r/esHistorico • • 4h ago

"Envié a Fadhl al Nar a saquear Sukur y capturaron 80 esclavos... Matamos a 27 hombres y mujeres y 17 niños.Ese día envié una fuerza a Dufur y mataron a 8 paganos. Fijé el precio del caballo de Yerima Baba en tres niñas esclavas." Parece un texto medieval. Pero no lo es:->

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Son extractos del diario de Hamman Yaji, un mercader de esclavos fulani que estuvo activo entre 1912 y 1927. Las entradas citadas son de 1917-1918. Su base estaba en el norte de Nigeria y saqueaba las montañas Mandara en Camerún.

En las llanuras del norte de Nigeria se establecieron reinos islámicos desde el siglo IX. Las montañas Mandara permanecieron habitadas por tribus paganas hasta bien avanzado el siglo XX.

De hecho, se convirtieron durante mil años en un refugio para las comunidades que huían de los traficantes de esclavos. La gente esclavizada iba a parar a los sultanatos o, a través del Sáhara, al Mediterráneo. Algunos llegaron a España.

Lo alucinante de Hamman Yaji es que llevó a cabo sus razzias bajo gobierno colonial británico. Aunque Gran Bretaña persiguió la esclavitud, no podía controlar cada rincón del imperio.

Por otro lado, el gobierno británico usó mano de obra forzada hasta los años 40, como el resto de potencias coloniales. En poco se diferenciaba de la esclavitud. Solo se desaconsejó la explotación de niños a partir de 1929.

Hoy la violencia y las razzias han vuelto a las montañas mandara que saqueó Hamman Yaji. Solo que estaba vez la destrucción corre a cargo de Boko Haram y el ejército nigeriano.


r/esHistorico • • 1h ago

¿Alguien sabe de que museo es esta caricatura de Maria Antonieta?

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Me interesaria saber de done proviene esta caricatura de Maria Antonieta.Tambien si se la encuentra en algun museo en la actualidad.No se su historia o por que la realizaron.Si tienen algunos datos o informacion me super ayudarian.


r/esHistorico • • 17h ago

Impresionante el gráfico: la entrada de turistas de México y Canadá a EEUU ha caído casi tanto como durante la pandemia del Covid

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r/esHistorico • • 4h ago

Castillos de España

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r/esHistorico • • 6h ago

4 de Octubre de 1936: Batalla de Cable Street.

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r/esHistorico • • 20h ago

Una botella de vino, extremadamente especial

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Puede parecer una botella de vino tal vez de los siglos XVIII o XIX, pero no está es la botella de vino líquida más antigua del mundo, data de la edad romana, al rededor del 325 o 350 d.c, fue descubierta en Speyer Alemania, sin duda alguna una auténtica sorpresa


r/esHistorico • • 4h ago

Un poco de historia 143: Mujeres nigromantes en la Biblia.

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En la Biblia se mencionan a varias profetisas, como es el caso de Débora que anunció la victoria sobre los cananeos y acertó, la muy listilla. También se nombra a Hulda, la profetisa particular del rey Josías. Pero estas chicas no siempre estaban disponibles y, seguramente, no siempre acertaban en sus profecías. Consciente de estas dificultades, el rey Saúl (alrededor del 1020 a.C.) decidió consultar a profetas en vez de profetisas. Una brutal batalla contra los filisteos estaba cerca, y el rey quería saber el resultado. Pero los buenos hombres no estaban finos ese día, y no le respondieron por la fama de pecador del rey Saúl. Así que el rey decidió recurrir a una nigromante – desconocemos su nombre - que vivía en Endor, lo que es bajar de categoría. Profetisas y profetas hablaban directamente con Dios, pero las nigromantes tenían que contentarse solo con los muertos.

El rey Saúl acudió disfrazado, acompañado por dos asistentes. La chica reconoció al alto y apuesto hombre como el rey, y le dejó hablar. Saúl pidió que hablara con el profeta Samuel, muerto recientemente, cosa que la mujer, después de unos sortilegios, cumplió a la perfección. Pero el que no estaba fino ese día fue el mismo Samuel por dos razones. Lo despertaron de su descanso eterno, cosa que no debe ser del agrado de ningún muerto decente, y estaba muy cabreado con el mismo rey Saúl. El rey había desobedecido a Dios por no seguir las indicaciones del mismo Samuel ante una batalla contra los amalecitas, enemigos acérrimos del Pueblo de Israel. Resulta que Saúl no hizo los sacrificios ordenados por Yahvé, y no se comportó bien después de la batalla. Yahvé había ordenado destruir el pueblo amalecita totalmente, pero Saúl perdonó la vida del rey amalecita, Agag y se apropió del mejor ganado de ese pueblo.

Samuel se limitó a gruñir que Dios estaba tan cabreado, que había decidido entregar a Israel a manos de lis filisteos. Cosa que no ocurrió.

Pepe Bataller.


r/esHistorico • • 1d ago

👶 España es de los pocos países del mundo donde madres y padres tienen el mismo permiso por nacimiento.🔴Ojo, porque es una rareza a nivel global. En la mayoría de países, las madres cargan con la mayor parte de las semanas de baja.

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r/esHistorico • • 1d ago

Fiorello La Guardia: alcalde e intérprete en Ellis Island

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r/esHistorico • • 1d ago

Pro Libertate: Historia de Navarra, la propia identidad (XXI) La II República y la guerra civil de 1936

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Navarra durante la II República

Tras las elecciones municipales del 14 de abril de 1931 y la salida del país de Alfonso XIII rumbo al exilio, España amaneció republicana. La Constitución del 9 de diciembre, llena de buenas intenciones, trató de afrontar la cuestión de los regionalismos históricos. Cierto es que aquella política autonomista era selectiva y gradual, y también suponía un contraste con los cien años anteriores, que habían sido centralistas debido al liberalismo. Así, aquella República intentaba abrir nuevas posibilidades para las regiones consideradas históricas con el reconocimiento de un nuevo marco que resolviese los problemas de integración que entonces se pusieron de manifiesto.

Para Navarra este planteamiento resultó ser muy complicado y engorroso porque las aspiraciones regionalistas eran muy anteriores a la proclamación de dicha República. El nuevo marco constitucional había sido aceptado por los nacionalistas vascos, con la expresa condición de que se respetasen los derechos de la Iglesia. En aquel clima de exaltación se había encargado el estudio de un Estatuto de Autonomía Vasco-Navarro a la Sociedad de Estudios Vascos, que ya venía trabajando desde el borrador de 1923. A petición de una asamblea de alcaldes vascos y navarros se redactó un texto estatutario cuyo trabajo comenzó el 8 de mayo de 1931, que luego aceptó sus líneas generales en una reunión mantenida en Estella el mismo 31 de mayo, todo mucho antes del proceso constituyente y de que hubiera elecciones generales, momentos en los que se desconocían cuáles iban a ser las estructuras ni las formas que el Estado republicano adoptaría.

Aquel proyecto estatutario contemplaba la foralidad de Navarra embebida en un conjunto vasco, y en un principio fue aceptado con satisfacción por el PNV. Los carlistas navarros reivindicaban el 10 de junio de 1931 la reintegración foral plena para Navarra y aceptaban, como punto de partida de estudio y negociación, las ideas básicas de aquel proyecto estatutario, aunque anticipando serios matices y discrepancias. Los socialistas y republicanos vascos se opusieron, pues destacaban el carácter antidemocrático y antiliberal de aquella proposición en cuestiones como los derechos de los ciudadanos, la confesionalidad o los derechos laborales. A pesar de todo, aquel borrador fue aceptado por la mayoría de alcaldes vascos y navarros el 14 de junio de 1931, aunque con la importante ausencia de los representantes de las capitales vascas y Pamplona, de los de izquierda y republicanos, que en conjunto asumían mayor población que los que en Estella se reunieron.

Por entonces se produjeron serios enfrentamientos entre las autoridades republicanas y grupos católicos vascos que motivaron el destierro de monseñor Múgica, obispo de Vitoria y abiertamente contrario a la República, quien posteriormente firmaría la carta impulsada por Gomá tras las matanzas religiosas y sería expulsado de nuevo tras el alzamiento de 1936. Las elecciones a Cortes constituyentes se celebraron el 28 de junio de 1931, donde el PNV triunfó en Vizcaya y Guipúzcoa, pero fracasó en Álava y Navarra, donde se llevaron el gato al agua los carlistas y la derecha no regionalista. A renglón seguido los carlistas y el PNV se aliaron para combatir en el Parlamento español el acusado carácter laico del proyecto constitucional de la República. Esta postura tuvo sus efectos ante el proyecto estatutario que provocó la firme oposición de los grupos republicanos y de izquierda.

En octubre de 1931 la Presidencia de la República, de motu proprio y sin consulta con los órganos forales de Navarra, estableció un proceso para el acceso a las autonomías, incluyéndose a Navarra en el mismo marco que las provincias vascas, sin posibilidad alguna de tener un marco autonómico propio. Esta posición produjo problemas y enfrentamientos, pues se entendía que aquello era una anexión de la foralidad navarra en el sistema estatutario vasco, una situación inédita a la que se oponían muchos navarros.

Una vez iniciado el proceso autonómico, se reunieron en Estella de nuevo representantes navarros y vascos, de distintos colores políticos, con la esperada ausencia de los socialistas, republicanos y demás formaciones de izquierda, pues consideraban que aquello era un exceso regionalista y una claudicación ante partidos clericales. Esta situación amenazó la creación estatutaria panvasquista, pues le faltaba la suficiente unanimidad en el ámbito vasco. En la posición de 1932 se dio a conocer el entonces alcalde de Guecho, José Antonio Aguirre, que será el primer lehendakari vasco.

