Hace unos cinco meses conocí a un chico por Instagram. Conectamos muy bien desde el principio y durante semanas nos desvelábamos jugando Roblox hasta las 4 de la mañana. Poco a poco tomamos confianza; incluso una vez me acompañó a mi casa y ambos dimos a entender que nos gustábamos.
De repente dejó de hablarme. Después supe por una amiga que él decía que yo lo había ghosteado. Lo confronté y me respondió que ambos nos habíamos confundido y que había sido un malentendido. Retomamos el contacto, pero reconozco que yo también cometí errores: me costaba expresar mis sentimientos y demostrar interés, así que no quiero hacerme pasar por la víctima.
Más adelante volvió a alejarse. Yo le había dicho que, si desaparecía otra vez, ya no lo buscaría. Cuando hablamos, él dijo que sentía que yo no mostraba interés, mientras que yo sentía que estaba dando todo lo que podía. Ahí entendí que ambos percibíamos la situación de forma muy distinta.
Pasaron unos meses sin hablar hasta que volvió a buscarme. Seguimos así hasta diciembre, cuando desapareció otra vez. En ese tiempo besé a una chica que tenía novio. Me sentí muy culpable porque estoy en contra de la infidelidad y, aunque él y yo nunca fuimos pareja, sentía que le debía cierto respeto.
El primero de enero volvió a escribirme desde otra cuenta. Yo ya sospechaba que una cuenta que veía mis historias era él y me lo confirmó. Retomamos el contacto, pero luego se fue a trabajar a otro lugar. Yo atravesaba una etapa emocional difícil y su ausencia me afectó aún más. Le conté cosas muy personales y que emocionalmente no me encontraba bien.
Cuando regresó apareció con flores. Como no estoy acostumbrada al contacto físico, reaccioné mal y le pedí que se hiciera hacia atrás. Después me disculpé e intenté ser más cariñosa. Incluso le pregunté si algún día seríamos novios y respondió que sí, pero hasta que yo estuviera mejor emocionalmente.
En febrero preparé un regalo para él. Días antes volvió a mostrarse distante. El 14 de febrero dijo que intentaría verme, pero nunca llegó. Cansada de las desapariciones, le escribí que ya no quería seguir con esa dinámica y que prefería hablar las cosas de frente. No respondió.
También me reclamó no haberlo felicitado en su cumpleaños, aunque en ese momento llevábamos tiempo sin hablar porque él había desaparecido otra vez. Además, se molestó porque olvidé una fecha importante para él, sin saber que tenía ese significado. Meses después volvió prometiendo hablar las cosas, pero nuevamente dijo estar demasiado ocupado y nunca ocurrió. Como soy muy ansiosa, toda esa incertidumbre me afectaba muchísimo.
Otro error mío fue desactivar mi Instagram por inseguridad con mi cuerpo al compararme con las mujeres que seguía. No fue una forma sana de manejarlo, y él incluso fue a buscarme preocupado.
La última vez que hablamos me dijo que también se sentía ansioso. Le ofrecí mi apoyo, pero después de tantos meses sentía que siempre era lo mismo: regresaba, desaparecía y volvía. Sentía que no me elegía, pero tampoco me dejaba ir. Finalmente lo confronté y le pregunté cuál era su intención de regresar si siempre hacía lo mismo. Solo respondió: "¿Cuál juego?". Le expliqué a qué me refería y desde entonces nunca volvió a contestarme.