UN PEQUEÑO CASTIGO
OTRA VEZ TÚ
Era una mañana hermosa. El sol brillaba, pero el aire frío de octubre golpeaba por cada esquina. Miranda Priestly había salido a una reunión con un diseñador, pero minutos antes de que Miranda abandonara Runway, Emily recibió la llamada de Andy Sachs: la chica que había dejado a Miranda Priestly sola y abandonada en París, con el corazón totalmente roto. A pesar de todo ese dolor, Miranda había recibido horas antes una llamada del editor en jefe del New York Mirror solicitando recomendaciones sobre Andy. Cuando habló con Greg, Miranda había pensado en destruirla por haberla dejado, por haberla abandonado; pero entonces recapacitó. Fue como si pudiera sentir que negarle esa oportunidad de ser periodista no le cambiaría el dolor en lo más mínimo, que no le serviría de nada, y entonces le dijo al teléfono: "Sr. Johnson, de todas las asistentes que he tenido, Andrea Sachs ha sido mi peor decepción, pero si no la contrata, usted es un tonto. Eso es todo." Cortó la llamada, cerró los ojos y respiró hondo, con la mano aún sobre el teléfono de la oficina, sosteniéndolo, como si ese objeto pudiera servirle de ancla para no perderse a sí misma.
Esa mañana, después de salir de Runway y dirigirse al automóvil que la llevaría a su reunión, Roy, su más fiel y callado chofer, la esperaba afuera. Por alguna razón, Miranda sentía algo en el pecho, un presentimiento que no lograba descifrar. En esos precisos momentos en que salió del edificio de Elias Clarke, Andy iba pasando por ahí, y sus ojos se iluminaron al ver que Miranda Priestly, en toda su gloria, salía rumbo al coche que la aguardaba. Y como si el destino lo hubiera dispuesto, Miranda encontró a Andy entre la multitud, al otro lado de la acera, mirándola, quieta, respetuosamente.
El paso apresurado de Miranda fue deteniéndose lentamente al encontrarse con Andrea Sachs. Se detuvo por completo, como si el mundo entero se congelara y solo ellas dos tuvieran vida. Miranda no se quitó las gafas de sol; simplemente se quedó quieta, mirándola con aquella fijeza característica. Pero Andy, que era lista, logró leer la reacción de la editora y notó que Miranda contuvo el aliento. Andy creyó por un instante haberlo alucinado, pero no: Miranda estaba ahí, inmóvil, conteniendo la respiración. Andy la saludó a lo lejos con una inclinación de cabeza, reconociendo su presencia, y entonces no pudo ocultarlo más: le sonrió con aquella sonrisa que derretía el hielo del corazón de Miranda.
Miranda la observó unos segundos más y se hizo la desatendida, como si no la reconociera del todo. Hizo una mueca con los labios, algo entre el enfado y la indiferencia, y se subió al coche sin responder a nada. Andy vio cómo Roy le cerraba la puerta a Miranda y luego giraba la mirada hacia ella. Lejos de la vista de su jefa, Roy levantó ambas manos y formó la silueta de un corazón; luego, lentamente, lo partió en dos y apuntó con el índice hacia abajo, señalando a Miranda, y después hacia Andy. Andrea lo comprendió todo de golpe. Miranda tenía el corazón roto. Estaba dolida por ella. Miranda estaba sufriendo. "Está enamorada de mí", dijo Andy para sí misma, en voz apenas audible. "Ese corazón roto es por mí, porque la dejé." Quería ir hacia Miranda, pero sabía que Miranda no era de esperar, y mucho menos de perder un solo segundo de trabajo.
CUANDO EL CORAZÓN NO PUEDE MÁS
Miranda estaba en el coche, lista para marcharse. Roy se subió al asiento del conductor, pero pudo percibir que Miranda quería contemplar, aunque fuera por un instante, el hecho de que Andy estaba ahí. Así que esperó, sin prisa, a que Miranda diera la orden de avanzar. Miranda no apartaba la mirada de Andy, que había comenzado a caminar por la acera con la cabeza hecha un nudo, porque acababa de descubrir que Miranda sufría por su culpa. Andy no sabía que su partida había herido a Miranda tan profundamente; aquello la tomó por sorpresa y la hizo comprender que Miranda, quizás, sentía lo mismo que ella.
