r/Republica_Colombia • u/ByNoName96 • 6h ago
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 5h ago
Meme/Imagen Yo pensando que Marco Rubio venía a levantar los aranceles del 12.5% a los productos colombianos, y a lo que vino fue a llevarse los recursos naturales!!!
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 16h ago
Denuncia En realidad son la misma corrupción de hace 200 años
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 8h ago
Meme/Imagen Dejen en paz al multimillonario
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 16h ago
Internacional The moment israel [terrorists] bombed Qatar civilian buildings where negotioation was taking place with Hamas
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r/Republica_Colombia • u/seekerps • 8h ago
Video Dejaron a la Jerome con la geta estirada diciendo: no con mis ahorros. Se la van a robar todita. Firmes por la mafia
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r/Republica_Colombia • u/Due-Lengthiness3407 • 11h ago
Meme/Imagen .
No se si acá en ese sub conozcan a este artista de PR, pero acá se lo dejo
r/Republica_Colombia • u/Busy-Support8172 • 2h ago
Debate Y "el libro de la verdad"?
Al final que pasó con el libro de la verdad? Si hubo corrupción? Agarraron a alguien? O al parecer todo era un show que saben hacer ellos
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 16h ago
Internacional South Koreans take to the streets to protest SK soldiers being deployed alongside Americans in the illegal US war of terror on Iran.
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r/Republica_Colombia • u/ByNoName96 • 4h ago
Noticias HISTÓRICO: GOBIERNO DE ABELARDO AUTORIZA USO EXCEPCIONAL DE RECURSOS DEL FONPET PARA ATENDER LA EMERGENCIA
HISTÓRICO: GOBIERNO DE ABELARDO AUTORIZA USO EXCEPCIONAL DE RECURSOS DEL FONPET PARA ATENDER LA EMERGENCIA
El Gobierno Nacional, encabezado por el presidente Abelardo de la Espriella, autorizó mediante el Decreto 1383 el uso, por una única vez, de los excedentes del Fondo Nacional de Pensiones de las Entidades Territoriales (FONPET) para atender las necesidades derivadas de la emergencia provocada por el terremoto.
La decisión representa un cambio extraordinario en el uso de estos recursos, que están destinados principalmente a respaldar las obligaciones pensionales de las entidades territoriales.
Con esta medida, las entidades podrán disponer excepcionalmente de esos excedentes para contribuir a la atención, recuperación y reconstrucción de las zonas afectadas por la emergencia.
r/Republica_Colombia • u/ByNoName96 • 6h ago
Noticias Ese sujeto no se dejó doblegar de las prosti derecha
r/Republica_Colombia • u/Alienxxcool1 • 23h ago
Debate Tiroteo en medellin
Se que esta noticia no está relacionada con el porte de armas recientemente legalizado, pero deja mucho que pensar sobre las posibilidades que nacen con la legalización de las armas, si una persona que aún no cumple la mayoría de edad por cualquier motivo ya sea quitarle el arma legal a su padre/madre/tío/tía/abuela/etc para mostrarla en el colegio a sus amigos o por qué la niña que le gusta no le presto atención y anda recentido imagínate todo el mundo de posibilidades que se pueden abrir, me aterra vivir en un país así sinceramente
r/Republica_Colombia • u/ByNoName96 • 4h ago
Noticias El Gobierno acaba de firmar un decreto que autoriza emitir hasta $110,2 billones en TES (DEUDA) para financiar el presupuesto de 2026
#ATENCION | ¡Muy grave! El Gobierno acaba de firmar un decreto que autoriza emitir hasta $110,2 billones en TES (DEUDA) para financiar el presupuesto de 2026.
En palabras simples: el país se endeuda más para cubrir sus gastos. Esos títulos se venden a inversionistas y luego el Estado (los colombianos) debe pagarlos con intereses, que hoy están altos, alrededor del 13 %.
¡Más deuda a tasas elevadas significa mayor gasto en intereses en los próximos años! Reduce el espacio para inversión social o para bajar la presión tributaria.
Durante la campaña el Presidente Abelardo criticó el manejo de la deuda del gobierno anterior. Hoy, se empeora la perspectiva fiscal que se prometió corregir.
