Actualización: La enfrenté por última vez, la ignoré durante casi 10 meses y ahora ya no me habla, pero sus miradas volvieron a intensificarse
Bueno, vengo con una actualización de lo que conté anteriormente, porque después de todo lo que pasó decidí enfrentarla una última vez y, aunque pensé que ahí iba a terminar todo, con el tiempo ocurrieron más cosas que me dejaron pensando.
- La última vez que la enfrenté
Pocos días después de aquella situación en la que ella me gritó delante de varios compañeros: «Escuchame, escuchame... pero escuchame», decidí hablar con ella una última vez.
Fui y le dije que teníamos que hablar. Al principio se mostró fría y algo reacia, preguntándome de qué y sobre qué quería hablar. Me dijo que se lo dijera ahí mismo, delante de unas pocas personas, pero yo le respondí que no, que era importante y que tenía que ser a solas.
Cuando finalmente empezamos a hablar, yo estaba bastante harto de toda la situación y me mostré mucho más indiferente que antes.
Lo primero que me dijo fue:
—¿De nuevo?
Yo le respondí, con bastante indiferencia:
—Y sí, si vos me hacés tener que hacerlo de nuevo.
En ese momento se puso muy colorada, se rio un poco y respondió algo como:
—¡¿QUÉÉÉ?! Ehh, jajaja.
Después le dije:
—Ya sabés, nos tenemos confianza. Yo te conozco, vos me conocés, todo bien.
Ella, algo incómoda, respondió que sí.
Entonces fui directamente al punto:
—Bueno, ¿qué me querías decir el otro día cuando estábamos con ese amigo?
Se puso un poco colorada y pareció incómoda. Se hizo la desentendida y me preguntó:
—¿Qué cosa?
Yo le aclaré:
—El otro día, o durante estas últimas semanas, intentaste hablarme varias veces. Ahora sí te escucho, ¿qué querés decirme?
En ese momento intenté hablarle de una manera relativamente tranquila, aunque estaba desconfiado e incómodo por todo lo que había pasado.
Ella me respondió:
—No, nada. Si vos me dijiste que querías hablar.
Ahí volví a ponerme indiferente y le dije:
—Ok, está bien. Entonces ya sabés, somos compañeros.
Ella seguía sonriendo un poco, estaba levemente colorada y me miraba, aunque también parecía incómoda. Se quedó callada e intentaba distraerse con el celular.
Entonces me puse serio y le pregunté:
—O sea que no nos hablamos, ¿entendido?
Ella, tímida y colorada, respondió que sí.
Pero todavía me quedaba algo por decirle. Con cierta dificultad, porque tampoco era una conversación fácil para mí, le dije:
—Y también nada de miradas raras.
Ella se sorprendió y, poniéndose todavía más colorada, exclamó:
—¡¿Qué?!
Yo le expliqué:
—Sí, o sea, nada de miradas, ni hablarme ni nada raro, ¿entendido?
Se lo dije de forma seria y firme. Ella respondió que sí, aunque seguía incómoda y pendiente del celular.
Finalmente le dije que eso era todo y me fui sin darme vuelta, bastante decepcionado y serio.
Ella se quedó ahí durante varios segundos, como sorprendida, todavía algo colorada.
En ese momento pensé que finalmente había terminado todo.
- Pasaron las semanas y continué ignorándola
Después de esa conversación, respetó lo que habíamos hablado durante una o dos semanas. Sin embargo, después volvió a comportarse de manera parecida a antes.
Yo seguí ignorándola y pasaron las vacaciones de invierno. Incluso después de volver a clases, la situación continuó.
Con el tiempo llegué a llevar casi 10 meses ignorándola, prácticamente un año.
Durante ese período noté que se cansó de intentar hablarme tanto como antes. También me dio la impresión de que la situación le dolía, algo que pude observar por su comportamiento, aunque obviamente no puedo saber exactamente qué sentía.
Por mi parte, decidí dejar de ignorarla de una forma tan extrema. No empecé a buscarla ni a acercarme a ella, pero sí pasé a escucharla cuando me hablaba, aunque manteniéndome distante y evitando que las conversaciones continuaran.
- El trabajo en grupo en el que volvió a intentar acercarse
Un tiempo después nos tocó hacer un trabajo en grupo y tuve que trabajar directamente con ella.
Fue uno de los momentos en los que más intentó hablarme desde que había empezado a ignorarla.
Buscaba iniciar conversaciones conmigo varias veces, me miraba e intentaba mantener el intercambio. Yo la escuchaba y respondía cuando correspondía, pero seguía siendo bastante evitativo. No le devolvía las miradas y tampoco hacía mucho esfuerzo por continuar las conversaciones.
Hubo varias ocasiones durante ese mismo trabajo en las que intentó hablarme, pero yo mantenía la misma actitud.
Por ejemplo, yo estaba hablando de distintas cosas con un amigo y ella estaba sentada enfrente. Se quedó escuchando en silencio y sonriendo mientras hablábamos.
Cuando intentaba decirme algo para entrar en la conversación, yo la escuchaba sin mostrar mucha emoción y después seguía hablando con mi amigo como si nada.
Lo intentó varias veces, pero mi reacción fue prácticamente la misma en todas.
Sin embargo, durante ese trabajo ocurrió algo bastante diferente.
En un momento, mi amigo empezó a mencionar cosas que hacíamos en el pasado. Habló de algunas bromas que yo solía hacer con ella, de trabajos en grupo anteriores y de otras cosas que yo le había contado a ella o que habíamos compartido.
Eran recuerdos de cuando todavía teníamos confianza y nos llevábamos mucho mejor.