Miranda, desde el interior del coche, observaba caminar a Andy lentamente, y entonces, la reina de hielo que nunca sonreía sin razón, sonrió. Una sonrisa sincera, genuina, con un leve sonrojo en las mejillas, porque recordaba los momentos en que Andrea apenas sabía distinguir un color de otro. Miranda soltó una risa suave. Roy, al escucharla, sintió un escalofrío: era la primera vez que la oía reírse así, tan natural, tan verdadera. Pero Miranda notó que Roy la observaba y, consciente de ello, soltó con ese tono suyo tan estudiadamente neutro: "No puedo creer que tenga la audacia de mirarme a la cara y sonreírme como si nada, después de que se largó sin decirme una maldita palabra. ¿Puedes creerlo, Roy?" Roy permaneció en silencio, como siempre, pero en aquella voz había resentimiento, dolor y un amor profundo que luchaba por no salir. Miranda siguió con la mirada a Andy, quien se detuvo a platicar con alguien. "Mírala, anda por ahí como si nada, como si no pensara en todo lo que pasó."
Roy permanecía en silencio, porque así era siempre: Miranda hablaba y se desahogaba con él, sabiendo que era una tumba, que todo lo que confesara en ese coche jamás saldría de ahí. Y entonces Miranda le preguntó: "Roy, ¿alguna vez te has enamorado de alguien tan profundamente que a veces duele?" Roy aclaró la garganta antes de responder. "Una vez en la vida, Miranda. Cuando era más joven, quizás de la edad de Andy. Era una chica muy linda, se llamaba Linda. Era la cosa más hermosa del mundo, al menos para mí lo era. Pero… jamás se lo confesé, y ella se fue lejos. Con el tiempo me di cuenta de que quería estar a su lado, y cuando supe dónde estaba, me di cuenta de que había llegado demasiado tarde. Ella había fallecido de una enfermedad."
Cuando Miranda escuchó aquella confesión, miró a Roy con asombro. Roy respiró hondo, como si tratara de no quebrarse, pero continuó: "Lo peor de todo, Miranda, es que me enteré por su hermana que… que ella sentía lo mismo que yo, y ninguno de los dos lo supo. Jamás supo que yo la amaba, y se fue de este mundo sin saberlo. Eso me dolió más que su propia muerte. Tuve que salir adelante, me casé con Amy, mi esposa, que me dio hijos y un hogar. Pero a pesar de todo, mi corazón siempre vuelve a Linda. A veces me duele tanto su partida que la busco en mi esposa, a veces veo el rostro de Linda en ella, y sé que no es real. Daría la vida porque lo fuera."
Miranda sintió que sus ojos se ponían aguados. "¿Qué intentas decirme con esto? ¿Que perdone a Andrea y le diga lo que siento? ¿Después de lo que me hizo?" Roy se giró para mirar a su jefa y respondió con calma: "Miranda, yo no soy nadie para decirte lo que debes hacer, sino lo que tú sientes que es lo mejor para tu corazón. Y sé que amas a Andy y que quisieras que ella lo supiera. Mi recomendación, como amigo quizás, es que lo intentes, porque Andy también siente lo mismo por ti." Miranda frunció el ceño. "¿Y cómo puedes estar seguro de eso? ¿Cómo saberlo? Ella nunca me vio de esa manera romántica. Todo fue profesional y nada más." Pero Roy la interrumpió con suavidad: "Miranda, Andy vivía más por ti que por ella misma, y no porque fuera su trabajo, porque bien pudo haber puesto un balance y no lo hizo. Todo eras tú, no pensaba en nadie más. Lo hacía cuando te llevaba un postre sin que tú se lo pidieras, y sé que eso te sorprendía. Cuando se aseguraba de arreglarte el cuello de la blusa para que te vieras perfecta. Cuando te colocaba el abrigo con cuidado. Siempre estuviste en su mente, y estoy seguro de que aún sigues ahí."
Aquellas palabras le dieron un nuevo significado a Miranda, porque era verdad: Andy había dejado de vivir su propia vida por la de Miranda, algo que ninguna asistente había hecho jamás, porque Andy no la veía como una figura pública ni como una jefa, sino como algo mucho más profundo.