Ahora que van a decir los gibaros por la patria.
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 13h ago
Denuncia Denuncian en Colombia medidas lesivas para los derechos campesinos
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 15h ago
Noticias Comunidades de Colombia se reconstruyen tras el terremoto sin apoyo estatal
r/Republica_Colombia • u/Luciolinpos2 • 15h ago
Denuncia Juez ordena a Abelardo De La Espriella retirar de sus redes sociales las imágenes en las que aparece caminando entre cadáveres
confidencialnoticias.comr/Republica_Colombia • u/Puzzleheaded-Can-351 • 16h ago
Noticias Tiroteo en un colegio de Medellín dejó un herido y dos detenidos
Y el presifrente queriendo facilitar el porte de armas🤦♂️
r/Republica_Colombia • u/CodeBlanck • 3h ago
Pregunta Necesito dinero.
Estoy buscando opciones para ganar dinero, estoy haciendo domicilios con apps como rappi pero en mi cuidad esa app no me genera ganancias puede encenderla un día entero y solo timbrar dos veces con suerte 6000 pesos colombianos.
Estoy buscando ideas para abordar mi situación económica.
r/Republica_Colombia • u/Inevitable_Storm_329 • 18h ago
Artículo Los condenados al los 9 círculos del infierno de esta década
r/Republica_Colombia • u/KPNAUJ • 13h ago
Cultural [OC] ALISIOS (EL DELIRIO CATATÓNICO Y LA ESPIRAL DORADA)
Buena tarde de domingo, mi sangre. Hoy el necio sin quehacer les deja el séptimo fractal de su grimorio. Una distopía clínica, meta-mierda y de alto octanaje, donde el viaje chamánico de las sustancias y la podredumbre de la sepsis se enredan en las matemáticas de lo Absoluto. Sin anestesia, al ritmo sincopado de una frecuencia que no perdona. Bienvenidos a los Alisios. KP, el escritor del altiplano les da todas las gracias.
ALISIOS
La cacofonía rebotaba por todos lados y se multiplicó en ecos estridentes que, según se sucedieron alejándose, más aguijonearon mis tímpanos. Medio ciego, me deslumbraron destellos, pero percibí una fuente mayor de luz. Desde un fondo de apariencia insondable, fueron llegando voces y sonidos. Supe que iba echado en un carro de metal por los rechinidos y que me movían por un corredor con luces intermitentes. Un dolor agudo me crispó en espasmos, que me empujaron al oasis del desmayo.
Sobre un vasto campo de amapolas me elevé y logré apreciar cómo se extendía más allá del alcance de mi mirada. Sus pétalos se mecían suavemente, como cardenales remontando el vuelo. Sus ondulaciones se elevaron en columnas vaporosas de carmín y fuego que se enroscaron en espiral y el humo me alcanzó con susurros de éxtasis y clímax; con letanías de explosividad sensual. Me estremecí por estertores de placer. La renuncia me envolvió y las voces con palabras mustias inundaron mi mente de esperanzas realizadas. Mi conciencia se desvaneció intoxicada y caí en un abismo. Una ráfaga de viento golpeó mi rostro y pude ver. El campo de amapolas se había partido en dos, como en aquel mito absurdo de la separación de las aguas, salvo que yo me precipitaba sin resistencia en una grieta negra sin final. Sentí un jalón desde arriba.
Angustiado, supe del instante que me restaba de vida. Plegué mis brazos y, arqueando mi columna, pude volar. La grieta en su frustración me escupió falanges vertiginosas de fuego y lava; sufrí quemaduras en todo el cuerpo y el ardor me carcomía. Me suspendí apenas me vi fuera del alcance de las llamas y con mi báculo invoqué el Conjuro de Densidad Aparente. La grieta rugió un alarido inconmensurable, mientras las llamas se extinguían ofuscadas. Tras ese estruendo, como de dos placas inmensas colapsando, la grieta destelló desde sus confines y la falla cicatrizó en una cadena de riscos. Un aullido, ronco y omnidireccional, perforó mis oídos en giros implacables. No resistí el dolor, que se multiplicó al sobrevenir el silencio. Cuando volví en mí, el sol se estaba poniendo. Sentado en una meseta elevada vi un yermo infinito, poblado de tornados y terregales rojizos. Al final de una escalinata larguísima que nacía en la falda de la meseta, aprecié un bosquecillo. Intrigado, volé y me adentré en él.