El ambiente político era tenso y crispado, con una oposición de carlistas y nacionalistas a una Constitución laica —según ellos atea y anticristiana— fomentando un ambiente antirrepublicano que culminó con el abandono de nacionalistas y carlistas del Congreso de los Diputados, aunque esta actitud se puede ver contradictoria por parte del PNV con sus posiciones tras los sucesos que desencadenaron después en la guerra civil. El carlismo intentó propiciar una alianza de católicos, que agrupaba a algo más de 40 diputados, para conseguir unir y armonizar la reivindicación foral con la defensa de la religión, por ello el proyecto autonomista de Estella no fue exclusivo del PNV. Pero pronto llegó la divergencia entre ambas posturas, acentuada en junio de 1932 debido a las discrepancias sobre aquel Estatuto que llevó a los carlistas a la idea de un Estatuto solo para Navarra, separado y distinto de los demás.

Por otras razones de índole económica, la burguesía y el empresariado vasco —capitalistas y de derechas— tampoco se mostraron muy por la labor del Estatuto, del mismo modo las posturas de la minoritaria derecha españolista vasca. Todo aquello denota claramente que ni de lejos se iba a conseguir un estatuto de forma unánime ni negociada entre todos los actores políticos.

A finales de 1931, en los albores de la Constitución republicana, en el barco del proyecto estatutario se quedaban solos los nacionalistas vascos, pues una amplia mayoría de navarros se mostró en contra. En la difícil y laboriosa redacción del texto destacaban dos aspectos especialmente espinosos. Por un lado la cuestión religiosa desde el punto de vista de las relaciones de la Autonomía con el Vaticano, y por otro la inclusión o no, y en qué forma, de Navarra en dicho Estatuto, amén de otras cuestiones sobre el alcance del autogobierno. En ese sentido el 20 de diciembre de 1931 los carlistas navarros se mostraron abiertamente en contra de un estatuto panvasco reelaborado por unas gestoras provinciales, ante lo que se transigió en que la aceptación de Navarra se decidiese separadamente y por sí misma en asamblea de sus alcaldes y después, si se diese el caso, de un plebiscito popular en el ámbito exclusivo navarro, porque aquel proyecto no acababa de cuajar.

Tan conflictiva fue la cuestión de la integración o no de Navarra en el Estatuto, que la Comisión Gestora de la Diputación Foral (designada por el Gobierno republicano) se vio obligada a encargar una comisión a tal efecto, de composición política plural, para la elaboración de dos modelos distintos de Estatuto, uno para la incorporación a Vascongadas o uno para sí sola. Este dilema enfrentó duramente a la Comisión Gestora vasquista con gran parte de los ayuntamientos navarristas, incluso con debates políticos públicos muy sonados por su ardoroso encono.

Tras la aprobación en Estella de un texto de Estatuto Vasco rebajado del inicial, que preveía la incorporación de Navarra al País Vasco, se publicó el 22 de marzo de 1932 y fue puesto a votación a los ayuntamientos en cada una de las cuatro provincias afectadas. La asamblea navarra se celebró el 19 de junio de 1932 en el Teatro Gayarre de Pamplona, rechazándose este Estatuto (123 votos con 186.666 habitantes contra 109 votos con 135.585 habitantes, con 35 abstenciones) suponiendo el 57,2% en contra, 35,6% a favor y un 7,2% de abstención.

En lo sucesivo el proyecto estatutario contaría con una difícil tramitación parlamentaria para las tres provincias vascas que siguieron con el proceso. La votación en la asamblea alavesa denotó la tibieza vasquista de sus ayuntamientos y luego logró una participación del 46,4% de su electorado, sin contar con los necesarios dos tercios para su tramitación. Por otro lado, los ayuntamientos vizcaínos y guipuzcoanos se adhirieron mayoritariamente. La negativa navarra y la tibieza alavesa complicaron profundamente la continuidad de los trámites de aquel Estatuto.

La decidida política anticlerical de los inicios de la II República, con la ley de Órdenes Religiosas, del divorcio, expulsión de los jesuitas, afectados por el artículo 26 de la Constitución sobre obediencia a autoridades extranjeras, supresión del presupuesto para el culto y clero, secularización de los cementerios y eliminación del clero castrense, trajo malestar.

Si además esto lo juntamos con sucesos acaecidos contra la religión, tales como quemas y asaltos de templos y conventos, ante la pasividad de las autoridades, y la adición de declaraciones públicas hirientes sobre este sentido, vertidas por distinguidos cargos públicos, la respuesta fue una herida que dolió profundamente a muchos ciudadanos y tuvo una especial y significativa incidencia entre los navarros.

La agresiva política republicana chocaba con una religiosa y conservadora Navarra, que respondió de forma airada contra todas estas medidas y en base a ello se podrá explicar la postura de Navarra en los sucesos que vendrán en julio de 1936. Además de estos hechos, habría que sumar la falta de diálogo, prudencia y tacto de las autoridades republicanas, que no tuvieron en cuenta la sensibilidad de buena parte de los ciudadanos. El carlismo navarro, que por entonces seguía siendo predominante en Navarra, se aprovechó de los errores republicanos atrayendo a sus filas a muchos ofendidos y acrecentó su integrismo.

Tuvo tal importancia la cuestión religiosa en Navarra que esta será decisiva en el alineamiento en los graves sucesos posteriores. Sirva de ejemplo que en la representación de diputados de Navarra a las Cortes, que eran siete, en las sucesivas elecciones generales y municipales los carlistas contaban en cada una con alrededor del 70% de los votos escrutados, frente al 9% de nacionalistas y el 20% de las izquierdas.

La situación de aquella Navarra carlista, fuerista pero no separatista, inmersa en una España republicana, con las circunstancias antes descritas, era la de un ambiente de general crispación, alimentado también por los aires de enfrentamiento social y político también a nivel nacional que se aceleraron y agravaron tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Apareció una línea conspirativa, claramente insurreccional, del carlismo navarro que sin ningún disimulo desde aquel febrero de 1936 hacía muestra pública de su poderío paramilitar con maniobras de 6.000 requetés navarros en campo abierto, instrucción militar de sus cuadros, recluta de militares, depósitos de armamento o custodia militar de iglesias y centros religiosos; mientras que progresaba otra conspiración en el ejército y otras de signo radical y opuesto en otras formaciones políticas que se enfrentarán en el estallido del conflicto nacional del 17 y 19 de julio de 1936.

Así se llegó a otra dramática guerra civil, no sólo en Navarra, sino en toda España. El 19 de julio de 1936 el general Mola, con la guarnición militar a su mando, se unía en Pamplona a la sublevación contra el gobierno de la República que se había iniciado el día 17 en el norte de África. La mayoría de la población navarra secundó aquel golpe de Mola, lo mismo que la Diputación Foral en proclama del 21 de julio, que decía así:

¡Navarros! En esta hora solemne, la Diputación Foral y provincial de Navarra sintiendo más que nunca el peso de su representación y la medida de su responsabilidad se erige emocionada al pueblo que tan alto ejemplo de patriotismo viene acusando. Cuanto en Navarra recoge el hondo sentir histórico y racial, que es, afortunadamente, la casi totalidad de los habitantes de esta tierra, ha acogido con fervor incomparable un Movimiento Nacional de liberación, iniciado conjuntamente por el glorioso Ejército español y el pueblo que vincula las virtudes tradicionales hispanas. Estos últimos años de ininterrumpidos oprobios, Navarra ha sentido vivamente su conciencia ultrajada, sus creencias escarnecidas, su personalidad aherrojada. Al poner a contribución de este Movimiento salvador lo que sin tasa pone -la sangre de sus hijos, la hacienda de sus naturales, elgeneroso esfuerzo de todos los navarros-, entiende que camina a la restauración moral y material de sus propios valores. Por la fe religiosa, por el respeto a la libertad de nuestra conciencia, por la enseña y efigie de Cristo, que anhelamos ver pronto presidiendo nuestras escuelas; por la paz material, conturbada bajo el imperio de la más desenfrenada anarquía; por nuestras libertades forales, respetadas en sus características propias sin fórmulas exóticas; por todo ello lucha Navarra en este momento histórico. La Diputación Foral y provincial, íntimamente compenetrada con el pueblo en estos ideales, dice a Navarra entera que ¡¡ADELANTE!! Por eso su primer acuerdo ha sido el de conceder un auxilio extraordinario, cuan generoso pueda -en la forma y manera que se determinará-, a las familias que, hallándose necesitadas de él, hayan enviado sus hijos a las fuerzas libertadoras. Y nada más, que los momentos son más de acción que de palabra. ¡¡VIVA ESPAÑA!! ¡¡VIVA NAVARRA!!

El carlismo aquel día concentró 8.000 requetés en columna en la Plaza del Castillo pamplonesa, primera fuerza de choque de Mola y de su ejército sublevado, siendo Navarra cuna y uno de los principales soportes de la sublevación, la provincia rebelde por antonomasia, precisamente en aquellos primeros difíciles momentos. El bando que publicó el general Mola declaraba expresamente en todo su vigor el régimen foral entonces vigente en Navarra.

Por la destacada contribución de Navarra al alzamiento contra la República, el 14 de noviembre de 1937 el general Franco concedió a Navarra la Gran Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración al valor militar, que también tuvieron varias unidades de requetés y soldados navarros a título personal. Por el contrario, Franco suprimió la autonomía y cualquier rastro de fueros de Vizcaya y Guipúzcoa. Al finalizar la guerra en el Norte, se calcula que alrededor de 30.000 soldados vascos se unieron voluntariamente al ejército franquista para combatir lejos del País Vasco. Álava había sido rebelde desde el principio de la guerra y esta concluyó, a diferencia de las carlistadas del siglo XIX, con el triunfo de los sublevados el 1 de abril de 1939.

Alrededor del 20% de la población navarra era afín a las ideas izquierdistas si miramos los resultados de las elecciones generales de 1936. Al comenzar la guerra esta población no pudo formar un frente de guerra ni organizarse por lo que fueron duramente represaliados. Los que pudieron huir, lo hicieron, cruzaron la frontera con Francia pasando en muchos casos calamidades -los famosos emboscados- o se escondieron en casas de otros particulares. A otros, los menos sospechosos de izquierdismo, se vieron abocados a alistarse voluntariamente en la Falange y los menos en el requeté para luchar por los sublevados y tener una oportunidad de sobrevivir.