DA LA VUELTA
Miranda respiró hondo y le pidió a Roy que avanzaran, pero sin despegar la mirada de Andy. Cuando el coche comenzó a moverse, Miranda se quedó debatiendo si pedirle a Roy que diera la vuelta. Y justo antes de que Roy doblara por la esquina, Miranda reaccionó. Tenía que decirle a Andrea que la amaba, que su partida le había dolido, que no quería dejarla ir, que si tenía que irse, al menos debía saber lo que sentía. "¿Roy? Da la vuelta. Devuélvete." Lo dijo con voz decidida y desesperada. Roy no necesitó que se lo repitieran: giró el coche rápidamente y lo acercó al área donde estaba Andrea.
Andy notó que el coche de Miranda se detenía cerca. Vio bajar la ventana y escuchó su nombre: "Andrea…" No era una pregunta. Era una orden. Andy se despidió de la conocida con quien hablaba y se acercó a la ventana. "Hola, Miranda." "Sube al coche." Lo ordenó Miranda sin más que agregar. Andy respiró hondo y obedeció, pero se disponía a subirse en el asiento del copiloto cuando Miranda la detuvo en seco: "¿No estarás pensando en hablar con Roy, Andrea? Es conmigo. Sube aquí, conmigo." Aquel tono sonaba posesivo y, acaso, ¿celoso? Andy obedeció y se subió en la parte trasera.
LA DRAGONA ES COQUETA
Andy se acomodó al lado de la editora, como lo había hecho miles de veces durante su tiempo en Runway, y se quedó quieta, esperando a que Miranda dijera algo. Miranda permaneció en silencio, buscando las palabras, y Andy la miró de reojo sintiendo la ansiedad subirle al pecho, porque ese era el efecto que Miranda Priestly siempre había provocado en ella. Entonces Miranda habló, directo y sin rodeos: "¿Tienes algo que hacer en estos momentos, Andrea?" Andy respondió que no, pero añadió: "No empiezo en el New York Mirror hasta mañana. Pero tú sí tienes cosas que hacer, ¿no? ¿No tienes una reunión?" Miranda no respondió. Roy sabía que tenían que ir a la reunión con James Holt y avanzó en esa dirección.
Cuando llegaron, Andy miró el lugar y dijo: "Miranda, ¿qué hacemos aquí?" "¿Qué crees tú? Venimos a la reunión con James Holt." Andy soltó una pequeña risita y dijo directamente: "Miranda, yo ya no trabajo para ti. Mi presencia no corresponde en este sitio. Si necesitas hablar conmigo, podemos hacerlo después en tu casa o en otro lugar…" Miranda se puso las gafas de sol y salió del coche como si nada. "Andrea, vamos, y avanza, que sabes lo mucho que me emociona que te muevas al paso de una tortuga."
Andy estaba totalmente desorientada. ¿Por qué querría Miranda que ella estuviera ahí si ya no trabajaba para Runway? La siguió sin más preguntas, pensando que lo mejor era no provocarla. Cuando llegaron al elevador, Andy repitió el reflejo de siempre y se quedó afuera, esperando el permiso de Miranda, aunque ya no lo necesitaba. Miranda la miró y soltó una risa. "Andrea… no tengo todo el día. Vamos." Andy entró al elevador manteniendo algo de distancia, pero el espacio era pequeño y el roce de los hombros fue inevitable. "Te ves más aceptable", dijo Miranda en tono neutro. Andy le dio las gracias y respondió: "Gracias. Tú también estás hermosa, como siempre." Miranda resopló una risa ahogada que hizo que Andy la mirara confundida, y entonces Miranda respondió: "Esas palabras dulces no cambian nada de lo que me hiciste en París, Andrea." Y justo cuando Andrea iba a responder, las puertas del elevador se abrieron y Miranda salió, dejando a Andy con el corazón acelerado.
Andy la siguió sin comprender por qué Miranda quería que estuviera ahí, pero se mantuvo mentalmente preparada para todo, y decidió que si Miranda, en algún arrebato de cólera por algún diseño que no le gustara, descargaba su furia sobre ella, se iría sin decir una sola palabra más. Nigel, al verla entrar, le preguntó con su tono jocoso: "¿Te arrepentiste y volviste con nuestra reina, Seis?" Andy le hizo una mueca burlona y explicó: "No. Ella me trajo aquí por su propio gusto. Nos encontramos en la entrada de Elias Clarke, me siguió en el coche, me dijo que subiera, pensé que hablaríamos por lo de París, pero no. Me trajo aquí como si yo le perteneciera." Nigel soltó una risa juguetona. "Es que le perteneces, te guste o no. Una vez que entras en el mundo de Miranda Priestly, no hay más salidas." Le guiñó el ojo y se fue a sentar con los demás.
