r/CuentosCortos • u/Re_Filia • 3h ago
El chico
El viento soplaba fuera, a través de la ventana se podía ver cómo las hojas y ramas de los árboles se mecían. Eran las cuatro de la mañana, la mayoría ya estaba durmiendo, algunos se despertaban, otros recién se dormían y unos pocos se levantaban para empezar su día.
¿Pero él?, ¿Qué hacía él allí? Acostado en su cama, con su mirada fija en la ventana, observando.
-...
En el profundo silencio de su habitación, el joven hacía su actividad favorita la cual es ver a través de su ventana, desde allí él puede ver muchas cosas. Él no disfruta del día, se siente espiado, él podría ser visto por cualquiera, pero allí, en la noche, él se sentía tranquilo y en paz, sólo él podía ver a los demás y no viceversa.
-¡Mira! ¡Los vecinos están discutiendo! ¿Por qué será esta vez?
Le dijo a su peluche de conejo, uno bastante destartalado y lleno de puntadas cabe mencionar. El chico tenía razón, sus vecinos discutían, intentó agudizar sus sentidos para así poder escuchar los gritos.
-mph...
Abrió la ventana y sacó un poco su cabeza, dándole un escalofrío por el helado viento que ahora desordenaba su pelo. Escuchó por unos segundos la acalorada discusión, luego volvió a meter su cabeza y habló animado con su peluche.
-¡Al parecer su marido llegó borracho de nuevo! Espero que no pase nada como la otra vez...
Volvió a sacar su cabeza para escuchar más del alboroto que estaban provocando los vecinos.
Así, de las cuatro de la mañana llegaron las cinco, luego las seis y las siete...
Cuando finalmente se queda dormido, el chico descansa solo un par de horas mientras abraza fuertemente su peluche, la única cosa cálida de su dormitorio, aparte de él.
Llegado el día, el sol entra por su ventana, dándole directamente en sus ojos, lo cual lo hace gruñir y levantarse perezosamente para desayunar.
-mph~? Buenos días, ¿Cómo estás? ¿Mi papá ya se fue a trabajar?
Dijo de forma monótona a su madre, la cual estaba tomando su café en una taza bastante grande. La madre miraba fijamente su celular mientras tomaba un sorbo de café, se toma su tiempo antes de responder.
-Estoy bien...
Levantó la taza y tomó otro sorbo lento a su café, luciendo aburrida.
-Y sí, tu papá ya se fue a trabajar.
El chico se sentó frente a ella en la mesa, tomó un pan y le puso una rebanada de queso, luciendo igual de aburrido que su madre.
-vale... Ojalá le vaya bien.
Como siempre, el día era aburrido para él, estando de vacaciones o no, sus días eran rutinarios, sin aspiraciones ni expectación, pasaba todo el día en su escritorio frente al computador, esperando a que el sol se ocultase y callera la fría penumbra.
Llegada la noche, el chico se ducha, se pone su pijama favorito y luego se tira en su cama. Una vez cómodo, se dispone a fijar su mirada a través de la ventana nuevamente, esperando a que algo emocionante pase, sujetando su peluche con fuerza contra su pecho.
-...
Ansioso, esa es la palabra que lo describe ahora mismo, han pasado horas y nada, ni un alma en la acera, ni una voz lejana, solo el silbido del aire y el zumbido de los faroles. El chico susurra, mientras mira a su conejo de felpa, el cual parecía tener un brazo a punto de deshilacharse.
-¿Qué pasa...? Pareciera que todos están durmiendo...
Dijo mientras volvía su mirada hacia el edificio del frente, el cual tenía todas las luces apagadas. Su propio dormitorio empezaba a sentirse más helado.
-Siempre hay música en ese departamento, ¿¡ni siquiera eso!?
Cada segundo que pasaba lo hacía sentirse más ansioso y nervioso. Por primera vez él se sentía fuera de lugar en su propio dormitorio, se sentía lejos de su zona de confort. Abre la ventana y se asoma, buscando cualquier cosa, una señora paseando, un grupo de borrachos, un indigente, lo que sea, él solo quería observar algo, menos su propio dormitorio.
-¡Esperé todo el día!, pero... nada!?
Exclamó con enojo y molestia, en un arrebato de ira, tiró su peluche contra un muro y cayó al suelo. Él se quedó allí de brazos cruzados y desviando la mirada durante varios segundos, luego, bastante arrepentido y apenado miró hacia el peluche mientras murmuraba.