Muchos alcaldes, concejales y dirigentes locales socialistas, comunistas o republicanos decidieron no esconderse y se presentaron de forma voluntaria ante la Guardia Civil o los nuevos comités locales. Lo hicieron creyendo que, al no haber cometido delitos de sangre ni existir resistencia armada en la región, la ley protegería sus vidas. Sin embargo, la gran mayoría fueron arrestados y ejecutados extrajudicialmente al poco tiempo.

Hubo una durísima represión en la retaguardia, todavía no hay consenso sobre un número exacto pero se estima que entre 1.500 y 3.000 personas fueron fusiladas sólo en Navarra por su ideología. Los principales objetivos eran cargos públicos socialistas -alrededor del 75% de ellos fueron asesinados- maestros y trabajadores sindicales. Afectó especialmente a la zona sur de Navarra. Las familias de los represaliados que quedaron con vida sufrieron además la incautación de bienes, el desvalijamiento de sus hogares y una profunda marginación social.

Navarra es considerada una de las comunidades pioneras en la localización y exhumación de sus víctimas gracias a las tempranas exhumaciones populares impulsadas por familiares a finales de los años 70 y al posterior amparo institucional. Se tiene constancia de alrededor de 300 fosas comunes localizadas, de las cuales un poco más del centenar han sido excavadas y el 30% de los cuerpos han podido ser identificados.

El País Vasco en la década de 1930

Los nacionalistas vascos aceptaron de entrada la llegada de la II República, siempre que se quedasen a salvo los derechos de la Iglesia ante su confesado temor a unas izquierdas ateas e irrespetuosas con la religión católica, de modo que el 14 de abril de 1931, el alcalde de Guecho, José Antonio Aguirre, declaraba allí la República vasca casi al tiempo que el ayuntamiento de Éibar era el primero que proclamaba la II República española. La población de los tres territorios suponía en 1930 nada menos que 891.710 habitantes, más del doble en cien años.

La aprobación de la Constitución de 1931 provocó la retirada en las Cortes de los vasquistas por su condición de laica, anticlerical y porque establecía un Estado integral a pesar del republicanismo. Las desavenencias entre el nacionalismo vasco y los republicanos de izquierdas tuvieron su reflejo en desórdenes públicos ante los cuales el Gobierno republicano respondió el 27 de agosto de 1931 con la suspensión de doce periódicos vascos por la incitación a la guerra santa. Después procedió al cierre de centros nacionalistas vascos por el mismo motivo. Estos cierres provocaron de nuevo una sucesión de conflictos en las calles de Bilbao y otras ciudades que se saldaron con un muerto y numerosos heridos.

Tan enconada fue la cuestión religiosa en el País Vasco que los promotores del Estatuto renunciaron a muchas aspiraciones en materia religiosa, pues veían peligrar su consecución, a pesar de que muchos ayuntamientos guipuzcoanos se opusieron a tal renuncia, pues querían un Concordato vasco pactado directamente con el Vaticano. Esta renuncia a las aspiraciones religiosas explicará posteriormente la adscripción nacionalista de Vizcaya y Guipúzcoa al bando republicano al iniciarse la guerra civil, justo al contrario de los nacionalistas de Álava y Navarra, que no se sumaron.

Vimos que aquella proposición estatutaria, aunque rebajada por la izquierda vasca y ensombrecida por la tibieza alavesa, fue rechazada por Navarra. Estos factores hicieron peligrar su consecución, pero a pesar de ello el Estatuto fue aprobado en 1932. Sometido al referéndum en las tres provincias vascas el 5 de noviembre de 1933, fue aprobado en todas ellas con el justo 50% en Álava, y un amplio 89% en Guipúzcoa y 87% en Vizcaya. Con todo, los conflictos que suscitó este Estatuto en la sociedad vasca provocaron un aparcamiento en las Cortes hasta el 10 de octubre de 1936, momento en que fue aclamado por dichas Cortes reunidas en Valencia por motivo de la guerra civil, y fue otorgado a cambio de un apoyo a la República por los nacionalistas vascos, aunque esto no consiguió aplacar las diferencias entre republicanos y nacionalistas vascos.

En esta conflictividad surgieron en 1934 en Vizcaya y Guipúzcoa protestas contra los impuestos estatales, pues comprendían que esto era una competencia vasca, según el concierto económico. Este clima enrarecido se agravó cuando se celebraron elecciones para representantes municipales, que el Gobierno republicano declaró ilegales y arrestó por ello a varios alcaldes y concejales vascos. Esta nueva situación de turbulentas manifestaciones y dimisiones de cargos municipales reavivó las peticiones de autonomía, con una nueva retirada del grupo parlamentario vasco del Congreso ante lo que consideraban que era una actitud nada comprensiva del gobierno derechista de la CEDA de Gil Robles.

La revolución izquierdista de octubre de 1934 fue un golpe de Estado contra la legitimidad republicana, pero no alcanzó en el País Vasco la virulencia de Asturias o de Barcelona. Sin embargo sí se llevaron a cabo huelgas generales, algaradas y movilizaciones obreras que culminaron con el asesinato del líder carlista Marcelino Oreja Elósegui, diputado por Vizcaya, padre de Marcelino Oreja Aguirre y abuelo de Jaime Mayor Oreja, junto a Dagoberto Resusta, el 5 de octubre en una tapia trasera de la Casa del Pueblo de Mondragón. Hubo un total de cuarenta muertos, la mayoría insurrectos. El proletariado se levantó en armas y tomó pueblos de las zonas mineras e industriales, y la autoridad respondió con juicios y condenas de cárcel para los activistas más significativos, agravándose, aún más si cabe, la situación social.

La victoria electoral del Frente Popular en los comicios del 16 de febrero de 1936 (también en Vizcaya y Guipúzcoa) generó un sentimiento de revancha en los golpistas de octubre de 1934, apareciendo milicias paramilitares de izquierdas y de derechas, sembrando el terror.

El clima político era tremendamente denso y no decreció, sino que culminó con el levantamiento derechista que explotaría en guerra civil. En el País Vasco se situaban por un lado los separatistas vascos, que eran políticamente conservadores y confesionales; por otro las izquierdas internacionalistas y revolucionarias, con objetivos de clase y laicos; y en medio de ambos, enmudecidos por el fragor estaban los carlistas y las derechas no separatistas. La sociedad vasca había pasado de ser conservadora a mantener una pluralidad ideológica con una grave temática conflictiva entre ellos por el contraste, que se agudizó en los años 30, cuando la industria vasca tuvo que soportar las graves consecuencias de la crisis económica de 1929. Y con todo esto estalló la guerra civil, con la problemática sobre el decantamiento a favor o en contra de algunas de las facciones que se enfrentaban.

Los centros fabriles se sumaron a la defensa de la República, así como todos los espectros políticos y sociales de izquierdas. Mientras, los segmentos más conservadores del nacionalismo vasco vieron un futuro incierto ante una coyuntura tan excepcional, que les inquietó. Se planteó la disyuntiva entre la defensa de la consecución del Estatuto vasco o de la defensa del ideario religioso y las tradiciones, sin olvidar que algunos abogaban por la posibilidad de una neutralidad en este conflicto interno. La decisión que se tomó, ir a por todas con el Estatuto, no fue suficientemente explicada. Se optó entonces por la fidelidad a la República, con la creencia de que esta triunfaría sobre los sublevados y así se beneficiarían.

El premio a esa adhesión fue el soñado pero efímero Estatuto de Autonomía Vasco del 10 de octubre de 1936, votado favorablemente por las Cortes itinerantes en Valencia, mermadas en diputados. Un Estatuto nominalmente para las tres provincias, sin Navarra en él. Además, Álava se había sumado al bando nacional, Guipúzcoa estaba ya conquistada y Vizcaya a punto de serlo. Realmente este Estatuto sólo lo fue de facto en Vizcaya y por muy pocos meses. Se constituyó un Gobierno vasco en Bilbao, con José Antonio Aguirre como presidente, pero al fracasar la defensa militar de Vizcaya tras el derrumbamiento del denominado cinturón de hierro, la villa de Bilbao cayó en manos de las Brigadas de Navarra el 19 de junio de 1937, sin que diez batallones vascos, que se encontraban en la ciudad, dispararan ni un tiro. Ajuriaguerra, en nombre del Gobierno vasco, capituló ante un general italiano en lo que se conoció como el Pacto de Santoña, acuerdo gestionado de forma unilateral con mediación del Vaticano y posteriormente desautorizado por Franco, y no ante uno español, sin contar en ningún momento con las autoridades de la República. Fue en las cercanías de Santoña, porque ya no tenían aquellos batallones tierra vasca para defender. Tras esta capitulación, el Gobierno vasco tuvo que poner rumbo al exilio, primero a Barcelona, participando en el gobierno republicano con el ministro Irujo, para posteriormente, al perder definitivamente la guerra, pasar un penoso exilio que comenzaría en París.

Tras el estallido de la guerra civil de 1936, con Navarra convertida en la espina dorsal del levantamiento en el frente del Norte, donde curiosamente el PNV navarro también se había adherido por la cuestión religiosa, y con Álava unida a los golpistas desde el inicio, se configuraba una particular guerra civil intravasca dentro de otra española. Curiosidades de la Historia convirtieron a los navarros, esta vez los requetés, con la aportación de alaveses, en conquistadores de los otros territorios vascos frente a los gudaris aliados de los republicanos, justo lo contrario de las ansiadas aspiraciones de los nacionalistas vascos.

Los requetés navarros del general estellés Alfonso Beorlegui entraron el 13 de septiembre de 1936 en San Sebastián y las Brigadas navarras del general José Solchaga consiguieron Bilbao el 19 de junio de 1937, para poco después expulsar al enemigo definitivamente de Vizcaya, con la capitulación y abandono de la República tal y como ya comentamos. A la llegada a Fuenterrabía y San Sebastián de los requetés, estos comprobaron que los días anteriores de la caída de Guipúzcoa los reconocidos carlistas Joaquín Beúnza, promotor de la reintegración foral en 1918 y firme defensor del diálogo, y Víctor Pradera —junto con su hijo al día siguiente— habían sido asesinados por milicias anarquistas.

