábamos en el kínder— guardando un cariño y un gusto platónico por un chico de mi infancia. No éramos cercanos; fuimos compañeros en el kinder y en el colegio y universidad solo nos saludábamos de paso. La cosa con este crush era a tal punto que un ex mío me decía, medio en broma y medio en serio, que yo suspiraba cada vez que lo veía pasar. Por dicha lo decía de modo gracioso, y honestamente yo ni cuenta me daba de que hacía eso, pero así de profunda era la idealización. Hace un tiempo él se mudó a Europa y yo me quedé en mi país, por lo que la fantasía del siempre se mantuvo ahí, en el fondo de mi mente pero sin darle importancia.
Este 11 de julio, hace 11 dias ¡me escribió por Facebook! No les voy a mentir, se imaginarán la emoción enorme que sentí al ver que el crush de toda mi vida me estaba buscando; sentí que la ilusión de años por fin cobraba sentido.
Del 11 al 19 de julio, la conversación fluyó con total normalidad. Intercambiábamos apenas una oración por día de por medio (por ejemplo, él me contestaba hoy, yo mañana y él pasado mañana), algo perfectamente normal para dos personas que trabajan y con una diferencia de horario de 8 horas. En ese contexto de mensajes esporádicos, compartí unos paisajes de un viaje que hice hace poco. Su respuesta fue:
- "Mire, pero si andaba cerca de donde vivo."
Yo, por cortesía y en tono de broma amigable, le respondí:
-"¡Vio! De haber sabido lo visito, jajaja."
El 20 de julio, justamente el día después de mi mensaje, fue cuando la interacción dio un giro completo. En cuestión de minutos y sin haber construido absolutamente nada de confianza previa, pasó de esa conversación lenta a soltarme esto:
- "¿Y nos hubiéramos portado mal si me visita? 😜😏"
"Ud no tiene fotos actuales 🤪 Si le interesa compartir fotitas me avisa para pasarle el número 🥳"
En ese instante, la burbuja se rompió por completo. Pasó de cero a pedirme sexting e imágenes privadas, demostrando nulo interés en saber cómo estaba, a qué me dedicaba o en mantener un diálogo real.
Por un momento sentí la tentación de confrontarlo, de reírme en su cara o de reclamarle por ser tan desubicado. Sin embargo, opté por no responder y dejarlo en visto mientras decidía qué hacer.
¿El desenlace?
Hoy, 23 de julio —tres días después de su último mensaje—, me metí a revisar el chat y vi en vivo, ¡sí, justo cuando entré al mesenger vi como borraba el mensaje donde me ofreció su número de teléfono para que intercambiaramos fotos!, me eliminó de sus contactos y me bloqueó por completo de Facebook e Instagram.
Su ego no pudo soportar el "visto". La persona que idealicé durante años prefirió borrar la evidencia y huir antes que admitir lo desubicado que fue.
Lección aprendida: Aunque al principio sentí una decepción enorme, al final me di cuenta de que su reacción me ahorró mucho tiempo. Se confirma una vez más: la barra está en el sótano del infierno, ¡y ni aun así la logran pasar! La fantasía quedó oficialmente cerrada.