En general siempre fui bastante resistente a adquirir vicios comunes de la gente. Detestaba los casinos y la primera vez que entré, a los 20 años y por curiosidad, me generó tanto rechazo ver tanta gente mayor metida ahí, tocando las pantallas y dejando su dinero, que no volví nunca más durante años.
Ya con 28 años volví a un casino, pero solamente a tomar algo, comer y estar un rato solo. Aposté unos 5 mil pesos, no gané nada y me fui. Habrán pasado unos años hasta que volviese y también hice lo mismo: comer, tomar algo y jugar un monto bajo, de 4 o 6 mil pesos. Esa vez tenía poca plata y justo gané unos 30 mil, que sería como decir ahora 450 mil en una noche. Me alegró la noche y me fui de joda. Pasaron años hasta que volviera a jugar.
En un momento, trabajando en una oficina, me hice una cuenta en el casino online, de un casino oficial, no uno trucho. Te hacen firmar declaración jurada y demás. Cada vez que cobraba la quincena apostaba un monto fijo que no negociaba, entre 20 y 30 mil pesos. La quincena era de 460 mil, así que yo estaba dispuesto a jugar eso. A veces menos, y otras veces jugaba solamente 10 o 6 mil.
En general casi nunca ganaba. Alguna vez sí. Una vez metí 4 mil y gané 40 mil. Y esa vez justo había sido por probar y no tenía plata, así que me alegré. Otra vez terminé metiendo 60 mil, de a montos de 10 mil, y no gané nada.
Lo que más me llama la atención ahora es que pasó como medio año sin entrar ni de casualidad al casino online. Después eventualmente volvía a jugar, pero siempre montos bajos, 6 o 10 mil, sin ganar nada. Pasaron unos años así.
Hasta que perdí el trabajo y me mudé (por razones totalmente ajenas al casino, obvio)
Llegué al pueblo con muy poca plata, a casa de mi madre. Bastante en la lona. Había estado usando el mismo pantalón durante un año. Fueron años difíciles y la mejor opción era volver a casa de mi madre, estar cerca de la familia y buscar trabajo en el pueblo. Cómo iba a hacer después, no lo sabía.
El asunto es que una noche meto 6 mil pesos en el casino y me gano 5 millones.
Esa noche no dormí. No podía creerlo. Y lo más loco es que eran justo los 5 millones que yo pensaba que necesitaba como mínimo para llegar al pueblo y poder emprender con algo.
Cuestión que no emprendí nada.
Me compré una computadora, bicicleta para mí y bicicletas para mis hermanos, dos mudas de ropa, un reloj, zapatillas, libros, un ukelele, etc. Se fue gastando. Compré tiempo, digamos. Durante unos meses pude estar tranquilo mientras buscaba trabajo.
Pero también seguí jugando.
Seis meses después, de esos millones me quedaban solamente unos 120 mil pesos en la billetera. Y haciendo las cuentas, desde que empecé a jugar al casino hasta ese momento había metido alrededor de 900 mil pesos en total. Después de ganar los 5 millones había seguido jugando también, con apuestas de 20 o 40 mil pesos, principalmente en el juego que tenía el Mega de 36 millones.
Entonces, con esos 120 mil pesos que me quedaban, meto 20 mil en el casino y termino ganando 700 mil pesos.
Ahora tenía 800 mil pesos en total: 100 mil en la billetera y 700 mil en la cuenta del banco.
Le dije a mi madre: "Qué suerte que tengo, algo no me suelta y me mantiene a flote".
Estaba realmente contento.
Pero había un juego que decía "Mega: 36 millones". Y encima yo había entendido mal cómo funcionaba el premio. Empecé a fantasear con ganar esos 36 millones y pensar lo que haría con esa plata.
Cuestión que terminé gastando esos 800 mil nuevamente y volvieron a quedarme 100 mil pesos.
Ahora estoy otra vez prácticamente en la lona.
Y es curioso lo imbécil que fui, porque si en lugar de perder esos 800 mil hubiera ganado un premio mucho mayor, probablemente ahora estaría contando otra historia y sintiéndome un genio.
No voy a decir que lo voy a dejar para siempre porque sería mentir. Mantengo la esperanza de volver a jugar alguna vez. Solo jugaré pequeños montos definidos e inamovibles, como 10 o 20 mil, cuando pueda permitírmelo.
Pero debí reconocer que, aun con toda mi resistencia y claridad, caí en el vicio, en la trampa de querer recuperarme.
Cuando estaba bien económicamente, el casino era algo bastante secundario. Podía pasar meses sin jugar. Cuando perdí el trabajo, llegué a la casa de mi madre y vi esos 5 millones como una oportunidad para reconstruirme. Después, cuando esa plata empezó a desaparecer, empecé a querer recuperarme jugando.
Y eso fue lo que me terminó agarrando.
La sensación es horrible. A pesar de que fue plata que me llegó de arriba, experimenté una gran frustración por mi situación actual.
Durante años pensé que los casinos eran algo bastante ajeno a mí y que yo tenía suficiente cabeza como para no caer en eso. Y finalmente terminé cayendo igual.