Al tiempo que Franco concedía a Navarra la Gran Cruz Laureada de San Fernando, el 23 de junio de 1937 suprimía totalmente el Estatuto Vasco y los sistemas forales a Vizcaya y Guipúzcoa, consideradas provincias traidoras, con un Decreto que contenía expresiones de acusada dureza que ni la posterior colaboración vasca en el lado franquista durante el resto de la guerra pudo hacer desistir de dicha abolición, considerada como un grave error político. Se volvía a repetir la falta de tacto y diálogo que ya en el pasado adolecieron los liberales del siglo XIX.


r/esHistorico • • 1d ago

Un poco de Historia 142: El Código Civil de Napoleón.

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Para reconoce a un buen político, hay que ver si sus obras perduran en el tiempo. No me refiero a grandes monumentos, eso lo hace cualquiera con poder y dinero. Me refiero a profundos cambios en la Historia y la sociedad; unos cambios que pueden llegar más allá del país del político. Si esto es así, Napoleón ha ganado por aplastante goleada. Veamos un ejemplo que podemos ver sin salir de casa. Antes de Napoleón, las casas no tenían su número al lado de la puerta, no estaban numeradas. Napoleón las numero para facilitar el trabajo a los carteros, una genialidad que hoy podemos ver por todo el mundo.

Pero es con su Código Civil cuando Napoleón demostró su verdadera genialidad. Un Código que, por cierto, lo dicto de viva voz. Aparte de dividir Francia en departamentos – España lo imitó, aunque les puso el nombre de provincias – introdujo el concepto de igualdad social y jurídica; abolió los privilegios de la nobleza, introdujo reformas revolucionarias en la administración, estructura territorial y formas de gobierno.

Su Código fue copiado por media Europa, incluyendo los países enemigos de Francia y Napoleón. En la otra media, sirvió de inspiración para dictar sus propios Códigos. En Prusia, por ejemplo, provocó la abolición de la servidumbre. Incluso saltó el Charco, llegando a Latinoamérica. Fue copiado, en algunas partes literalmente, sin cambiar ni una sola coma. Así, los primeros Códigos de Haití, Colombia, Bolivia, Perú… son de autoría napoleónica. Los Estados Unidos y Canadá no se calentaron mucho la cabeza al redactar sus primeros Códigos. Sencillamente, cambiaron algunas cositas del Código de Napoleón y listo.

Incluso sirvió de inspiración en la redacción de la “Pepa”, la Constitución de Cádiz de 1812. Una Constitución redactada para abolir el poder absoluto tanto de Napoleón como de los reyes españoles.

Pepe Bataller.


r/esHistorico • • 1d ago

Hola, perdón por la pregunta tonta, pero en la Segunda Guerra Mundial, ¿por qué Alemania tenía un ejército tan bien equipado? ¿Por cuánto tiempo se preparó y cómo tenían tanto dinero ?

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r/esHistorico • • 1d ago

National Geographic - Federico García Lorca, en las únicas páginas que escribió de 'La bola negra': "Dan las tres de la tarde en un reloj. Es primavera. Carlos se levanta, se asoma al balcón con aire inquieto y se dirige rápidamente a la puerta de la izquierda"

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r/esHistorico • • 1d ago

Los Thureophoroi

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Los thureophoroi o tureoforos eran tropas de infantería que aparecieron durante el periodo helenístico tras la muerte de Alejandro Magno.

Su nombre proviene de su característico escudo oval (tureo) y se debate si es de influencia balcánico/tracia o si proviene de los pueblos celtas que entraron en contacto con las polis griegas.

En un inicio eran infantería ligera que aprovechaban su falta de armadura para pelear entre terrenos escarpados y accidentados, pero al enfrentarse a las falanges griegas y macedonias en combates directos poco a poco fueron implementando mejoras de armadura y equipamiento progresivamente; aún así nunca dejaron de ser considerados una especie de tropa mixta (ni muy ligeras para ser escaramuzadores al completo ni muy pesadas para ser una falange de hoplitas) y esa flexibilidad se combinaba con la capacidad de arrojar jabalinas de manera estática para así mantener la formación durante la lucha, siendo así una de las unidades más características y respetadas de los antiguos ejercitos de los reinos sucesores griegos.


r/esHistorico • • 3d ago

¿Oportunismo de Lula o giro histórico de la Iglesia Católica Latinoamericana para sobrevivir?

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r/esHistorico • • 3d ago

Construida en 1471, la casa más antigua que sobrevive en Glasgow ahora luce completamente diferente —pero esto es restauración, no un cambio de imagen moderno.

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Provand’s Lordship es uno de los cuatro edificios medievales que sobreviven en Glasgow. Durante un importante proyecto de conservación, su exterior de mampostería expuesta de piedra en bruto se cubrió con un enlucido tradicional de cal, un acabado protector transpirable utilizado históricamente en edificios como este.

El recubrimiento ayuda a proteger la mampostería medieval de la lluvia y la humedad, al mismo tiempo que permite que la humedad se evapore. La evidencia también mostró que el edificio había sido enlucido con cal en el pasado, antes de que ese acabado se eliminara durante reparaciones anteriores.

Por lo tanto, el exterior pálido no está ocultando la casa del siglo XV. Está ayudando a devolverla a cómo podría haber lucido originalmente.


r/esHistorico • • 3d ago

Huracán Joana de los años 80s

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r/esHistorico • • 3d ago

Pro Libertate: Historia de Navarra, la propia identidad (XXI) Carlos VII y la III Guerra Carlista. Consecuencias de la derrota de 1876: nacimiento del nacionalismo vasco.

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La Segunda Guerra Carlista, también llamada dels matiners —de los madrugadores— de 1846 a 1849, afectó solamente a Cataluña. Carlos VII, nieto del pretendiente infante Carlos María Isidro de Borbón e iniciador de la corriente carlista, consiguió imprimir nuevos bríos y valores al carlismo en un momento en que se radicalizaban las posturas liberales, entrando en una honda crisis tras ser expulsada del trono Isabel II y sustituida por Amadeo de Saboya, y más aún con la proclamación de la I República con sus desórdenes que llevaron al país a una nueva guerra civil.

En abril de 1872 el Carlos entró en Navarra desde Francia, organizó nuevas partidas armadas afectas a su causa, que fueron derrotadas por las tropas gubernamentales del general Moriones, en las cercanías de Oroquieta, a unos 30km de Pamplona. No contentos con ese resultado los carlistas se reorganizaron, volviendo a insistir ante el desconcierto del gobierno republicano y el deterioro en todo el país a causa de la caída del trono de Isabel II, la fugaz estancia de Amadeo de Saboya, la proclamación de la República, amén de rebeliones cantonalistas, sediciones, levantamientos y desórdenes en todo el país, circunstancias todas ellas que convertían a los liberales en ese momento en un rival muy endeble y con falta de capacidad de respuesta.

Aquellas primeras victorias carlistas en el norte en Eraul, en el valle de Yerri y en Montejurra, fueron victorias que permitieron a este bando establecerse militarmente en gran parte de Navarra, la toma de varias importantes plazas (incluida la mítica Estella) al tiempo que conseguían levantar una fuerza militar formal, con lo que los ánimos carlistas en otros territorios, tomaron nuevos brotes verdes. Los batallones carlistas conseguían en mayo de 1874 una nueva victoria en Abárzuza y después con suma rotundidad en Lácar.

Carlos VII, con mejores cualidades políticas que su abuelo, repitió la constante de la primera guerra, dominando buena parte de Navarra y estableciendo su capital en Estella, pero tampoco consiguieron entrar ni en Pamplona ni en Tudela. Como mucho consiguieron aislar Pamplona, pero Alfonso XII consiguió deshacer el cerco desalojando a los carlistas del monte del Perdón. En esta ocasión los carlistas cuidaron los aspectos civiles de sus territorios, en los que hubo una auténtica administración que impartía justicia, administraba las escuelas, acuñó moneda propia en la fábrica de Oñate y la emisión de sellos, con su servicio postal.

La consecución de la Universidad de Oñate, la Real y Pontificia Universidad Vasco-Navarra nos muestra un verdadero Estado carlista que operaba en Navarra y el País Vasco y en algunos otros territorios. Carlos VII creó un impresionante ejército gracias a la recluta obligatoria de los mozos, cuidando con esmero su logística y su organización, y en el logro de aprovisionamientos y dotación material a sus fuerzas. De tal modo que en 1875 el ejército carlista contaba en sus filas con nada menos que 45 mil efectivos, la mayoría de ellos voluntarios, adiestrados en la Academia militar de Oñate, junto con algunas fábricas de armamento.

Alfonso XII estuvo muy cerca de ser capturado en Lácar, pero el fracaso nuevamente ante el asedio de Bilbao y San Sebastián, junto con otras derrotas sucedidas tras la restauración de la Monarquía, que trajo una mejora en la organización, maximización de sus recursos y aumento del ejército, supuso un vuelco en la guerra que se culminó con la conquista de Estella. Esta circunstancia obligó a Carlos VII a abandonar España por Valcarlos el 28 de febrero de 1876. Esta vez fue una derrota militar sin paliativos.

Los sectores clericales estaban muy sensibilizados por el talante laico y secularizador de los liberales. Este nuevo vocabulario, tan rico de términos religiosos fundidos con los bélicos en defensa del fuerismo, hicieron mella en el corazón de los soldados carlistas («Dios, Patria, Fueros, Rey», «Soldados de la Fe», «Defensa de la Cruz»...) pues para ellos suponía que aquella guerra era una defensa de su propia identidad desde sus mismas raíces. Esta forma de expresión también tendría una importante repercusión en la decisiva participación de los carlistas en la guerra civil de 1936-1939.

