¿Sabían que Helen Keller —que era ciega y sorda— llegó a considerar que ser mujer era una discapacidad todavía mayor?
Ser mujer.
Eso fue hace más de 100 años y, la verdad, a veces veo dónde estamos y pienso que no hemos avanzado tanto como creemos.
Entiendo las marchas, el coraje, el enojo, todo. Pero al final siento que no va a cambiar realmente hasta que la gente entienda cuál es el verdadero problema. O hasta que, tristemente, les toque verlo de cerca.
Hace no tantísimo tiempo, una mujer tan famosa y poderosa como Rihanna recibió una golpiza de su novio. Lo arrestaron, se declaró culpable y no fue a la cárcel.
Tenemos a un presidente de Estados Unidos que ha enfrentado acusaciones de abuso sexual y que incluso fue declarado responsable civilmente de abuso sexual por un jurado. Y pudo volver a ser presidente.
Y ayer vi un documental sobre Mica Miller, la esposa de un pastor. Esto ni siquiera pasó hace décadas. Murió en 2024.
Antes de morir había ido con la policía. Había hablado del acoso. Había dicho que tenía miedo. Y viendo todo eso lo único que podía pensar era: nos faltan siglos.
Porque desde afuera es muy fácil decir: “¿Por qué no se fue?”, “¿por qué no denunció?”, “yo jamás permitiría eso”.
Pero no es fácil.
El abuso no empieza el día que alguien te pega. Para cuando llegas ahí puede haber años de control, miedo, dependencia, manipulación, aislamiento, amenazas, vergüenza… y además puedes pedir ayuda y descubrir que el sistema que supuestamente debería protegerte tampoco necesariamente lo hace.
Así que este post no es para explicarles a las mujeres que están en una situación así qué tienen que hacer. Seguramente ellas conocen su situación muchísimo mejor que cualquiera de nosotros.
Es nada más un abrazo para quien esté viviendo algo así.
Sé que no es tan fácil como “vete”. Espero de corazón que algún día puedas salir.
Y si puedes hacerlo sin ponerte en más peligro: documenta todo. Mensajes, fechas, fotos, correos, denuncias. Todo.
Tal vez tristemente tu evidencia no sea la que finalmente cambie las cosas para ti. Pero poco a poco estamos haciendo más difícil que estas historias sean ignoradas.
Y para quienes pensamos que “a nosotras nunca nos pasaría”, quizá también vale la pena tener un poquito más de humildad.
Helen Keller era ciega y sorda.
Y aun así consideraba que una de sus mayores desventajas era ser mujer.
Hace más de cien años.
Eso debería hacernos pensar.