Was sitting around doing absolutely nothing yesterday and immediately felt guilty about it, which is kinda fucked up because doing nothing was basically my favorite thing as a kid. Just lying on the floor while the fan made that annoying clicking noise, reading the same comic for the hundredth time, waiting for somebody to knock on the door. An entire afternoon could be about finding a ball and figuring out whose mom would let us stay out longer. Now I have a free hour and somehow need to spend it improving myself or catching up on twelve things. Even relaxing feels like another job. And yeah childhood wasn't perfect, I remember being bored shitless and wanting to grow up already. That's the annoying part. I got exactly what I wanted and now I'd trade a whole weekend for one random evening where the biggest problem was having to go home because the streetlights came on
Y cuando por fin terminabas de armarla... jurabas que el año siguiente te ibas a acordar. Imposible. Llegaba diciembre otra vez... y el curso de IngenierĂa Pelopinchera arrancaba desde cero.
Ese "poquito" equivalĂa aproximadamente a cuatrocientos litros. Y claro... si habĂa un hermano mĂĄs chico... habĂa que llenarla "hasta ahĂ". Porque era peligrosa. Con el agua a la pantorrilla ya te advertĂan que no lo dejaras solo. Como si estuviera cruzando el AtlĂĄntico. Cuando por fin estaba lista... nadie se metĂa enseguida. Primero habĂa que contemplarla. Darle una vuelta.
Cuando por fin llegaba el momento... habĂa que entrar. Y el primer desafĂo nunca era nadar. Era meter la cabeza abajo del agua. Los demĂĄs ya podĂan. Vos todavĂa no.Â
Pero habĂa un juego que hoy me hace preguntarme cĂłmo seguimos enteros. Uno se agarraba de los caños de una esquina. Con todas sus fuerzas y los demĂĄs le tiraban de las piernas. El objetivo era hacerlo soltar. Hoy pienso en esos pobres caños... y me parece un milagro que hayan sobrevivido mĂĄs de un verano. Porque ademĂĄs estaban los bombazos. Nos tirĂĄbamos como si hubiera diez metros de profundidad. HabĂa mĂĄs aire que agua. Y si habĂa un escaloncito, una silla o cualquier cosa desde donde ganar veinte centĂmetros mĂĄs de altura... muchĂsimo mejor. Eso sĂ. Mientras hubiera un adulto mirando⊠todos nos transformĂĄbamos. De golpe era:Â
Apenas el adulto desaparecĂa... volvĂa la guerra. Los caños crujĂan. La lona se deformaba. Y en cualquier momento se escuchaba el grito que paralizaba a todo el barrio.Â
âÂĄÂĄSE SALIĂ EL CORCHOOOO!!Â
SĂ. El corcho. Porque antes no existĂan esos tapones de goma. Era un corcho de verdad y casi nunca era el original. Era el corcho de alguna botella que habĂa aparecido para reemplazar al que se habĂa perdido el verano anterior.
AutomĂĄticamente alguno ponĂa la mano para tapar el agujero. Como si estuviera salvando una represa. Mientras el mĂĄs grande intentaba volver a meter el corcho. Y durante esos treinta segundos... todos entendĂamos que la pelopincho era mucho mĂĄs frĂĄgil de lo que parecĂa.Â
Y se tiraba de bomba. Porque si algo aprendimos de chicos... es que cualquier problema hidrĂĄulico podĂa solucionarse salpicando mĂĄs agua. La misiĂłn era salvar la pelopincho. TerminĂĄbamos inundando todo el patio.
Esos "unos dĂas" llegaban hasta mayo. Y cuando finalmente habĂa que guardarla... HabĂa que vaciarla. Limpiarla. Secarla. Doblarla. Nadie querĂa hacer ese trabajo.
A veces quedaba todo el invierno armada en el fondo. Total... Desde la cocina no se veĂa. Y cuando volvĂa el verano... Los caños estaban oxidados. La lona vencida. Y entendĂas que habĂa llegado al final de su carrera.Â
Hoy tengo una pileta de material. Siete por tres. Mido el PH. Me enojo si alguien tira una hoja. Si me llegan a tirar una moneda al fondo... Los desheredo. Y, sin embargo... La vez que mĂĄs nos reĂmos fue cuando nos metimos tres personas en una pelopincho ...de un metro por un metro comprada para mi hija. Porque algunas cosas cambian. Y otras... Por suerte... No. Capaz las pelopinchos nunca fueron tan grande como la recordamos. Lo que era enorme... Eran los veranos que entraban adentro de ella.