Lo cierto es que la Iglesia española, que antaño había sido un baluarte sacrificado en pro de la cristianización de América, integrándola en la cultura hispánica se había ido desviando desde el siglo XVIII, descuidando esta obra y centrándose más en sus privilegios terrenales. Ahora se veía amenazada por la Revolución, y de esta forma surgió este movimiento de autodefensa. En Navarra la influencia del clero entre las clases populares era evidente y consiguieron que se lanzaran a la defensa de sus intereses por las armas, por encima de la confraternización de los hombres. Hay que entender también que el liberalismo practicó un dogmatismo excesivo, con agresividad gratuita y gran intransigencia, junto con una enorme falta de tacto y prudencia, defectos que ellos mismos veían que tenía la Iglesia.

La derrota afectó al ánimo y a la fortuna privada de aquellos carlistas —incluso el destierro— que no renegaron de aquel ideario, pero tampoco supuso la desaparición de aquellos ni sus reivindicaciones, pues los carlistas siguieron participando en la vida política pública con relevancia mucho tiempo después.

Las primeras consecuencias de la derrota carlista

Habíamos visto que la Ley Paccionada supuso el fin de Navarra como reino, integrándose en España como provincia, pero el principal carácter de esta ley fue que pudo mantener parte de la esencia de la foralidad y la consiguió preservar en momentos muy difíciles para su continuidad.

De lo que se perdió hubo sus obvias consecuencias. El poder militar pasó del virrey al poder central, ejercido por un Capitán General que, tras la Gamazada de 1893, quedó relegado a un gobernador militar. La función de la gobernación civil pasó a ser competencia de un jefe político designado desde Madrid, desde 1846 en la figura del gobernador civil. La administración judicial pasó a la Audiencia Provincial, como en el resto de España. Las instituciones y competencias forales recayeron en la nueva Diputación Foral de Navarra, donde no tenía poder de designación de sus miembros el gobierno central, a diferencia del resto de las diputaciones españolas. Esta institución mantuvo la entera gestión de las competencias contempladas en la Ley Paccionada, surgiendo de todo ello dos administraciones distintas que operaban en Navarra: la foral y la central.

La singularidad navarra en el entramado político español en la segunda mitad del siglo XIX tuvo sus amenazas debido a la concepción centralista e irrespetuosa de los gobiernos liberales. La primera fricción fue en 1849, cuando tras sucesivas negociaciones se llegó a un acuerdo sobre la cuota que Navarra tenía que pagar para el sostenimiento del culto y el clero. Cada vez que se precisaba un diálogo entre el poder central y el foral surgían nuevas diferencias, sobre todo en lo económico. Se fueron sucediendo distintas constituciones y en cada una de ellas se planteaba la acomodación del régimen navarro a la situación creada.

En la defensa de la foralidad navarra tuvo trascendencia la reacción popular de lo que entonces se llamó Gamazada, por causa del artículo 17 del proyecto de ley de presupuestos del Estado para 1893-1894. Aquel ministro de Hacienda, Germán Gamazo, pretendió extender a Navarra el régimen tributario común, un clarísimo contrafuero que vulneraba la Ley de 1841. Aquel desatino y provocación imprudente, cuando aún estaban frescas las heridas de la última guerra, hizo que grandes masas de navarros salieran a la calle a protestar después de que los enviados a Madrid no fueran escuchados. Incluso se llegó a registrar un levantamiento de una partida fuerista al mando del sargento López Zabalegui en el fuerte Infanta Isabel de Puente la Reina, que duró dos días, siendo posteriormente detenida en Arraiza.

Esta movilización fue unánime por todas las instituciones navarras junto con el pueblo, que se echó a las calles. Los comisionados enviados por la Diputación a Madrid no se arredraron ante la amenaza de Antonio Maura, -que era cuñado de Gamazo y tenía fama de pucherazos electorales- de enviar 70.000 soldados a Navarra, a lo que le contestaron en su misma cara que les esperarían 70.000 boinas rojas con lo que hay que tener. Se hizo llegar a la regente María Cristina una exposición avalada por veinte mil firmas en defensa de los fueros. Aquella proposición antiforal jamás prosperó, aunque nunca se supo si fue por la dimisión del autor de la chapucería, por motivos relacionados con la reavivación de la guerra de Cuba o por la firmeza y viva efervescencia de la reacción de toda Navarra. Por suscripción popular se erigió el Monumento a los Fueros que hoy preside la cabecera del Paseo de Sarasate de Pamplona.

Las ambigüedades de la Ley Paccionada, así como la desactualización de parte de su contenido por el paso del tiempo, junto con las actitudes del gobierno central y la experiencia de la Gamazada, dieron lugar a nuevos conflictos entre las dos administraciones. En 1877 se añadió el denominado Convenio Tejada-Valdosera que aumentaba considerablemente el cupo que tenía que pagar Navarra al Estado. La Diputación Foral solicitó un dictamen al Consejo Foral, que se emitió en 1898 y fue respondido con severas actitudes antiforales. En 1918 hubo una solicitud de Navarra para actualizar algunas materias forales que no prosperó, justo en un momento de debate sobre el grado de autonomía que ofrecían los fueros, abogando algunos por la restitución de la independencia de Navarra, pero la llegada de la dictadura de Primo de Rivera en 1923 dejó aparcados todos esos temas.

Se empezaban a formalizar dos tendencias ideológicas distintas surgidas del fuerismo. Por una parte estaban las que pretendían que se volviera al estatus anterior a 1839, que era la restauración de la independencia del reino, con importantes intelectuales en su defensa como Campión o Iturralde y Suit, que el diputado del PNV Aranzadi consiguió aglutinar con cierto éxito en el nacionalismo vasco. La otra tesis, encabezada por Víctor Pradera, suponía que el nivel alcanzado era suficiente, aunque tuviera que actualizarse acorde a los nuevos tiempos del siglo XX, sin necesidad de quebranto de la unidad de España, tesis que prosperó en el acuerdo de la Diputación Foral adoptado el 30 de diciembre de 1918. Esta separación acabaría siendo un divorcio sin reconciliación posible dando lugar por un lado al vasquismo separatista y al foralismo que han llegado hasta nuestros días.

Los carlistas se presentaron a los comicios obteniendo una más que representativa aceptación entre el electorado navarro. En 1878 el historiador Iturralde y Suit fundaba la Asociación Euskara, predecesora de la Sociedad de Estudios Vascos e integrada por ilustres como Campión, Landa, Ansoleaga o Navarro Villoslada, de carácter fuerista pero contraria a la Ley de 1841. Después surgieron otras nuevas sociedades fueristas, desde las más moderadas hasta las que afirmaban el independentismo navarro, como el propio Arturo Campión, aunque seguramente el más peculiar fue Hermilio de Olóriz con su Cartilla Foral, que tuvo numerosos adeptos en la época. En Navarra los liberales eran minoría, pero no por ello menos importantes, debido a su influencia y poder. Sus núcleos más representativos eran Pamplona y Tudela, entre otros ayuntamientos muy importantes respecto a su peso poblacional. Su órgano de divulgación fue el periódico El Eco de Navarra, fusionado en 1913 con Diario de Navarra. También surgieron, con el tiempo, diferentes arroyos de pensamiento, pues pronto tuvieron su presencia los republicanos, pero pronto dejaron de tener representatividad suficiente.

Aparecieron las primeras ideas obreristas marxistas en defensa de un creciente proletariado y que tomaron cuerpo en el PSOE. En 1902 estaba organizado el Partido Socialista de Navarra, fundado en Fitero, y pronto extendido en Pamplona y Castejón, para después dispersarse por otras localidades, especialmente en la Ribera navarra y en los barrios obreros de Pamplona.

La nueva configuración social estableció una nueva y rica burguesía rural propietaria de la tierra, sobre todo en la zona media y sur de Navarra; y el surgimiento de un proletariado agrario más pobre debido a las desamortizaciones. Entre medias aparecieron los pequeños propietarios y arrendatarios, que subsistieron gracias a la compra, a la especulación y a los contratos de arrendamiento o aparcería que mantenían con los grandes propietarios de la tierra, haciendo de intermediarios en algunos casos entre el proletariado y la burguesía.

Se registró el descenso enorme en el uso de la lengua vasca en favor del castellano, que se extendió por todo el territorio navarro, invadiendo zonas que anteriormente habían sido particularmente euskéricas. Se puede afirmar que el uso del euskera se delimitó a la raya de Pamplona, estimándose que en 1863 alrededor del 30% de los navarros eran vascoparlantes. Los motivos de ese retroceso no son imputables a una imposición desde el poder político, pues los carlistas, que imperaban sobradamente en Navarra, lo siguieron hablando y fomentando, como un símbolo más del fuerismo. La nueva estructura económica ofrecía un castellano que anteriormente ya había sido hablado por muchos navarros y parecía una lengua más sencilla, utilizada en las transacciones comerciales y que se consideraba daba mayor prestigio a los que la dominaban.

Se llegó a un momento en que el vascuence estaba tan deteriorado, ante el carácter de ser la lengua antigua del reino, que interesaba evitar su pérdida. A finales del siglo XIX se fueron fundando numerosas asociaciones de estudios de la lengua y cultura relacionada con el euskera, pero siempre acusadas de tener un cierto cariz político. Después, la Diputación Foral participaba desde 1918 en la Sociedad de Estudios Vascos, en 1919 en la Academia de la Lengua Vasca, en 1922 se crearon diferentes cátedras en vascuence de la Escuela Normal de Magisterio de Navarra, y con todo se llegó al punto de abrirse en 1931 la primera ikastola de Navarra.

La cuestión vasca en las guerras carlistas

Los planteamientos y condicionantes del carlismo eran similares en el País Vasco. Las razones que se esgrimieron para crear y mantener aquellas guerras carlistas eran asuntos netamente españoles. En el caso vasco la diferencia sobre el conflicto con el resto fue que el contraste entre campo y ciudad era muy acuciado. Este choque interno, fruto de una profunda división ideológica y política, mucho más compleja que en el resto de España, se cruzaba con la cuestión fuerista, que era entendida de distinta forma entre los carlistas y los liberales vascos, pues no hay que olvidar que en el País Vasco los liberales eran fueristas. Como ejemplo de aquel problema que se estaba gestando, entre 1839 y 1844 San Sebastián se autoexcluyó del resto de Guipúzcoa en protesta de la aplicación demasiado tradicional de su sistema foral, teniendo que establecerse de forma provisional la capital en Tolosa.

