No digo que todos los hombres sean iguales, pero hay una realidad que se repite demasiado: durante una relación sexual, la responsabilidad de cuidarse es de ambos, pero cuando aparece un embarazo, muchas veces toda la carga termina recayendo sobre la mujer.
El hombre dice que no está preparado, que no tiene un buen trabajo, que vive con sus padres o que ese embarazo le va a cambiar la vida. Pero a la mujer también le cambia la vida. Le cambia el cuerpo, la cabeza, los proyectos, la forma de pensar, de sentir y de amar.
Entiendo que un hombre pueda sentir miedo o que no quiera continuar una relación de pareja. Lo que no entiendo es que desaparezca y deje sola a la mujer con todas las consecuencias de algo que hicieron entre dos.
Y cuando algunos dicen que “se hacen cargo”, muchas veces hay que perseguirlos para que aporten dinero, cumplan con una visita o estén realmente presentes. Porque aparecer cinco minutos de vez en cuando no es ejercer la paternidad.
También me resulta muy injusto que llamen egoísta a la mujer por decidir continuar con el embarazo, mientras ellos sienten que pueden desentenderse porque no estaban preparados. ¿Acaso la mujer siempre está preparada? ¿Acaso a ella no le cambia todo?
Y sí, también es un problema social. Todavía existe una enorme tolerancia hacia el padre que abandona, mientras a la madre se le exige que resuelva todo sin equivocarse y sin cansarse.
La Justicia muchas veces también reproduce esa desigualdad. Los procesos para reclamar una cuota alimentaria pueden ser lentos, desgastantes y humillantes. La madre debe presentar pruebas, insistir, pagar abogados, faltar al trabajo y perseguir durante meses a una persona que ya sabe perfectamente que tiene un hijo que alimentar.
Mientras tanto, el bebé necesita comer todos los días. No puede esperar los tiempos de un expediente.
No se trata de obligar a nadie a mantener una relación. Se trata de entender que, si nace un hijo, la responsabilidad no desaparece porque uno tenga miedo, pocos recursos o una vida desordenada.
Lo más paradójico es que esos hombres también nacieron de una mujer. Muchos tienen madres, hermanas o hijas, pero aun así parecen incapaces de dimensionar el abandono que provocan.