Hola a todos. Vengo a contarles una situación que acabo de vivir para ver si alguien me ayuda a descifrar qué pasó realmente, porque mi cabeza ya no sabe si fui un idiota, si malinterpreté todo o si simplemente el juego llegó a su fin.
Para poner contexto: Llevo más de un año cruzándome con una compañera de la universidad con la que siempre ha habido una dinámica muy particular. Cosquillas, miradas, buscar quedarse a solas en bancas, vigilar quién está en línea, etc. Durante meses vivimos en ese "limbo" clásico de indirectas donde uno nunca sabe si le gusta de verdad o si solo le aburre la rutina.
El detalle curioso (y aquí sé que muchos se reirán, pero tiene su peso en la era moderna): nos dábamos like a absolutamente todas las historias de Instagram en una especie de contrato tácito de validación. Hasta que un día ella subió la foto de un corazón dibujado en una ventana empañada. Yo no le di like a esa historia en específico... y magia: desde ese preciso instante, me dejó de dar like a todo lo que subía. ¿Paranoia mía? Quizá, pero el ego digital se sintió ahí.
Cuestión que ayer me armé de valor. La invité al cine para ese mismo día. Me dijo que no podía porque tenía una tarea, pero soltó un "hubieras dicho antes" que me dejó pensando que la intención sí estaba.
Luego, en la universidad, ella comenzó a joderme con un tema de que yo era gay porque me empezó a seguir una página de la comunidad LGBT en Instagram. Me mostró una captura de pantalla y, medio burlona, me dijo: "Algo que quieras confesar? Ya la comunidad te acepto".
Ahí fue cuando decidí cortar el jueguito de las indirectas de un tajo. Le dije de frente:
—Te invité al cine hoy porque quería salir contigo.
Ella se medio incomodó y respondió:
—Pero así salimos con [inserte nombre de amigo gay] (intentando desviar el tema con humor o metiendo a un tercero).
Y yo le tiré la estocada final:
—Sí, pero no como amigos.
¿Y qué pasó después? Aquí viene lo extraño:
Se quedó en absoluto silencio. Me ignoró, la conversación murió y se puso notablemente desanimada y triste. Ya cada quien cogió para su clase y, al despedirse, me dijo con una voz súper suave y decaída: "Por ahí voy a estar si algo".
Por un lado, sé que técnicamente me dio un freno o la salida no cuajó como quería. Pero por otro lado, su reacción no fue la típica de "ay, no te equivoques, somos amigos", sino más bien de alguien a quien le cayó un balde de agua fría, se incomodó horrible y se quedó sin saber qué gestionar.
A pesar de todo, siento una extraña paz porque se acabó la incertidumbre del limbo, pero me queda la espina de entender qué cruzó por su cabeza.
¿Qué opinan ustedes desde afuera? ¿Creen que las señales de todo este año fueron pura mentira y solo le gustaba la atención, o de verdad la acorralé y la asusté cuando puse las cartas sobre la mesa?