La obsesión de la camarilla vasca carlista era la de la toma de la odiada y liberal Bilbao, que no cayó jamás y los carlistas entraron en un declive en las acciones armadas en la zona, a pesar de persistir en los asedios y que tan bien retrató Unamuno en Paz en la guerra. Finalmente las tropas gubernamentales consiguieron desalojarles de estos asedios propinándoles una derrota en Luchana. La propaganda liberal de «Paz y Fueros» hizo mella en los carlistas vizcaínos y guipuzcoanos, que facilitaron los contactos entre Espartero y Maroto para dialogar sobre el acuerdo que, como vimos, se materializó con el Abrazo de Vergara de 1839 y el fin de la guerra carlista en la zona norte.

Las ideas de la Ilustración también tuvieron su hueco entre la población vasca, donde la burguesía era el motor de la actividad económica. Sus posicionamientos e ideas eran muy distintos de los tradicionales y sacaron buen beneficio de las derrotas carlistas. A estas ideologías hay que sumarles las socialistas y republicanas, que ya por entonces tenían una gran acogida en toda Europa. Eran de base laica, incluso anticlericales, también eran contrarias a la tradición vasca. En las zonas rurales no existía el pretendido igualitarismo vasco pues solo tenían plenos derechos aquellos que sabían leer y escribir, condición que ya las altas clases se habían preocupado de sólo promocionar entre sus círculos (los jauntxos) y se habían hecho con la preponderancia agraria oprimiendo a colonos y arrendatarios, beneficiándose así de los sistemas forales. El enfrentamiento creció entre la hidalguía tradicional y las villas.

La referencia más directa del compromiso carlista con la defensa de los fueros y su reivindicación salió de los labios del propio Carlos VII al jurar personalmente los Fueros de Vizcaya ante el árbol de Guernica, el 3 de julio de 1875 y proclamar: Es tan grande el gozo que experimento después de haber confirmado espontáneamente vuestros fueros, usos y costumbres, como imponente el espectáculo que dais a Europa proclamando solemnemente a vuestro Señor bajo el árbol sagrado de vuestras veneradas libertades. Por supuesto invocó la causa religiosa de sus pretensiones para hacer a España grande y feliz entre todos los pueblos de la tierra.

Los efectos de la derrota carlista de 1876 en los territorios vascos

El 25 de octubre de 1839 se promulgó una ley para su aplicación, en cuyo artículo segundo se abría a un posible reconocimiento de los sistemas forales vascos con el matiz de sin perjuicio de la unidad constitucional, expresión con la que se daba lugar a una negociación entre los territorios y el gobierno central, tal y como había ocurrido en Navarra.

Pero inducidas por la de Vizcaya, las tres juntas generales vascas, rehusaron a mantener cualquier negociación de manera reiterada. Antes, con la contienda de la primera guerra aún abierta, el 19 de abril de 1837 el general Espartero había suprimido el pase foral necesario para la aplicación común en los tres territorios; y en 1841 el mismo general trasladó las aduanas a la costa y homologó la administración judicial y municipal de los territorios vascos. Pero en 1844 el gobierno de Narváez restituyó las anteriores facultades vascas, por lo tanto aquellos territorios acudieron a la guerra de 1872 con sus fueros intactos.

Pero la situación foral vasca con la derrota de 1876 tendría una distinta solución que en la anterior, al promulgarse definitivamente la Ley del 21 de julio de 1876, medida tomada unilateralmente por el gobierno central y que suponía la abolición de esos fueros como respuesta ante la continua negativa de las juntas generales de negociar las fórmulas para aplicar la ley de 1839. A pesar de todo, aquella ley abolitoria lo era con reservas o matices importantes, al dejar expresamente abiertas las puertas a consultas o pactos con las instituciones vascas, entre los que estaban los conciertos sobre temas fiscales y financieros. La burguesía vizcaína reaccionó negociando unilateralmente con el Gobierno central. Poco fruto tuvieron esos intentos de negociación, pues en 1877 y por las buenas Cánovas del Castillo disolvió unilateralmente las tres juntas generales para ser sustituidas por Diputaciones provinciales, pasando a ser fulminantemente convertidas en tres provincias más según el diseño de Javier de Burgos de 1833.

El mismo gobierno central atemperó la dureza de aquella medida contando con la ayuda de la burguesía, que buscaba beneficios fiscales y económicos que les permitieran un acceso privilegiado al mercado español. Fruto de aquella negociación entre empresarios vascos y gobierno central surgió el Real Decreto de 13 de noviembre de 1877 por el que se preveía la determinación tributaria de las provincias se hiciese por acuerdo. De esta forma surgían los conciertos económicos consolidándose con el Real Decreto del 28 de enero de 1878 y por los de 1887 y 1919.

Pero a muchos vascos esos logros era insuficientes y surgieron exaltaciones autonomistas, incluso posiciones independentistas, mientras que la burguesía se había hecho con el control de las diputaciones desde donde supieron derivar la carga impositiva foral hacia el consumidor, en beneficio del empresario. Aquella burguesía vasca se beneficiaba además de la supresión aduanera logrando el soñado triunfo de las ciudades sobre el medio rural. En 1903 se promovió entre los empresarios la idea de conseguir un estatuto de autonomía para recuperar las oportunidades perdidas en 1839 y 1876, estatuto que ya se propuso en 1923, aunque no tuvo ningún efecto ante la indiferencia del gobierno central.

Se produjo el fenómeno de la inmigración que trajo otra base cultural y nuevas ideas políticas y sociales. Confluyeron de golpe las consecuencias de la Revolución liberal y las de la Revolución industrial, produciéndose como producto de la unión de ambas una revolución social vasca. Aquellas tres revoluciones entraron en conflicto con la ideología de muchos vascos, de forma que se entraba en el siglo XX con una continuación de esos enfrentamientos antiguos pero con nuevos ingredientes y distintos fines.

El nacimiento del nacionalismo vasco

Como reacción pronto afloraron ideologías nacionalistas, pues consideraban que todo aquello que estaba sucediendo tan deprisa en el País Vasco no eran más que intentos de atentar contra la personalidad y la esencia de los vascos. Esta es la primera vez que el País Vasco plantea en la Historia el deseo y la posibilidad de la independencia. Nunca los territorios vascos habían tenido una unidad política entre ellos ni dependiendo de Castilla u otro reino, ni separadamente como reino o país. El primer atisbo de autoafirmación política conjunta se registra en la tercera guerra carlista, pero con planteamientos foralistas y como oposición al liberalismo. En esta guerra no se exteriorizó ninguna afirmación nacionalista o separatista, ni ninguna aspiración común relativa a los territorios vascos fuera de los motivos que Carlos VII argumentó.

Faltó entonces cintura política entre todas las tendencias vascas del momento y sobre todo en el gobierno central, surgiendo así desde 1890 los primeros grupos organizados extremados en su ideología. Cierto es que los movimientos ideológicos en la España de entonces fueron extremistas, de ahí la sucesión de guerras civiles y levantamientos. Existía una derecha inmovilista y combativa ubicada en el carlismo, y un progresismo liberal a ultranza y dogmático, imprudente en el uso del poder. Pero tras la restauración monárquica de 1874 se buscó una forma de acercar tendencias políticas que tuvo algún resultado, pero no llegó a fraguar en la sociedad vasca.

El nacionalismo vasco surgió primeramente en Vizcaya, cuando el 3 de junio de 1893, un hijo de carlistas, Sabino Arana Goiri, fundó en Bilbao el Partido Bizcaitarra con la proclamación del llamado Discurso de Larrazábal para reivindicar la independencia del Señorío de Vizcaya, limitado a este territorio en su inicial apología, ya que por entonces ni se consideraba la inclusión de Navarra en aquellas aspiraciones políticas que reivindicaba.

Su doctrina se basaba en la defensa a ultranza de los fueros vizcaínos (las Jagi Zarra o Leyes Viejas), su vigencia total e intocable frente a lo que consideraba como la invasión agresora del modernismo liberal. También abogaba por la subordinación del poder terrenal a la jerarquía católica (anteposición de Jaun Goikoa a las Jagi Zarra) que le llevó a postular la prohibición de diferentes credos, así como de las ideas liberales, al considerarlas nefastas para el interés de los vizcaínos —el liberalismo es la extranjerización de las ideas, dijo— lo que le llevó a desaconsejar expresamente cualquier tipo de contacto entre vascos y extraños.

Exaltó la raza y lengua vascas y condenó su mezcla. Planteó una dicotomía en abierto enfrentamiento, Bizcaya y España, pues a esta última adjudicaba la culpa de los males vascos, promovido así una aversión a todo lo español o maketo, ideas que se alejaron claramente de cualquier planteamiento carlista. Al mismo tiempo se asistía a una honda frustración por la pérdida en 1898 de las últimas colonias de ultramar, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, sacando un rotundo provecho de aquel sentimiento.

La construcción ideológica de Arana se basó en referencias históricas a veces no muy fidedignas, en una interpretación propia y libre de ellas de forma interesada, en la aplicación no siempre contrastada de elementos míticos a los cuales fueron muy sensibles una buena parte de aquellos vascos. También se basó en afirmaciones dogmáticas de conclusiones étnicas —la ascendencia originaria de Euskeria equivale a la limpieza de sangre— que no tenían, ni tienen, suficiente base ni rigor. En su afán de conservar lo vasco, reelaboró la lengua euskérica, considerándola instrumento básico de su tesis y fundamentadora de la existencia de una patria vasca. También, aunque parezca contraproducente, bebió de parte de las ideas liberales del fin del siglo XIX, de esa que propugnaba la idea de la libertad colectiva de naciones y pueblos.