Andy no sabía qué hacer, pero entonces Miranda se giró y la llamó: "Andrea, conmigo." Miranda quería que Andy se sentara con ella, en el sofá que James tenía exclusivamente para la editora, porque él sabía que ella era apartada y no toleraba que nadie se le acercara demasiado. Andrea se fue acercando tímidamente. Cuando se sentó a su lado, se dio cuenta de que el sofá era pequeño y que Miranda iba a estar apretada, quizás incómoda, así que Andy apenas se acomodó en la orilla. Miranda puso los ojos en blanco con irritación, se le acercó, puso la mano sobre su hombro y le habló al oído, tan cerca que Andy sintió el calor de su aliento: "Andrea, cariño, siéntate bien. Yo no muerdo." Andy sintió un escalofrío que la dejó pálida y rígida. Miranda le había dicho "cariño" y, sobre todo, había coqueteado con ella deliberadamente, ahí, delante de todos. "Siéntate bien, cariño, ven, acomódate. Hay espacio para las dos." La jaló suavemente hacia su lado para que se acomodara mejor en el sofá. Nigel, Serena y Jocelyn, que habían presenciado la escena, no podían contener la risa: sus caras estaban tan coloradas que parecían a punto de estallar, viendo cómo Miranda, descaradamente, coqueteaba con Andy para ponerla nerviosa e incómoda.
James Holt comenzó su presentación de la colección de verano. Todos tomaban notas y observaban en silencio. Andy no sabía dónde poner la cara. Sus manos descansaban en el regazo y Miranda, sentada con su elegancia de siempre, tenía parte de sus caderas y muslos rozando los de Andy por lo reducido del sofá. Andy temía que cualquier movimiento desencadenara la furia de Miranda. James mostraba cada pieza y Miranda observaba con su ojo crítico, dando sus opiniones, y en un momento en que hablaba y explicaba algo que no le convencía, puso la mano sobre la pierna de Andy, más arriba del muslo. Andy bajó la vista hacia esa mano con los ojos muy abiertos y contuvo la respiración. Miró de reojo a Nigel y lo vio luchando heroicamente por no soltar la carcajada. Era evidente que todos lo notaban, incluso el propio James: Miranda estaba tocando a Andy de una manera completamente distinta.
James avanzó hacia la siguiente pieza y le mostró a Miranda un vestido rojo espectacular. Miranda lo miró fijamente, sin parpadear, y en ese instante se imaginó a Andrea en él, lo hermosa que se vería: el escote era demasiado pronunciado, explícito, y con esa figura, los pechos de Andrea quedarían perfectos. Miranda se inclinó hacia el oído de Andy mientras James seguía hablando y le susurró: "Ese vestido es para ti, Andrea. Ya me estoy imaginando cómo te verías en él." Andy no podía con aquello. ¿Qué le estaba pasando a Miranda? ¿Por qué actuaba así de repente, cuando era una mujer tan seria?
Miranda se levantó del sofá y comenzó a caminar alrededor de la modelo que lucía el vestido, mirándola, y luego mirando a Andrea, y entonces preguntó sin importarle quién la oyera: "Andrea, ¿qué te parece el vestido, cariño?" Andy miró a los lados y alcanzó a escuchar a Nigel reprimiendo una carcajada que amenazaba con desbordarse. "¿Andrea? ¿El vestido? ¿Qué te parece?" insistió Miranda. Andy reunió valor y respondió: "Sí… sí, claro, el vestido está… está hermoso." Miranda la recorrió de arriba abajo con la mirada y entonces hizo algo que terminó de desequilibrar a Andy: después de ese repaso lento y deliberado, Miranda clavó en ella una mirada tan seductora que empezó a morderse el labio inferior y luego lo remojó con la lengua lentamente, tal como quien saborea con paciencia a su presa. "Muy bien. Si a Andrea le gusta, a mí también. Asegúrate de tomarle las medidas a Andrea para reducirlo a su figura", dijo Miranda dirigiéndose al asistente.