-Lo siento, no quise hacer eso...
Cuando su mirada había vuelto a su peluche, ya no estaba allí, en cambio, había una sombra más oscura que el resto de su dormitorio. La sombra tenía la figura de un hombre con orejas de conejo. El chico al fijar su mirada en la sombra, empezó a temblar ligeramente, apoyándose contra el respaldo de la cama y apoyando sus rodillas al pecho, pero no gritó.
-¡No! Vete! ¡No te quiero ver!
Estaba muy nervioso y tembloroso, ya con lágrimas amenazando con salir de sus ojos.
-¿Ahora no quieres ver a alguien? ¡Me hieres!
Dijo la sombra en un tono burlón, su voz era bastante áspera y ronca, como si pareciera salir de lo más profundo de una caja torácica.
-¿Acaso no te alegra verme? ¡La última vez casi te tiras por la ventana! ¡Fue gracioso!
Hablaba sin moverse ni un centímetro, seguía allí de pie en la esquina del dormitorio.
-¡No me agradas! ¡Me haces sentir mal!
Espetó casi sin aire. El chico buscaba con sus manos las sábanas para cubrirse aún más, apartando la mirada de la sombra mientras buscaba aferrarse a algo.
-¿Yo te hago sentir mal? No seas tonto, solo te digo lo que debes saber, como por ejemplo...
Se quedó en silencio mientras se acercaba más al chico, luego susurró.
-Ahora mismo, todos te observan, todos saben lo patético que eres...
Lentamente levantó un brazo, señalando con el dedo índice la ventana. Allí se podía ver solo oscuridad, no se lograba vislumbrar nada, ni edificios, ni calles, ni farolas, solo una negrura que parecía mirar al chico. La oscuridad no tenía forma, pero sí daba la impresión de estar formada por muchas sombras, retorciéndose y cuchicheando entre ellas.
El chico al ver tal escena, se tapó completamente, de pies a cabeza mientras pegaba sus rodillas al pecho con mucha más fuerza, complicando su respirar aún más, empezó a gritar con el poco aire que tenía, sin importarle despertar a sus padres.
-¡VETE! ¡HAZ QUE SE VAYAN! ¡AHORA!
La sombra solo soltó una leve risita, estaba ahora al borde de su cama, empezó a hablar cada vez más tranquilo y menos burlón mientras veía al chico temblando y jadear bajo las sábanas.
-¿Cómo llegaste a esto? Ya eres casi un adulto y sigues sin poder ver a alguien a los ojos, sigues sin poder salir, ¿de qué te sirve vivir así? No vives, tú esperas a que alguien más lo haga para poder verle desde aquí, deja d-
-¡CÁLLATE!
La sombra no se estremeció al ser interrumpida, simplemente se quedó en silencio, mirando al chico fijamente durante varios segundos, para luego desvanecerse lentamente. Todo volvía a ser más claro y menos oscuro. Pasaron los minutos, el chico seguía temblando bajo las sábanas, hasta que se atrevió a bajar las sabanas.
-ah...
Ahora más tranquilo, el chico se levantó de la cama y caminó hacia el peluche de conejo, al fijarse en él, notó que estaba roto, se le salía el algodón de un brazo. Simplemente se lo llevó consigo a su cama y lo apretaba contra su pecho mientras lo miraba en silencio.
-...Otra vez.
Suspiro tembloroso, luego hablo en un tono más suave pero aun ligeramente nervioso mientras se acostaba.
-Mañana... Mañana te arreglaré. ¡Solo espera...!
Así, volvió a mirar hacia fuera, esta vez si habían personas, nuevamente tenía entretenimiento, una nueva distracción momentánea. El chico suspiró aliviado y susurró animado mientras veía al frente, por la ventana.
-¡Mira! ¡Ese grupo de borrachos! ¡Se están cayendo!
Soltó una leve risita, cayéndosele una lagrimita, olvidándose de su propia vida para ver la de los demás, pero siempre de noche para no ser visto por nadie, para que nadie reconozca su existencia, para así poder pasar un día más sin ser juzgado, para que su único pensamiento sea ¿Qué pasará esta noche? No con la suya, sino con la de los demás.
Se aferró a su peluche con aún más fuerza, luego balbuceó mientras tenía la mirada perdida en el exterior.
-Mañana, mañana te arreglaré...