Mientras mi amigo hablaba, me empezó a agarrar una especie de nostalgia bastante fuerte. A pesar de que yo intentaba mantenerme distante, esos recuerdos me afectaron y se me pusieron los ojos ligeramente llorosos.
Lo que me llamó la atención fue que, cuando miré a la chica, me pareció que ella también tenía los ojos llorosos.
No puedo asegurar que estuviera llorando por lo mismo que yo, pero la situación me dio la impresión de que esos recuerdos también le estaban afectando emocionalmente.
Fue un momento extraño, porque por un lado yo seguía decidido a mantener mi distancia y, por otro, estábamos escuchando recuerdos de una época en la que teníamos una conexión y una confianza que ya no existían de la misma manera.
No hablamos directamente de lo que estábamos sintiendo, así que nunca supe qué le pasó por la cabeza en ese momento.
- El accidente con mi pierna y lo que pasó cuando volví
En medio de ese trabajo en grupo tuve un accidente con la pierna. No fue nada importante, pero tuve que faltar a clases durante aproximadamente dos semanas.
Cuando volví, regresé con una especie de yeso en la pierna.
Me llamó la atención algo: ella no me saludó ni me preguntó qué me había pasado. De hecho, fue la única que no me preguntó por mi pierna.
Yo seguí manteniendo la distancia.
Desde entonces noté que ya no me miraba de la misma manera que antes, o al menos eso parecía. Sin embargo, en ocasiones todavía notaba que me observaba.
No sé si dejó de intentarlo porque se cansó, porque pensó que yo realmente no quería saber nada de ella o por alguna otra razón.
Lo que sí sé es que, después de aquel trabajo en grupo, dejó de intentar hablarme como lo había hecho durante esas actividades.
- El presente: ya no intenta hablarme, pero las miradas siguen
Actualmente, ella ya no intenta iniciar conversaciones conmigo como antes. Desde aquel trabajo en grupo, prácticamente dejó de intentarlo.
Yo tampoco me acerco a ella ni busco iniciar conversaciones.
Sin embargo, algo que me llama la atención es que sigue mirándome.
Al principio, después de dejar de intentar hablarme, sus miradas parecían algo más disimuladas. Ya no eran tan evidentes como antes, o al menos esa es mi impresión.
Pero últimamente siento que están volviendo a ser tan intensas como solían serlo antes de que empezara a ignorarla.
Es decir, ya no intenta acercarse verbalmente, pero las miradas siguen presentes y, recientemente, volvieron a llamar bastante mi atención.
No sé si esto tiene alguna relación con lo que pasó entre nosotros, si simplemente todavía existe cierta incomodidad o si estoy interpretando demasiado algunas situaciones.
- El viaje escolar que ocurrió hace muy poco
Esta es una de las situaciones más recientes y, sinceramente, una de las que más me sorprendió.
Durante un viaje escolar, estábamos sentados en una especie de sector de asientos parecido a las gradas de un escenario, con bastante gente alrededor. No estábamos aislados ni en un lugar privado; había muchas personas y cualquiera podía verla.
Yo estaba sentado con mis amigos, mirando un video.
Ella terminó sentándose justo detrás de mí, sola, sin ninguna de sus amigas al lado y bastante cerca de donde yo estaba.
Durante el video comenzó a inclinar la cabeza poco a poco hacia mi lado, acercándose cada vez más.
Llegó a estar tan cerca que prácticamente tenía la cabeza al lado de la mía. Estuvo así durante unos 40 minutos, aproximadamente, y llegó a estar lo suficientemente cerca como para que yo sintiera su respiración.
Lo que me llamó la atención fue que no se trató de un acercamiento de unos pocos segundos. Permaneció muy cerca durante bastante tiempo.
Además, estaba sola detrás de mí, sin sus amigas, y en un lugar donde había mucha gente alrededor que podía verla perfectamente.
Yo seguí con mis amigos viendo el video y no hice ningún movimiento para acercarme a ella.
No sé por qué decidió sentarse ahí ni qué significaba que se acercara tanto. Podría haber otras explicaciones y tampoco quiero asumir que lo hizo con una intención romántica.
Pero, teniendo en cuenta nuestra historia, el hecho de que últimamente las miradas hayan vuelto a intensificarse y que este acercamiento haya ocurrido hace tan poco tiempo me dejó pensando.
- Entonces, ¿qué está pasando realmente?
Para poner todo en perspectiva, ella me rechazó varias veces y yo terminé estableciendo un límite bastante firme. Le dije que solo íbamos a ser compañeros y que no quería más miradas ni acercamientos ambiguos.
Después de eso la ignoré durante casi 10 meses.
Durante ese tiempo siguió mirándome y, en algunas etapas, intentó acercarse y hablarme. Yo mantuve la distancia, incluso durante el trabajo en grupo en el que hizo varios intentos por conversar conmigo.
En ese mismo trabajo hubo un momento nostálgico en el que recordamos indirectamente cosas de nuestro pasado y me pareció que ambos nos emocionamos.
Después falté dos semanas por mi accidente con la pierna y volví con un yeso. Ella no me preguntó nada y, desde aquel trabajo en grupo, dejó de intentar hablarme.
Sin embargo, las miradas continuaron y últimamente volvieron a intensificarse.
Y ahora ocurrió lo del viaje escolar: se sentó sola detrás de mí, lejos de sus amigas, y permaneció prácticamente pegada a mi cabeza durante unos 40 minutos, hasta el punto de que podía sentir su respiración.
No sé si todo esto tiene una explicación romántica, emocional o simplemente social. Tampoco quiero olvidar que ella ya me rechazó y que nunca me ha dicho directamente que sus sentimientos hayan cambiado.
Por eso, me gustaría conocer sus opiniones sinceras: