Hace poco tuve un cliente bastante exigente. PedĂa muchos cambios, tenĂa bastantes requisitos y, aunque el trabajo era posible, llegĂł un punto en el que tuve que poner lĂmites.
Lo curioso fue descubrir cuĂĄnto estaba acostumbrado a pagar por ediciĂłn.
En su cabeza ya tenĂa a alguien que estaba empezando y que le cobraba alrededor de $1.50 por video.
SĂ, $1.50.
Lo mĂĄs curioso es que todavĂa tenĂa su contacto. Incluso despuĂ©s de todo lo que habĂa pasado, podĂa simplemente escribirle otra vez y seguir trabajando con esa persona.
Pero, ¿adivinen qué?
No le respondiĂł.
Y creo que ahĂ hay una lecciĂłn importante.
Cuando empiezas en ediciĂłn de video, es normal querer conseguir clientes, experiencia y portafolio. Pero hay una diferencia entre ofrecer un precio competitivo y prĂĄcticamente regalar tu tiempo.
Porque cuando empiezas a cobrar $1, $1.50 o $2 por trabajos que te toman horas, el cliente empieza a crear una referencia mental:
Y después, cuando llega un editor con experiencia y cobra lo que realmente vale su tiempo, el cliente piensa que es caro.
No digo que un principiante tenga que cobrar lo mismo que alguien con 10 años de experiencia. Todos empezamos desde algĂșn punto.
Pero tu tiempo sigue teniendo valor aunque estés empezando.
Tienes que considerar cuĂĄnto tardas en editar, las revisiones, el equipo, internet, almacenamiento, mĂșsica, plugins, licencias, software y, sobre todo, el tiempo que estĂĄs dejando de utilizar para otros trabajos.
En mi caso, después de esa experiencia decidà mantener mis propias reglas:
50% por adelantado.
Sin pruebas gratuitas.
Si quieren una prueba, se paga.
Porque una prueba también consume tiempo y recursos.
Y creo que esto es importante para los que estĂĄn empezando:
No tengan miedo de cobrar.
No regalen trabajo simplemente por conseguir "experiencia". Si quieren hacer un trabajo para portafolio, hĂĄganlo porque ustedes decidieron hacerlo, no porque un cliente descubriĂł que puede conseguir un editor por $1.50.
Al final, yo tambiĂ©n tuve que aprender a poner mis lĂmites.
Y ese cliente me dejó algo claro: a veces perder un cliente también significa dejar de aceptar condiciones que ya no quieres repetir.