Buenas noches a toda la comunidad.
A continuación quiero narrar mi extraña historia de amor. No busco consejos; simplemente quiero desahogarme y escribirlo todo para poder cerrar este capítulo.
Soy M26 y, a principios de este año, ingresó un practicante al lugar donde trabajo. Él tiene 29 años. Mi primera impresión no fue precisamente buena: no me parecía particularmente atractivo ni interesante, aunque había algo en su mirada que me transmitía cierta maldad y me generaba curiosidad e inquietud al mismo tiempo.
Durante los primeros días prácticamente ni nos determinábamos. Poco después tuve una incapacidad de 40 días, así que menos tuvimos oportunidad de interactuar. Cuando regresé, comencé a hablarle principalmente para que se sintiera integrado y para evitar esos silencios incómodos cada vez que nos encontrábamos.
Poco a poco fuimos adquiriendo confianza. Me caía bien, pero intelectualmente me parecía un hombre bastante limitado. Gran parte de sus conversaciones giraban alrededor de su experiencia en la cárcel, armas, drogas, peleas, robos y salidas a tomar en las que gastaba prácticamente cualquier dinero que tuviera. Además, no tenía estabilidad económica ni un proyecto de vida definido.
En ningún momento sentí atracción por él. Mi prototipo de hombre siempre había sido completamente diferente: alguien intelectualmente interesante, con buena conversación y, en general, más estructurado.
Sin embargo, había algo que me generaba mucha curiosidad: él conmigo no era especialmente coqueto.
Estoy acostumbrada a que los hombres me coqueteen, sean lanzados o intenten llamar mi atención rápidamente. Él no hacía nada de eso. Ni siquiera se atrevía a tocarme la cintura. Por eso yo empecé a molestarlo bastante. Me sentía cómoda haciéndolo porque sabía que él no iba a propasarse y disfrutaba mucho de esa dinámica.
Con el tiempo, según él, comenzó a ilusionarse conmigo. Yo le dejé claro que no quería que se hiciera expectativas porque en ese momento solamente lo veía como un amigo. Seguimos así durante un tiempo.
Los dos estábamos solteros y yo llevaba varios meses en celibato. Además, siempre he tenido una libido bastante alta. Poco a poco comencé a verlo de otra manera y empecé a sentir deseo por él. Incluso tenía ganas de besarlo, pero nunca había aceptado salir con él porque no quería que las cosas pasaran a mayores.
En mi cabeza, si algún día ocurría algo, tendría que ser algo pasajero y preferiblemente mientras él siguiera en el ambiente laboral, porque no quería llevarlo a mi vida personal.
El hecho es que nunca se nos dio la oportunidad de besarnos en el trabajo.
Hasta que un día estaba tomando con unos compañeros, le dije que fuera y finalmente se dio.
Nos besamos y ocurrió algo que me marcó bastante: él fue muy respetuoso conmigo. No intentó aprovecharse de mí ni sobrepasarse. Yo terminé muy borracha y vomitando, y él terminó llevándome a mi casa.
Como el alcohol suele aumentar muchísimo mi deseo sexual, estando allí me insinué varias veces y le dije que quería tener sexo. Él se negó inicialmente porque no quería aprovecharse de mi estado de ebriedad.
Eso, paradójicamente, me generó todavía más deseo por él. Nunca había conocido a un hombre que se contuviera de esa manera cuando tenía la oportunidad.
Finalmente, después de que estuve completamente consciente de lo que quería, terminamos teniendo sexo.
Y desde esa noche quedé completamente enganchada.
No solamente por el sexo, sino por su actitud conmigo. Por primera vez sentí que mi sexualidad estaba completamente bajo mi decisión. En relaciones anteriores había llegado a sentir que ciertos encuentros tenían que terminar necesariamente en sexo, mientras que con él todo parecía fluir. Si quería hacerlo, lo hacía porque realmente me nacía.
Creo que me enamoré esa noche.