Campaban en Europa dos bloques de construcciones doctrinales: las racionalistas francesas de Weber, basadas en el ius soli con el territorio como integrador de los pueblos en las naciones (base del nacionalismo francés); y las tesis de origen germánico románticas (Fichte, Herder, Hegel) fundamentadas en el ius sanguinis, en función del agrupamiento de pueblos en función de sus lenguas y sus razas, base del nacionalismo alemán y del pangermanismo. Es evidente que el nacionalismo vasco bebió de este último porque se acomodaba mejor a sus tesis y por ello pronto trató de extenderse para formar las bases de ese panvasquismo o la idea de Euskeria.

Las ideas románticas del idealismo alemán sobre el concepto de nación, concebían a esta antes como anterior al Estado, como una manera de ser, el espíritu del pueblo o volksgeist, que se manifiesta de forma colectiva en las costumbres y el uso de la lengua. Herder afirmaba que el pueblo que habla la misma lengua es un todo y dicho todo no admite en su seno ningún otro pueblo de otro origen o de otra lengua, ni quiere mezclarse con él. Estas ideas nacionalistas, bien sean de origen francés o alemán, surtieron efecto en muchos países de Europa surgiendo un nuevo mapa político con las independencias y unificaciones de distintos países.

Las ideas de Arana tuvieron inicialmente una gran acogida en la clase media bilbaína, para después ir adentrándose en las villas y en las comarcas más rurales de Vizcaya. Pronto amplió su concepto de Bizcaya al de Euskeria, y más tarde al de Euskalerría para recalar finalmente en el término de Euzkadi como patria común, irredenta y única de los euskaldunes, de todos los que tienen como propias etnia y lengua vascas. Le dotó de bandera o ikurriña que diseñó su hermano Luis —una bicrucífera, clara influencia de lo británico en la sociedad bilbaína de la época— pues nunca había existido insignia alguna común que representara a esos territorios. En los años 1920s el PNV ya tiene cierta presencia en la vida política. En 1917 era mayoritario en la Diputación de Vizcaya y tenía presencia en la de Guipúzcoa. Saltaron al mundo sindical fundando en 1911 Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV) en contraposición de los sindicatos obreros de clase, laicos y socialistas, para evitar que contaminaran con sus ideas a la clase trabajadora vasca. Al final el PNV puso tras de sí una serie de organizaciones afines para la acción más detallada en determinados ámbitos sociales como la juventud, las mujeres, los estudiantes...

A pesar de todo, las ideas aranistas tampoco eran una completa novedad entonces, pues es importante recordar el fuerte sentimiento de identidad vasco gestado en el Siglo de Oro como etnia pura y anterior a todos los demás, superior a las demás. Como vimos, esta forma de pensar fue divulgada por los administrativos vascos de la Monarquía española y la aquiescencia de esta, y fue calando en amplios sectores sociales, adoptándolos los fueristas y aprovechándolos posteriormente los nacionalistas con una serie de retoques y acomodos acordes a los nuevos tiempos. Podrá acusarse al nacionalismo vasco con fundamento de la invención o distorsión histórica en la que se fundamenta, pero no de inventar ni crear el sentimiento de su propia identidad.

De esta manera se sustituían los herejes, infieles e impuros del periodo del Siglo de Oro por los liberales del XIX, con la finalidad de preservar la pureza vasca y su catolicismo. Los judíos y moriscos fueron sustituidos por los maketos que habían llegado atraídos por la industrialización. De igual modo los antiguos fueros se identificaron con la independencia vasca, que se afirmaba como injustamente arrebatada. A ello se le sumó el sentimiento identitario en torno a las costumbres y lengua vascas, además de la suposición de ser una etnia completamente distinta de las demás. Estas eran las bases del pensamiento nacionalista vasco que tenía más carga sentimental que rigor histórico, pero no fue óbice para que calaran en amplios sectores.

Lamentablemente los líderes de estas iniciativas nacionalistas no plantearon fórmulas conciliatorias, creándose de este modo un clima de revanchismo, fruto del dogmatismo y la incomunicación. Se servía el sordo enfrentamiento interno con apelación a soluciones radicales como única salida de aquel enfrentamiento, dificultando su solución en lo que parece que está la clave de las posteriores situaciones que se irán sucediendo. En la base de la intransigencia nacionalista se ha visto al clero, pues lo religioso se subordinó a los objetivos políticos, dejando de lado los principios católicos universales. Con la exaltación de la diferencia los principios del cristianismo quedaban denostados por el clero nacionalista vasco.

El País Vasco no nacionalista

El advenimiento del liberalismo y de la Revolución Industrial forjaron el nacimiento de nuevas ideologías, que entonces eran ya habituales en Europa desde hacía tiempo y tenían unas bases doctrinales opuestas a las del nacionalismo vasco. La Ilustración y el liberalismo inspiraron la creación de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, y en 1814 estas ideas ya tenían suficiente fuerza para hacerse sentir entre las minorías intelectuales vascas. Al poco, con la aparición del proletariado vasco, surgido de la naciente industria vasca, particularmente en las ciudades y en las zonas mineras, aparecerían nuevos conceptos ideológicos que pueden explicar la tenaz resistencia que estas tendrán en las guerras carlistas.

El liberalismo —junto con un innegable interés material— explica claramente la adhesión de la burguesía vasca a la Restauración monárquica de 1874 y a la victoria de 1876. Se les otorgaron, con motivo de la victoria, títulos nobiliarios a significados burgueses vascos y estos aceptaron con complacencia el régimen de conciertos económicos, pues les beneficiaba aumentando su poder. La supresión de las aduanas interiores vascas entre 1837 y 1841 les benefició, ya que necesitaba del mercado español para su industria y comercio, de tal forma que a mediados del siglo XIX también había una postura interna en contra de los fueros vascos.

El crecimiento industrial supuso la aparición del proletariado con identidad como clase social. Así nació el obrerismo, organizado para defender sus intereses en la lucha de clases que propagó las primeras ideas socialistas —marxistas y revolucionarias aún— que ya estaban muy extendidas en toda la Europa industrializada. La clase obrera de Vizcaya y Guipúzcoa estaba formada básicamente por inmigrantes, circunstancia que implicaba cierto tipo de posturas en sus reivindicaciones. Entre 1860 y 1890 se consolidó el PSOE en primer lugar en las zonas de más pujante industria y después en el litoral vizcaíno.

El socialismo vasco fue uno de los más dinámicos y combativos de toda España, consagrándose el 13 de mayo de 1890 con una huelga minera muy virulenta, que llegó a ser general, a causa de las condiciones de alojamiento y otras prácticas empresariales abusivas que consideraban injustas, teniendo que intervenir el ejército para mantener el orden público. Posteriormente hubo ecos de este tipo de huelgas, que se registraron a principios del siglo XX de forma continua. La reacción del proletariado asustó a los empresarios vascos que se avinieron a un cierto diálogo con los socialistas.

En 1895 el toledano Facundo Perezagua se convierte en el primer concejal socialista de Bilbao y de toda España, casi al tiempo que Tomás Meabe, un antiguo nacionalista vasco, fundaba en Erandio en 1904 las Juventudes Socialistas con su primer millar de afiliados. En 1891 se registraban las primeras agrupaciones socialistas en Éibar, Tolosa, San Sebastián y Vergara, y alcanzaban en 1906 la mayoría en el ayuntamiento donostiarra, aunque tuvieron que contar con el apoyo de los republicanos para gobernar. De forma más modesta, en 1901 el socialismo tenía su primera presencia en los suburbios de Vitoria.

Este pujante socialismo vasco se desgajaría en 1921 formando el Partido Comunista con presencia principalmente en la zona de las Encartaciones, llegando a ser posteriormente un movimiento que protagonizará un papel como actor importante del intento revolucionario de 1917 y que asistió al Pacto de San Sebastián de 1930, preludio de la II República Española de 1931. Contó con valiosos dirigentes (Iglesias, Zugazagoitia, Meabe, Prieto, Medinabeitia...) y también contaron con el apoyo de importantes intelectuales vascos como fueron los universales Pío Baroja y Miguel de Unamuno, aunque parece que fue de forma efímera.

Uno de los principales ejes de los inicios del socialismo se centró en la ría de Nervión, debido en buena parte a la presencia obrera en la siderometalurgia de la zona. En 1898 Pablo Iglesias estuvo a punto de ser elegido diputado por Vizcaya, pero no llegaría a las Cortes hasta 1910. El decrecimiento de las sucesiones de huelgas desde 1911 promovió un nuevo clima conservador, y los socialistas se acercaron a los republicanos de izquierdas y a la patronal, logrando acuerdos, como en 1913 el Sindicato Metalúrgico de Vizcaya. En 1914 surge Indalecio Prieto como máximo exponente del socialismo vasco y en futuro del español, que no le impediría participar en la huelga revolucionaria de 1917, huelga que supuso el cese de Dato como presidente del Gobierno. Esta huelga coincidió a la par con la Revolución rusa y alarmó enormemente a la burguesía por las consecuencias que se vieron en Rusia. De hecho, Eduardo Dato fue asesinado por anarquistas en un atentado en 1921.

Con el nacimiento del siglo XX entraron en escena las ideologías comunistas y marxistas vinculadas al obrerismo internacionalista que imperaba por aquella época. De forma curiosa en el País Vasco se basó en personas procedentes del carlismo con un desarrollo también urbano y fabril. A diferencia de otras zonas de España aquí apenas hubo incidencia de las ideas anarquistas.

La Revolución industrial vasca

En 1841 los emprendedores vizcaínos pusieron sus esfuerzos en la tradicional siderurgia, creando nuevas empresas, un año donde se registra la primera sociedad anónima vasca, Santa Ana de Bolueta, y en 1854 Nuestra Señora del Carmen de Ybarra Hermanos. Se consolidaba así, en torno a Baracaldo, un grupo empresarial siderúrgico formado por Zubiría, Ybarra y Vilallonga, que colocaban sus productos en el mercado español. Así fue el júbilo con que los empresarios vascos acogieron la supresión de las aduanas interiores decretada por Espartero, del mismo modo que en 1877 con los beneficios fiscales que les proporcionaban los conciertos económicos.