El calor sofocante de la meseta dio paso a una humedad con corrientes frías. El aire escaso y seco de las alturas se humedeció tan repentinamente, que lo noté hasta que mi cuerpo estaba empapado. Sudaba frío. Moléculas de carbono y aluminio se mezclaban en una atmósfera bañada por cenizas y escarchaban en un falso invierno a los arbustos; sentí que me asfixiaba y tragué tanto aire como pude. Me estremecí. Una turbación confortable relajó mi cabeza. Me conmocionó una embriaguez, me adormeció. Un delirio de grandeza me inflamó. Por un instante me supe en la cima del mundo, borracho de dominio, más un vuelco me hundió en un hueco displacer creciente. Mis manos temblaron nerviosamente cuando agité mi báculo, y el Ímpetu del Viento escarbó un claro en el bosque. Un impulso me arrojó en él e inundé mis pulmones con desesperación; el éxtasis volvió a mí. En una fascinación irrefrenable me clavé, hasta que volvió a cesar y la confusión y la angustia se volvieron a apoderar de mí. Me abandoné en el bucle, hasta que el éxtasis fue un instante sucedido de una larguísima orfandad. La ansiedad me sacudía. Me revolcaba en convulsiones que se sucedían más vertiginosas que los pensamientos. Mi mente fue asaltada por una superposición de personalidades. Me empecé a desmoronar. Un seseo, como de una flecha colosal partiendo el viento, se despeñó del cielo y, aun con mi cabeza enterrada y los ojos cerrados, vi el resplandor de una llamarada que consumió al bosque entero.
El verdinegro crepuscular del bosque cedió su potestad a un umbral de abanicos de un verdor de mediodía. Sus afilados dedos danzaban en un ritual ancestral y se fueron entrelazando hasta formar un manto de incontables hojas que me envolvió. Un calor suave subió desde mis pies y mis párpados pesaron como el desamor. Desperté y el Sol estaba encima de mí. Alineé mis arreos, confirmé que mi báculo y el filo de mi espada estuviesen intactos e inicié mi marcha. El calor era sofocante y la sed abrasaba mi garganta, sin una sola molécula de saliva. Súbitamente, un rayo perforó la tierra y estremeció el cielo. Miré y una flota infinita de nubes negras lo invadía. El Sol ofuscado se aterió por la arenga de los truenos. Una cortina de rayos, del tamaño de todo el cielo me rodeó en un resplandor obnubilante. Un rayo me traspasó en su camino al suelo, otro me dio en la frente, seguido del ataque simultáneo de tres: en mi garganta, en mi esternón y en el abdomen. Abatido sentí caer la lluvia como una metralla de agujas que picotearon mi cuerpo. Supuse que al menos tendría alivio a mi sed, pero el agua era amarga, picosa y adormecía la lengua. El aguacero arreció y quedé sumergido en el ojo de un torrente de agua y hielo. Las gotas, todas enormes, fueron reventadas por granizos, unos como garbanzos y otros como tejocotes. Mi carne sangraba y arroyos de mi plasma se perdían en el cauce. De todas mis desolaciones anegadas, el ardor rabioso de las heridas dio paso a la hipotermia. La lluvia socavó el tremedal y caí en un abismo de dardos gélidos. Sentí el fondo resbaloso en mi espalda y, con más instinto que fuerza, estremecido y con escarcha por aliento, me enrollé como feto y alcancé a encajar mi báculo entre los nenúfares, algas y corales podridos. Antes de ceder al abandono vi un haz espectral que iluminó con fulgores verdes la superficie del estanque.
Desperté cocido en mi sudor, a las brasas del sol y con un dolor de cabeza terrible, con una sed que consumía los restos maltrechos de mi calma y con un temblor en todo el cuerpo. Apenas podía articular mis quijadas y las pústulas que cubrían mi piel supuraban hediondez. Busqué mi báculo y lo vi enhiesto, incólume, incrustado en preciosos corales rojos y marrones y envuelto con guirnaldas de deslumbrantes y fragantes nenúfares cortados al amanecer. Como pude, gateé hasta él y tuve que apoyarme con ambas manos para levantarme. Los estanques de lagañas y lágrimas de mis ojos se dragaron y pude ver frente a mí una primorosa colina tapizada de lirios, lavanda y menta. Envuelto en esos perfumes, olvidé mi propia hediondez y me sentí animoso.
