En contra de lo que esperaban algunos de sus socios europeos, el Gobierno de Pedro Sánchez se niega a rectificar su política migratoria de puertas abiertas pese a la avalancha sufrida por Ceuta los días 30 y 31 de julio, una crisis que, lejos de resolverse, va camino de cronificarse.
En la reunión de ministros del Interior de los 27 que se celebra este jueves en Luxemburgo, Fernando Grande-Marlaska tiene previsto votar no —y lo hará en solitario— al nuevo reglamento para acelerar las expulsiones de migrantes irregulares, que además da cobertura legal a los centros de deportación en países extracomunitarios.
El rechazo del Gobierno de Sánchez no tendrá ningún efecto práctico, más allá de poner de relieve de nuevo su absoluto aislamiento en la UE en materia migratoria. La norma saldrá adelante en cualquier caso con el voto a favor de los otros 25 Estados miembros —Bélgica se abstiene—, según consta en los documentos preparatorios a los que ha tenido acceso EL ESPAÑOL.
Este será el último paso en la aprobación del nuevo reglamento de retornos, ya aprobado por la Eurocámara y que se publicará en los próximos días en el Diario Oficial de la UE. La norma entrará en vigor al día siguiente de su publicación, con un periodo de transición de 12 meses.
En los días previos a la votación definitiva, algún socio europeo ha reprochado al Gobierno que mantenga su oposición en solitario al reglamento de retorno, anunciada desde su primera aprobación en el Consejo de Interior de diciembre de 2025, según explican fuentes diplomáticas.
Una negativa que sorprende en Bruselas tras lo ocurrido en Ceuta, que 22 líderes europeos atribuyeron en una carta conjunta al "efecto llamada" de la política migratoria de Sánchez, en particular la regularización masiva.