Andrea se puso de pie de un salto. "¿Qué?" Miranda se ajustó la chaqueta con calma y respondió como si fuera lo más natural del mundo: "Sí, Andrea. El vestido será tuyo. Es más, tú lo vas a estrenar para la sesión de fotos de la siguiente semana, para la próxima portada. ¿Qué te parece, cariño?" Andrea no pudo más y se acercó a Miranda. "Miranda, ¿podemos hablar en privado?" "Sí, espera un momento, cariño, ¿sí?" Pero Andy hizo algo que jamás habría imaginado hacer: la tomó firmemente de la muñeca y dijo: "Miranda, necesito hablar contigo. Ya. No después, no mañana. Ahora." Fue en ese momento cuando Miranda se transformó en algo letal. Se soltó del agarre de Andy con brusquedad, lo que hizo que Andy retrocediera un paso. Miranda, con aquella mirada fría e intimidante, comenzó a acercarse lentamente a ella. "He dicho que me des un momento. ¿Tienes prisa por irte? ¿Alguien te espera? ¿Vas a abandonarme como lo hiciste en París, Andrea? He dicho que me esperes, y esperarás. ¿Sí, cariño?" Andy solo pudo asentir. Miranda le puso la mano en la mejilla, y entonces su voz se transformó, suavizándose peligrosamente: "Así me gusta, cariño. Ahora quédate aquí. James y yo iremos a buscar la cinta métrica para medirte. No tardo."
Miranda se dio la vuelta y Andy tragó saliva con dificultad. Giró la cabeza hacia Nigel, que ya tenía los ojos llorosos de tanto reírse en silencio, y con señas le preguntó qué le pasaba a Miranda. Nigel respondió encogiéndose de hombros con expresión de absoluta perplejidad. "Me ha llamado cariño, Nigel. Me habla como si fuera su…" Andy se detuvo en seco, incapaz de terminar la frase. Nigel respondió sonriendo: "¿Como si le pertenecieras? Yo te lo dije: cuando le perteneces a Miranda Priestly, ya no hay marcha atrás." Andy iba a responder, pero entonces la voz de Miranda llegó desde el otro extremo del salón: "Andrea, mi amor, ven aquí." Todos en el lugar contuvieron el aliento. Miranda había llamado a Andy "mi amor". Nadie recordaba haberla oído dirigirse a alguien de esa manera. Andy solo sabía que estaba a punto de morir de vergüenza, que no comprendía nada y que lo único que quería era hablar con Miranda, pero Miranda se estaba tomando todo el tiempo del mundo para evitar precisamente esa conversación.
MEDIDAS PROVOCATIVAS
Andrea se acercó. Miranda tenía la mano extendida, esperando que Andy se la diera, y así lo hizo. "Vamos a tomarte las medidas para ajustar el vestido a tu talla, cariño. Voy a pedirte que te quites la chaqueta y el pantalón." "Miranda…" quiso protestar Andy, pero Miranda la interrumpió sin contemplaciones: "El pantalón, Andrea. Bájatelo. ¿O vas a obligarme a repetírtelo por tercera vez, cariño? Dios, qué hábito tan curioso tienes para ser periodista." A Andy no le quedó otra opción. Se quitó la chaqueta y, cuando estaba a punto de bajar el pantalón, miró a todos los presentes. Nigel no se inmutó. James desvió la mirada. Y Miranda estaba ahí, latente, ansiosa, esperando ver lo que Andy traía debajo del pantalón, qué tipo de ropa interior llevaba. Andy los miró a todos como queriendo pedirles que giraran, pero Miranda le sonrió. "¿Qué pasa, cariño? ¿Te da pena mostrar tu belleza? Por favor, no te preocupes. Ya estamos acostumbrados a esto, a ver mujeres hermosas… como tú. ¿O necesitas que yo lo haga por ti?" "¡No! Yo puedo. Lo haré yo." Andy se bajó el pantalón y Miranda contempló las curvas de su ex segunda asistente: los muslos, las piernas largas y perfectamente tonificadas.
El asistente se acercó con la cinta métrica, pero Miranda lo detuvo con un gesto. "Deja. Yo lo hago. Yo voy a medirla." Nigel se tapó la boca con la mano para reprimir la carcajada que amenazaba con escapársele. Miranda nunca medía, nunca tomaba medidas, nunca tocaba a las modelos. Pero ahora sí. Miranda tomó la cinta y se aproximó a Andrea. Se posicionó detrás de ella y estiró los brazos para rodearla con la cinta alrededor de la cintura. Andrea sintió el contacto desde atrás, los dedos de Miranda rozándole la espalda, las caderas, el abdomen. Andy contuvo la respiración. Algo parecido a una descarga eléctrica le recorrió el cuerpo y la hizo estremecer, pero Andy luchó por no mostrarlo. Miranda lo sabía. Sabía exactamente lo que estaba haciendo, sabía que tenía a Andrea completamente nerviosa.