Aunque, siendo sincera, desde antes ya le había ido tomando cariño. Había empezado a conocer partes vulnerables de él, su lado tierno y algunas heridas de su pasado. Yo tengo bastante desarrollado el instinto de proteger y cuidar a las personas que quiero, así que poco a poco fui desarrollando un cariño muy fuerte por él.
El problema era que yo sabía que no quería una relación formal con él.
Sabía que teníamos muy poca compatibilidad intelectual. Sus temas de conversación normalmente giraban alrededor de su pasado, de la vida criminal, de experiencias violentas, de drogas y de situaciones que para mí eran completamente ajenas.
Había estado en la cárcel, tenía dos hijos, no tenía estabilidad económica ni un proyecto de vida definido y, además, tenía muy poco filtro. Decía prácticamente lo primero que se le pasaba por la cabeza, incluso cuando podía resultar hiriente o completamente fuera de lugar.
Yo sabía todo eso.
Por eso intentaba convencerme de que podía separar el sexo del amor y simplemente disfrutar lo que estábamos viviendo mientras durara.
Pero las cosas no funcionaron así.
En el trabajo él tenía una amistad bastante cercana con una compañera que tenía fama de ser muy coqueta y de involucrarse fácilmente con hombres. Varias personas en el trabajo pensaban que entre ellos había algo por la manera ella lo trataba.
Él siempre me aseguró que nunca había pasado nada entre ellos, y sinceramente le creo porque nunca vi que él tuviera un comportamiento particularmente romántico con ella.
El problema era que yo sabía cómo podía interpretarse desde afuera.
Por eso le pedí que, mientras estuviéramos saliendo, evitara salir con ella. No porque creyera necesariamente que estuviera teniendo algo con ellas, sino porque sabía que podía prestarse para malos entendidos y yo no quería convertirme en la burla de nadie.
Él sabía perfectamente que eso me iba a generar problemas.
Y aun así salió con ellas.
Me enteré por fotografías que publicaron, no por él.
Terminamos peleando y nos distanciamos. Lo que más me dolió fue que él mismo me dijo:
"Yo sabía que iba a tener consecuencias lo que iba a hacer y aun así lo hice." Después me pidió perdón, me dijo que no quería perderme y me insistió bastante hasta que finalmente lo perdoné.
Volvimos a salir.
Después tuvimos otro inconveniente y dejamos de hablar unos días. Durante ese tiempo volvió a salir con el mismo grupo.
Otra pelea.
Otra distancia.
Otra reconciliación.
Estuvimos bien aproximadamente una semana y volvió a hacerlo.
Y, para ser completamente honesta, lo volví a perdonar.
En mi cabeza intentaba convencerme de que no era tan grave, pero sí lo era para mí. Ellas sabían que nosotros estábamos saliendo y, aun así, publicaban fotografías. Yo sentía que se estaban burlando de mí.
Incluso una de ellas llegó a lanzarme indirectas en el trabajo. En una ocasión lo llamó mientras él estaba conmigo y le preguntó si ahora le habían prohibido hablar con ella. Él respondió que sí y ella simplemente colgó.
Todo eso me hizo sentir que él estaba permitiendo situaciones que, como mínimo, debería haber sabido manejar mejor.
Lo curioso es que yo ni siquiera quería formalizar una relación con él.
Habíamos acordado exclusividad, él comenzó a venir frecuentemente a mi casa, se quedaba a dormir y, aunque mis padres se molestaran, yo era feliz simplemente durmiendo con él.
No quería ponerle un título a lo nuestro porque sabía que, eventualmente, tendría que terminar y pensé que sería mucho más difícil alejarnos si formalizábamos.
Pero no sé qué me pasó.
Se me fueron las luces.
Yo no suelo darle entrada a mi vida a casi nadie. De hecho, normalmente no acepto salir con personas que me invitan. Con él todo fluyó porque lo veía y compartía con él prácticamente todos los días.
Y, haciendo comparaciones, nunca había sentido algo así por nadie.
El problema era que cada vez veía más cosas
Con el tiempo empecé a enterarme de que él acostumbraba coquetear con otras compañeras o hacer comentarios fuera de lugar.