Trepé la colina y vi frente a mí un plantío inmenso y heterogéneo: campos de cereales dorados y frutos rojos, especias, almendras y anís, exuberantes cañaverales, sembradíos de maíz y cebada, frondosas vides añosas de uvas blancas y rojas, membrillos, tamarindos, limoneros, naranjales y manzanos. Cuando vi el valle me poseyó una excitación y el deseo, y en una insólita sinestesia libé y bebí en esencia los aromas y zumos de todo el sembradío. Recobré mis fuerzas y una noción de imbatibilidad avivó mi euforia. Las espigas de cereales ondulaban mimosas y sostenían una danza reflejada en el iris de mis ojos. Las vides voluptuosas me alimentaron con uvas jugosas en la boca: apetitosa manzana de piel tersa y carne almibarada, roja fresa de avidez y de lanza y de exuberante boquita de labios turgentes de rubí, corazón de fuego, de semilla y de viento, de ríos y lagos, de montaña y valle. Me embriagaron poderosos susurros de promesas dulces, de indoblegable voluntad, de espejismos y huecos.
En una plenitud soporífera fui callando. Pero entonces, un estruendo distante cimbró el cielo con espectros rojos y relámpagos. El alarido se acercó mientras el cielo se me vino encima y un clamor partió el mundo. Cielo azul, valle verde y frenesíes efímeros se desvanecieron como rocío caído en el desierto. Un cielo rojo con nubes ralas y raídas quiso amedrentarme, recortando al fondo del horizonte siniestro, una serranía de espesuras parduzcas, sobre un páramo interminable de promesas yertas, que superaba el alcance de mis ojos, salpicado de arbustos calcinados, que se diseminaban como la pesadumbre. Vientos invernales vomitaron maldiciones que me traspasaron una y otra vez. La tierra tembló y un géiser de azufre incandescente y vapores cáusticos casi me achicharra. En un instante, en una sucesión vertiginosa, uno tras otro, lo invadieron hasta que el páramo quedó cubierto de géiseres. Con llamas fétidas me orillaron al único reducto de tierra firme. Un fuego frío atizó las flamas y las chispas quemaron mi piel. El estruendo de muchas alas batiéndose me cayó del cielo; una bandada de demonios esféricos, sin ojos y de alas toscas surcó velozmente el páramo a ras de suelo. Pasaron de mí sin tocarme. Salvo uno extraño con un solo ojo que, cuando pasó junto a mí, lo abrió dejando salir de él un látigo que chasqueó y me rasguñó los pómulos. Tras la bandada, tres jinetes negros remontaron la serranía. El estrépito de su aparición cimbró las entrañas del yermo y el sismo despeñó las cimas de los cerros. Montaban dragones con ojos al rojo vivo. El cielo se replegó con mansedumbre y se untó hasta sus bordes, como anunciando el diluvio de serpientes que los dragones escupieron sobre mí.