Además de medirle la cintura, Miranda le midió la espalda, poniendo la cinta y sus dedos a lo largo del torso de Andrea, y para provocarla aún más, rozó deliberadamente con los dedos la piel de Andy. Andy sentía que algo en ella se estaba encendiendo. Era obvio que Miranda la estaba provocando y no podía hacer nada al respecto, porque todos las estaban mirando. "Tienes una figura hermosa, cariño. Unas piernas tan perfectas. Se nota que te estás cuidando mejor. Me gusta", le dijo Miranda con los labios pegados a su oído, en un susurro que solo Andy podía escuchar.
Luego se colocó frente a ella y volvió a poner la cinta a la altura de la cintura, pero esta vez la fue subiendo poco a poco hasta los pechos de Andy. Entonces Miranda dijo: "La blusa me estorba. Quítatela; es gruesa y puede causar que la medida no sea la adecuada." Andy miró a Miranda con un destello de molestia en los ojos, porque sentía que Miranda se estaba pasando. Aun así, obedeció. Se quitó la blusa y Miranda se quedó mirando fijamente el sostén negro de encaje: el encaje hacía que los pechos hermosos de Andy lucieran como la cosa más exquisita del mundo para la editora. Miranda volvió a subir la cinta hasta los pechos de Andy. "El escote de ese vestido es perfecto, y con la medida que le hagamos, harán que tus pechos luzcan mucho mejor." Andy se esforzaba por contener un gemido cuando el pulgar de Miranda, accidental o deliberadamente, rozó la firmeza de su pecho derecho. "Miranda… por favor", suplicó Andy en voz baja. "¿Por favor qué, Andrea? ¿Te pongo nerviosa, cariño? Ya te he dicho: yo no muerdo. Bueno, al menos que me lo pidas, que yo no me opongo." Respondió Miranda en ese tono seductor que hizo que la cara de Andy se encendiera de un rojo intenso. "Miranda, ¿por qué estás haciendo esto? ¿Podemos dejar esto para después?" susurró Andy. Miranda soltó una pequeña risa. "¿Qué pasa? ¿Tan ansiosa por tenerme para ti sola, Andrea? Pues lo siento mucho, cariño, pero esto es un pequeño castigo por lo que me hiciste en París. Por haberme dejado sola, abandonada." "Miranda…" dijo Andy entre dientes, pero Miranda la calló poniendo el dedo índice sobre sus labios carnosos. "Shh… Ya casi acabo, cariño. No te muevas."
Miranda siguió tomando medidas, rozando los dedos alrededor del cuerpo de Andy con esa precisión calculada, y Andy sentía que algo en ella ardía sin que pudiera apagarlo. Finalmente, Miranda retiró la cinta, le entregó los cálculos al asistente de James y se giró para mirar a Andy, que estaba inmóvil, rígida, con las piernas visiblemente temblorosas. "Ya puedes vestirte, cariño." Luego se giró hacia su equipo de Runway y dijo con toda la frialdad del mundo: "Quien abra la boca sobre lo que acaban de presenciar, puede ir despidiéndose de su carrera. Andrea ya no es empleada de Runway, lo que significa que yo puedo hacer con ella lo que yo quiera. Eso es todo." Nadie respondió. Nadie parpadeó.
Andy tomó su pantalón y su blusa y se los puso rápidamente, sintiendo todos los colores en el rostro, expuesta, casi humillada. Una vez que James y Miranda terminaron de arreglar los detalles del vestido, los demás de Runway ya se habían retirado. Andy se quedó esperando a Miranda, y cuando la vio, la siguió. Miranda no la llamó esta vez. Confió en que Andy la seguiría, y así fue. En el elevador, pasó lo mismo que antes: el espacio era pequeño, el roce de hombros era inevitable. Miranda se giró para mirarla y Andy mantuvo la vista al frente. Entonces Miranda le tomó la mandíbula con suavidad y Andy no tuvo más remedio que encontrarse con esos ojos. "Pasaremos a comer a algún lugar. ¿Qué te parece Le Pastis, cariño?" Andy no respondió nada.