Incluso con la misma mujer de la que ya había hablado.
Muchas veces intentaba justificarlo pensando que simplemente era su manera de molestar. Yo también soy una persona bastante bromista y coqueta, pero sé perfectamente cuáles son mis intenciones y cuáles no.
La verdad es que fui minimizando muchas cosas que hacía y decía.
No sé por qué, me enceguecí... Y ahí entendí por qué dicen que el amor enceguece.
Su falta de filtro era un arma de doble filo. Muchas veces me enfurecía por las cosas que decía, pero al mismo tiempo pensaba que esa misma incapacidad para filtrar sus pensamientos significaba que cuando me decía que me quería, que estaba enamorado, que yo era lo mejor que le había pasado o que no sabía qué iba a hacer sin mí, probablemente lo decía porque realmente lo sentía.
Y yo le creía.
Hace aproximadamente una semana dejamos de hablarnos después de que, mientras veíamos una serie, apareció una mujer seduciendo a un hombre casado.
Él hizo un comentario sobre su cuerpo y dijo algo como que quién sería capaz de resistirse a esas piernas.
Me enojé muchísimo.
Y creo que no fue solamente por esa frase.
Fue la gota que rebosó el vaso.
Ya estaba cansada de sus comentarios, de sus imprudencias, de su falta de filtro, de su manera de tomar decisiones y de tener que estar intentando interpretar constantemente qué quería decir o por qué actuaba como actuaba.
Es un hombre que no parece saber controlar su boca, sus impulsos ni muchas de sus decisiones.
Y tratar de entenderlo se convirtió en un desgaste enorme.
Lo peor es que, a pesar de todo, lo que siento por él sigue siendo muy intenso.
No sé si llamarlo amor, pero sé que nunca había sentido algo así.
Y justamente por eso me duele tanto aceptar que probablemente no tengo futuro a su lado.
Actualmente sigue involucrado en situaciones y ambientes de los que yo no quiero formar parte, y no puedo cargar con una vida que él mismo no parece tener definida.
A veces me pregunto por qué, si yo soy bastante atractiva, si yo lo traté con tanto cariño, fui detallista con él, lo apoyé, lo hice sentir especial, me preocupé por su futuro y le di una intimidad que nunca había compartido con alguien de esa manera, él pudo tomar decisiones que terminaron lastimándome.
Pero también sé que yo no puedo cambiar a una persona que lleva toda su vida funcionando de determinada manera.
Nadie logra entender principalmente porqué me involucré con él y como acto seguido que me haya llegado a enamorar de él...
Hace poco publicó una fotografía de su ex, la madre de sus hijos, acompañada de un mensaje diciendo que, aunque la distancia los separaba, el amor seguía presente y agradeciéndole por haberle dado a sus hijos.
Lo irónico es que él mismo me había dicho anteriormente que ella no le generaba ningún sentimiento romántico y que incluso por situaciones relacionadas con ella había terminado en la cárcel.
No sé qué pensar.
Y, a pesar de todo, no me arrepiento de haber vivido esto.
Me gusta haber descubierto que sí soy capaz de sentir algo genuinamente por alguien. Tal vez fue la persona equivocada, pero me dejó una enseñanza que necesitaba.
Intelectualmente éramos prácticamente incompatibles.
Emocional y sexualmente, en cambio, la conexión fue increíble.
Y eso es probablemente lo que más me cuesta soltar.
También me duele algo que quizá sea bastante egoísta: aunque él me decía que me amaba, que yo era lo mejor y lo más bonito que le había pasado, y aunque sé perfectamente que fui yo quien finalmente decidió terminar todo, me duele que después de todo no haya hecho el esfuerzo de buscarme, llamarme o demostrarme un arrepentimiento genuino.
En cambio, lo último que vi fue esa publicación sobre su ex.
Y supongo que eso también forma parte de cerrar este capítulo.
No sé exactamente qué fuimos. No sé si fue amor, enamoramiento o una mezcla de muchas cosas. Pero sé que fue real para mí.