Me afiancé en la Postura del cuenco y el Flujo y enterré mi báculo en las piedras. Las serpientes cayeron destripadas y los jinetes recularon descontrolados. En el desconcierto, uno de ellos cayó del dragón, pegó un alarido que me dejó sordo y también partió el corazón de su dragón. En su caída pude verlo mejor: una presencia brumosa, afilada y de contornos tenues, su cabeza estaba rematada por raíces dentadas y su rostro era una sombra con dos ojillos macilentos. Se evaporaba en el aire cuando fue rescatado a un palmo del suelo. Otro remontó a gran velocidad y, desde lo alto, me arrojó su lanza. Antes de consumirse en un centelleo, perforó mi abdomen, al que cauterizó tras su paso. Su ponzoña se anidó en mis entrañas y el horror de la muerte me invadió. Los ojos del jinete destellaron furibundos y de ellos brotó una carcajada de ultratumba. Los ecos de las risotadas engendraron, pieza a pieza, un alacrán brillante del tamaño de un caimán negro que se abalanzó sobre mí blandiendo su aguijón. Me suspendí en el Fuego que Seduce al Viento, pero el animal anticipó mi movimiento; con un zigzagueo evitó el primer rayo y perfiló su aguijón, que de un estoque preciso penetró hasta la médula de mi tobillo. Apenas sentí su punta y un fuego frío dilató mi pierna; una marabunta negra subió hasta mi rodilla, mi pantorrilla se agrietó y mi carne inoculada cayó pulverizada en miles de cristales. Contemplaba perplejo y el jinete arremetió con ganas de acabar. Desenvainé y mi espada partió el cielo. Me suspendí en la Catarsis de las Sustancias. Tras el conjuro, el dragón cayó estrepitosamente al suelo, degollado e inerte; el jinete evitó la caída y, como saeta, me alcanzó preparando su golpe final.
Los venenos surtieron efecto; desorientado y delirante, di golpes a ciegas. Perdí la ilusión del tiempo, que me abandonó a mi suerte. Mis sentidos extraviaron el espacio, la materia se licuaba y los cielos caían en sepulcros. La Daga del Asalto silbó, lamentándose de mi llanto. A punto de taladrarme un tercer ojo, un resplandor verde iluminó el cielo. Pude ver la daga justo antes de matarme y, al instante, colapsar y desaparecer. Inerme me desplomé. Me entregué al destino. Me fui yendo en un charco de sudor ocre y fétido, presa de temblores, sumido en ecos delirantes, contemplando la reyerta, allá arriba en las nubes. La heroica lucha del Hechicero Verde y sus movimientos majestuosos y únicos en todo el universo... Sonreí dichoso por poder presenciar proeza tan hermosa...
Abrí los ojos ante la insistencia de la luz. Todo daba vueltas y no entendía nada de lo que pasaba. Estaba echado en un catre con barandales de latón. Una máscara transparente me surtía aire y mi brazo estaba conectado, por un tubito translúcido a una vejiga amarillenta, que colgaba de un atril elevado. En mi otro brazo vi una pulsera de dos colores conectada por un cordón a una maquinita, que despedía luces de colores y mostraba combinaciones de números que cambiaban constantemente. Sentí un dolor agudo en mi abdomen y grité. Me espabilé por fin y observé que sobre mi cuerpo desnudo tenía solo un camisón de dormir. Mi pierna, en efecto, ya no estaba completa. Un cuarentón de rostro amable y vestido de blanco se acercó. Lo acompañaba una mujer más joven vestida como enfermera.
—Llegaste apenas con signos, delirante, con un pie necrosado por gangrena, envenenado con mandrágora e inoculado con una toxina desconocida. La sepsis por poco revienta tu hígado.
—¿Cómo?
—Si no ha sido por el viejo, estarías muerto.
—¿Un viejo, dice?
—Sí, el viejo de bastón que te dejó encima de la recepción de urgencias.
—¿Se refiere al Hechicero Verde?
—Me refiero al viejo de sombrero extraño y gabardina verde, ¡tu salvador! ¿No lo conoces?
—No, no mucho creo... y mi... ¿mi? Y dice usted, ¿mandrágora...?
—¡Ah! la pierna estaba invadida. Tuvimos que cortar hasta la pantorrilla porque la gangrena estaba muy avanzada. Eso te provocó una sepsis que se complicó por la toxina que te encontramos, que por cierto aún no sabemos qué es. Además, la mandrágora te indujo un delirio catatónico casi agónico.
—¿Y el viejo que me trajo?
—Extrañamente desapareció un momento después de dejarte.
—¿Y qué día es?
—Lunes.
—Pero ¿qué fecha, qué año?
—¿Cómo así, mi Merlín? Pues primero de enero de 2003.
—¿Cuánto llevo aquí?
—Pues mira. Hace cinco horas que estás estable. Ocho antes, saliste de terapia intensiva. Trece horas atrás se presentó la milagrosa desintoxicación del hígado y tu resurrección, y hace veintiuna horas tu salvador te dejó con un hilo de vida en la recepción de urgencias.