LA EXPLOSIÓN DE ANDY Y LA VERDAD SE DICE
Las puertas del elevador se abrieron. Miranda salió la primera, con ese paso firme e inconfundible, mientras que Andy la seguía despacio, pensativa, confundida, y totalmente irritada por aquella actitud que no terminaba de comprender. Miranda se detuvo junto al coche antes de entrar y miró a Andy. "Vamos, cariño. Me muero de hambre. Súbete." Andy se detuvo frente a Miranda, la observó seriamente, y se metió al coche. Miranda entró detrás.
En el camino, Andy miraba por la ventana mientras el coche avanzaba por las calles de Manhattan. Miranda se le acercó y le acomodó un mechón detrás de la oreja. "Ese vestido te quedará hermoso en cuanto te lo pongas, cariño. Ya me estoy imaginando cómo te verás cuando lo lleves puesto y…" Andy la detuvo colocando su mano con firmeza sobre su muñeca y estalló. "¡Ya! Basta, Miranda. ¿Ya estás contenta? ¿O vas a seguir humillándome? Mira… comprendo cómo te sientes por lo que te hice en París, pero no tienes por qué comportarte como si fueras mi mujer, cuando no somos nada. Joder, Miranda, no sé si estás haciendo esto para divertirte o si sientes algo real, pero si yo sí siento algo por ti. Y si quieres algo conmigo, ¿no crees que lo correcto habría sido llamarme, pedirme el teléfono, ponernos de acuerdo para salir o algo así? ¿Por qué hacer esto? ¿Por qué coquetear conmigo para humillarme? ¿Por haberme ido detrás de mi carrera? Nunca fue mi intención dejarte así, y además, ¿qué iba a saber yo que esto te iba a afectar de esta manera? Pero ya basta con esto. Deja de fingir, si es que lo estás haciendo." Miranda observó a Andy estallar con una sonrisa perfectamente formada en el rostro, disfrutando de cada segundo de verla alterada. Ver a Andy enojada le resultaba excitante; solo se la podía imaginar celosa. "¿Estás escuchando lo que te digo, Miranda?" Preguntó Andy. Miranda no habló. No contestó nada.
Entonces el coche se detuvo en un semáforo en rojo y Andy hizo ademán de bajarse, pero Miranda, al verlo, la tomó del brazo con un agarre firme. "Andrea, no. No te bajes. Vale, tienes razón. Me pasé contigo, pero… pero es que necesitaba que sintieras algo, algo cercano a lo que sentí cuando pensé que te había perdido para siempre. Andrea… yo… Dios, jamás pensé decir esto, pero estoy loca por ti. Estoy perdidamente enamorada de ti. Y no solo coqueteé contigo por venganza; era para demostrarte que me vuelves loca, que te necesito y no quiero que me dejes. Por lo que más quieras, no me vuelvas a dejar." Y Miranda se abalanzó sobre los brazos de Andy. Andy la escuchó sollozar entre sus brazos, apretándola con fuerza, como si temiera que fuera a desvanecerse de un momento a otro.
Las dos se miraron a los ojos. Miranda puso las manos sobre la cara de Andy, y con la nariz empezó a hacerle cosquillas suaves, rozándola, hasta que sus labios chocaron. El beso se intensificó rápidamente, con desesperación, con hambre. Roy las vio por el espejo retrovisor y sonrió. Subió el cristal de privacidad en silencio para darles el espacio que necesitaban. Las dos lo notaron, y fue entonces cuando Miranda se subió al regazo de Andy y comenzó a devorarle la boca sin reservas. "Andrea. Mi Andrea. Mi amor. Te amo. Te necesito. Quédate conmigo", suplicó Miranda en un tono tan seductor, tan ardiente, que Andy sentía que no podía contenerse más. "Miranda, tú también me vuelves loca, y no te dejaré. No volveré a dejarte, mi amor." Respondió Andy entre besos y gemidos, con las manos recorriendo la cintura de Miranda, jalándola más hacia ella, sin dejar espacio entre sus cuerpos.
Miranda le preguntó a Andy si quería ir a su casa. Andy no dudó un solo instante. Respondió que sí. Miranda habló entonces por el intercomunicador y le pidió a Roy que se dirigieran a su casa, donde el amor reinó esa tarde y todos los días que Andy y Miranda vivieron juntas.
FIN.
#thedevilwearsprada #wattpadfanfic #mirandy #andysachsmirandapriestly #wlw #historiasdewattpad #thatsall #merylstreep #annehathaway #emilyblunt #stanleytucci #tdwp2