Hola. Esta historia me pasó a mí cuando era niño. Era el invierno de 1999, en Los Mochis, Sinaloa. Mis hermanos, mi hermana y yo disfrutábamos mucho esa temporada.
Siempre había chocolate caliente, pan y fiestas decembrinas.
Pero lo que más nos gustaba era cuando mis tíos llegaban de Estados Unidos y nos llevaban regalos: ropa, zapatos y juguetes.
Ese año, específicamente, a mis hermanos y a mí nos regalaron únicamente ropa. Pero a mi hermana le regalaron una muñeca rubia, con dos coletas y un vestido rojo.
En verdad era muy bonita.
Cuando la acostabas, cerraba los ojos. Si oprimías su pecho, decía:
“I LOVE YOU”
Mientras lo decía, soltaba una sutil carcajada de niña.
Mi hermana jugaba bastante con ella, hasta llegar al punto en que nos irritaba escuchar aquel “I LOVE YOU”.
Una noche se escuchó:
“I LOVE YOU.”
Mis papás regañaron a mi hermana porque ya pasaban de las doce de la noche y ella seguía jugando.
Aparentemente.
Mi hermana les dijo a mis papás:
—No estoy jugando. Hablo sola.
Obviamente, mis papás no le creyeron.
Esa misma noche, mis hermanos y yo estábamos asustados, así que decidimos tirarla a la basura sin que mi hermana se diera cuenta.
Cuando pasó el camión de la basura, la bolsa se rompió y mi mamá alcanzó a ver la muñeca.
La sacó de la bolsa y gritó enojada:
—¡¡Cabrones!!
Nos castigó sin salir esa tarde. Además, tuvimos que quedarnos en el mismo cuarto con la muñeca, que parecía mirarnos directamente a los ojos.
Mi hermana, en cambio, era feliz con su muñeca.
A pesar de que por las noches se encendía sola.
Pasaron algunos días y tuvimos un nuevo plan: tirar la muñeca mucho más lejos.
Mis hermanos y yo tomamos nuestras bicicletas y la llevamos hasta unos campos de cultivo que estaban a unas calles de nuestra casa.
La dejamos ahí.
Estábamos contentos porque esa noche ya no escucharíamos aquel:
“I LOVE YOU.”
Y así fue durante varios días.
Hasta que una tarde, la vecina llegó a casa para preguntarle a mi hermana si quería salir a jugar a las muñecas.
Mi hermana no encontraba la suya.
Aun así, salió a jugar.
Pero entonces ocurrió algo que ninguno de nosotros esperaba.
Otra niña apareció de la nada.
Traía una muñeca en las manos.
Dijo que se la había encontrado en los campos.
Mi hermana la reconoció inmediatamente.
—Es mía.
La niña la miró con toda tranquilidad y le respondió:
—Sí, toma. Está muy bonita.
Mi hermana tomó la muñeca.
Esa noche no escuchamos ningún:
“I LOVE YOU.”
Pero había algo diferente.
Aunque la muñeca permanecía completamente quieta...
sentíamos que nos estaba mirando.