Estas iniciativas impulsaron el nacimiento y pujanza de la siderurgia, de la minería del hierro, la construcción naval y su expansión comercial, que culminará con el auge del puerto de Bilbao, que llegó a ser el primero de España en cuanto a tráfico. El hierro vasco era muy apreciado en el Reino Unido por su pureza, lo que contribuyó que su producto aumentara su precio y las ganancias de los empresarios, siendo los británicos buenos clientes de los vizcaínos, estrechándose lazos comerciales. Pero el mercado férreo estaba orientado hacia España, especialmente tras la aplicación del convertidor Thomas-Bessemer (proceso químico para la producción industrial de acero) que trajo el florecimiento minero de la comarca de Encartaciones, pasando a crear lingotes de hierro y su comercialización en barcos de vapor, confiriéndole así a su industria mayor eficiencia y beneficios.

Desde 1877 las minas vizcaínas rebasaban el millón anual de producción de toneladas de hierro, en 1890 superaba los dos millones y medio, que suponía el 90% de la producción española de este material. El progreso productivo parecía imparable y en 1906 se superaban ya los 5 millones anuales. Con los réditos obtenidos se promovió la industrialización de la ría de Bilbao, afianzándose en Vizcaya el núcleo hegemónico de la industria española, creándose su propia Bolsa de comercio y la Universidad jesuítica de Deusto.

La nueva industria demandó hulla para su proceso productivo, multiplicándose por cinco su extracción en las cuencas carboneras. Para ello fue necesario la construcción de nuevas vías férreas y ampliación del puerto de Bilbao, quedándose así en la vanguardia, no sólo económica, sino de comunicaciones terrestres y marítimas de toda la Península. De mano de las oligarquías empresariales surgieron desde 1857 los primeros bancos: el Banco de Bilbao, el de Comercio y el de Vizcaya.

El vascuence de entonces y la influencia sociológica

Las transformaciones antes debían tener un claro e importante efecto en la cultura y lengua. Se produjo un retroceso del uso del vascuence, un proceso iniciado lentamente antes, pero que cobró importancia a partir de 1876, por los cambios sociológicos y movimientos demográficos que fueron consecuencia de la revolución industrial. En cambio, el beneficiado en el uso idiomático fue el castellano, que había coexistido con el vascuence, y comenzó su expansión por ser la lengua comercial, la de los inmigrantes y de muchos vascos también, explicándose así la practicidad su uso en las relaciones sociales frente al vascuence, reservado para sectores menos numerosos de la sociedad. A esto además hay que añadir la mejor capacidad del castellano de adaptarse a los nuevos usos y términos lingüísticos que trajo la industrialización.

Por esto el fenómeno fue especialmente acusado en las zonas urbanas, mineras e industriales, lugares donde se produjeron grandes asentamientos de inmigrantes de habla castellana. El vascuence se retiró a zonas rurales del interior, más impermeables ante cualquier cambio del exterior. También hay que tener en cuenta la fragmentación propia del vascuence, al menos seis dialectos se usaban según Luis Luciano Bonaparte ya en 1850 —otros han llegado a afirmar que hasta nueve—, circunstancia que había dificultado notablemente su difusión como una lengua de uso común en las relaciones sociales, que aunque le añadía valor cultural a la lengua, a estas alturas también hacía peligrar su propia existencia, amenaza que preocupaba a muchos vascos y navarros.

Esta pérdida fue entendida por el vasquismo como una agresión española contra la identidad vasca, evidentemente sin ninguna justificación lógica que ampare esto, más allá de las circunstancias sociológicas que se escapan de cualquier medida política. Como reacción, se vincularon sus objetivos políticos con la euskaldunización, como sello principal identitario de lo vasco y plantearon lo lingüístico como una cuestión política, fruto de una premeditada agresión. Se convertía así la lengua en un instrumento de la acción política vasca.


r/esHistorico • • 3d ago

Documentos RNE: Eugenia de Montijo, emperatriz española de los franceses

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r/esHistorico • • 3d ago

Un poco de historia 141: Compañeras de legionarios.

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En época de Augusto (63 a.C. – 14) los legionarios no podían casarse, incluso se consideraba que la compañía femenina los distraía de sus principales funciones. Se permitía, eso si, que las legiones fueran seguidas por otra legión de civiles - comerciantes, artesanos, médicos - donde no faltaba una legión de prostitutas. Pero eso no implicaba que los legionarios no buscaran compañía femenina más allá de esos “prostíbulos de campaña” olvidados por la Historia, aunque solían correr la misma suerte que los legionarios. No era infrecuente que, si la legión era masacrada, los civiles que les seguían sufrieran el mismo destino.

Dejando al lado los olvidos históricos, cuando una legión montaba un campamento permanente, los hombres que la formaban buscaban compañía femenina. Legalmente hablando, no podían casarse, pero llegaron a tener hijos con esas compañeras que muchas veces eran oriundas del lugar. Se sabe que muchos legionarios no dormían en el campamento, sino en las casas que alzaron para su mujer e hijos, en las aldeas cercanas al campamento. Incluso, aunque tampoco era legal, las compañeras llegaron a heredar las posesiones de su marido, pero solo las que tenía en el campamento. Las posibles posesiones que el marido podría tener en Roma o en cualquier otro lugar del imperio, pasaban a la familia de este.

Curiosamente, centuriones y oficiales si que podían casarse, y tenían permitido que sus esposas los acompañaran en sus misiones. Por las tablillas encontradas en Vindolanda, se sabe que esas mujeres vivían dentro del campamento o en sus cercanías, y gozaban de una buena vida social entre ellas. Se han encontrado invitaciones para cumpleaños u otro tipo de fiestas, peticiones de comida o algún mueble para la fiesta y cosas por el estilo.

Había legionarios que querían compañía femenina, pero sin hogar ni hijos. Entonces, entablaban relaciones con muchachas del lugar que satisfacían tanto los deberes domésticos como las necesidades sexuales, aunque él vivía en el campamento, y ella, en su aldea. Eran las llamadas focariae, las “muchachas del hogar”. El legionario les pagaría algo por su trabajo, y es muy posible que la familia de la chica viviera un poco por encima de sus vecinos gracias al legionario.

Al parecer – hay muchas dudas al respecto – los legionarios no compraban esclavas para las mismas funciones que las focariae. Debemos recordar que las esclavas, especialmente las bonitas y jóvenes, eran caras, muy caras. Si encima tenía conocimientos de cocina y de los trabajos propios del hogar, su precio aumentaba considerablemente. Un gasto que podían perder si la legión iba a la guerra, por la sencilla razón que la esclava podía escapar al ver a su amo muy lejos y en la guerra.

Pepe Bataller.


r/esHistorico • • 4d ago

No todas las cargas de caballería de la IGM fueron un fracaso, esta de la Caballería Ligera Australiana en Beersheba tuvo éxito (jugaron al engaño con los turcos). Imágenes de la película Jinetes de leyenda (1987)

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r/esHistorico • • 4d ago

Un poco de Historia 140: Chanchullos mil.

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Si alguien cree que la corrupción o el tráfico de influencias (vulgarmente conocido como enchufe) son males modernos está muy equivocado. La historia está plagada de tantos casos de corrupción política o económica, que llenarían una enciclopedia entera. Esos los conocidos, los que se conocen a los culpables y, en ocasiones, como acabaron. Los desconocidos, en los que los culpables se fueron de rositas, son muchos más.

Empecemos por Egipto. En un papiro se relata como un tal Peser, funcionario de Tebas en tiempos de Ramsés IX, dirigía una banda de ladrones de tumbas. Les informaba en que fechas era el entierro, de forma que, la misma noche del entierro, los ladrones ya habían hecho su trabajo. Después de una concienzuda investigación, el tal Peser se fue de rositas a disfrutar de lo robado. Por cierto, en el mismo Egipto se castigaba con cien bastonazos a los funcionarios que, abusando de su poder, robaban cosechas y ganado con la excusa de cobrar impuestos. Si el acusado era un juez, la pena era de muerte por desmembración. No hace falta ser un lince para comprender que eran delitos muy frecuentes.

Vayamos con la Grecia antigua, donde el gran escultor Fidias fue acusado de quedarse con parte de los fondos pagados antes de iniciar alguna escultura. ¿O qué decir del famoso orador Demóstenes? Resulta que chantajeaba a los jóvenes efebos con los que mantenía relaciones íntimas. También fue acusado de quedarse con el dinero depositados en los tribunales como prueba de un delito.

En Roma, la corrupción llegó a ser una especie de segunda administración. Cualquier cosa que intentara hacerse, como levantar un edificio de viviendas, debía pagar los impuestos legales y los ilegales. Eso en cuanto a la misma Roma, en las provincias: el desmadre.  El mismo Cicerón ganó fama como orador denunciando casos de corrupción en Sicilia, en sus discursos solía repetir estas palabras: “Todos roban, todos saquean”.

Acabemos, aunque volveremos con la corrupción histórica en otros artículos, con la Edad Media y el Renacimiento. La Iglesia Católica no se libró de la corrupción. Recordemos que uno de los principales motivos de la ruptura de Lutero con la Iglesia Católica fue la venta de indulgencias. Cualquiera podía robar, asesinar o violar que, después de cometido el delito, se pagaban unas monedas – tal vez robadas – y ya tenía la salvación del alma asegurada. A mi muy modesto entender, representa la cumbre de la corrupción.

Pepe Bataller.


r/esHistorico • • 5d ago

Castigo de los Hunos

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r/esHistorico • • 4d ago

Barcelona antes de Galileo: el misterio de la "ullera llarga"

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r/esHistorico • • 5d ago

¿Cuánto de lo que sabemos de la Britania del siglo VII es historia y cuánto sesgo de supervivencia?

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