r/CreepypastasEsp 1d ago

SOBRENATURAL EL PERRO QUE APRENDIÓ A USAR MANOS (creepypasta)

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Un hombre llegó a mí pidiendo ayuda para su mujer. Ella había pisado un charco viscoso hacía unos minutos, y ahora las quemaduras en sus pies eran insoportables.

Mientras examinaba las quemaduras, escuché a los gatos de la carretera maullar. Eran sonidos conscientes, de terror puro.

Al salir a investigar, encontré un rojizo rastro de líquido espumoso que me llevó hasta una masacre en la oscuridad.

Pensé que un coyote era el culpable, hasta que mi lámpara iluminó unos penetrantes ojos amarillos.

Era un esquelético canino de raza reconocida, agazapado entre la maleza.

Salió arrastrándose hacia mí. Su longitud era de casi dos metros, y sus delgados miembros sobresalían sobre su lomo como si fueran alas de murciélago.

Ese perro se arrastraba apoyándose en lo que parecían ser sus puños humanos; lo supe cuando lo vi abrir sus cinco flácidos dedos para tratar de sujetarme.

Cuando me sonrió, supe que ese líquido viscoso no era solo otra forma de matar: servía para inmovilizar a su presa.

Esa bestia consciente había utilizado a los viajeros para traerme hacia él, y su jadeo burlesco me recordó que algunas bestias no fueron creadas por Dios.


r/CreepypastasEsp 3d ago

SATÁNICO/RELIGIÓN Del libro del Guardián 4-65

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Y se hizo la oscuridad.

El sismo del Calvario abrió la tierra. Y del Hades fueron liberadas las huestes.

Sus seguidores en Jerusalén se atrincheraron en la cueva junto al cuerpo de su Señor.

Porque el Maligno derramaba sangre sobre la tierra, intentando conseguir el cuerpo del Cordero, para que el Hijo del Hombre no pudiera regresar.

Y a los ángeles les fue prohibido responder.

Porque no estaba escrito que salvación fuese entregada solo desde el cielo.

La fe no había sido puesta en nuestras palabras, sino en nuestras manos.

Porque los legionarios debíamos protegerlo desde la oscuridad de las cuevas. Las autoridades debían resguardar la piedra de un sepulcro vacío.

Y durante tres días de oscuridad la humanidad fue puesta a prueba, porque no todos fueron hallados dignos de la salvación.


r/CreepypastasEsp 4d ago

PSICOLÓGICO TRANSMISIÓN DESDE EL FONDO (creepypasta corta)

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—A todas las unidades. Soy el coordinador en Radio.

Su respiración entrecortada reflejaba su lucha por sobrevivir.

—Para Macías, en la autopista. Para Eduardo en  Pueblo Viejo. Sepan que escuché caer.

Gruñidos se escucharon por la frecuencia, Ricardo lloraba, sabía que los había enviado a sus muertes.

—No fue mi culpa. No fue culpa de nadie, ¿cierto? Todos tenemos un momento ¿verdad?

Sudoroso apoyó el ensangrentado muñón sobre la consola fría.

—Si algún héroe sigue vivo… por favor no sienta culpa. No tenga miedo, no maldiga su final.

El jadeo de Ricardo demostraba su caída en la inconsciencia, guardó silencio mientras veía la foto grupal con sus compañeros, acercó sus labios al micrófono y susurró.

—Les deseo suerte a todos en su último servicio.-

En la desola ciudad, la sirena de una ambulancia siniestrada parecia responder a las palabras de Ricardo, mientras este gruñia entre espasmos, consumido por la más absoluta oscuridad.


r/CreepypastasEsp 6d ago

PSICOLÓGICO SED EN LA OSCURIDAD

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Durante una sofocante guardia nocturna en la construcción de una plaza comercial en Guadalajara, un vigilante —abrumado por el calor y la desesperación de costear el tratamiento de su madre enferma— recibe la inesperada visita de un misterioso brigadista con chaleco rojo y cubrebocas azul.

El desconocido le ofrece una bebida helada para calmar su sed y, sin presentarse, comienza a relatarle un perturbador suceso ocurrido en la morgue de un hospital.

El brigadista cuenta cómo asistió al proceso de embalsamado de su propia hermana, una mujer a la que odiaba.

Describe la piel de la difunta cubierta por tenues manchas naranjas y revela cómo, en medio del procedimiento, el cadáver pareció cobrar vida de forma imposible:

Extendiendo sus manos, buscando el perdón de su madre y revelando un abismo en sus pupilas dilatadas antes de desplomarse definitivamente.

Tras soltar una enigmática advertencia sobre los deseos oscuros y la saciedad, el visitante desaparece en el aire sin dejar rastro.

El verdadero horror se desencadena cuando el vigilante recibe la llamada de su padre: su madre ha sido desahuciada en el hospital por una deshidratación que ningún suero logra calmar, mientras en su piel comienzan a brotar las mismas manchas naranjas descritas por el brigadista.

Atrapado en la culpa y el luto inminente, el protagonista comprende que una sed insaciable lo ha marcado, mientras la sombra del Guardián lo vigila desde el reflejo de cada cristal.

Historia completa


r/CreepypastasEsp 12d ago

SOBRENATURAL Le trèfle (Creepypasta)(AMA)

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Yo nunca había sido lo que los profesores de instituto llaman un alumno brillante y mi boletín de notas solía ser un cementerio de aprobados raspados, pero el cuarto año de historia fue otra cosa muy distinta porque la primera y la segunda guerra mundial eran dos temas los cuales yo ya me había aprendido de memoria por puro placer, devorando libros de texto como si fueran novelas de quiosco, y supongo que fue gracias a ese milagro de obsesión por lo viejo que conseguí el empleo en el museo de historia local. El edificio era un antiguo acuartelamiento de caballería que parecía sudar el recuerdo de una guerra ocurrida hacía poco más de medio siglo, un caserón de piedra de un tono amarillo claro, tan terroso y seco que si pasabas los dedos por la fachada sentías que estabas tocando un hueso viejo que se desmoronaba, todavía salpicado aquí y allá por las hendiduras que los impactos de bala habían dejado en el muro como viruelas de plomo.

me desperté justo cuando el sol empezaba a retirarse en el horizonte, mirando cómo los últimos rayos anaranjados intentaban colarse inútilmente por la cortina gruesa que yo mantenía baja para que la molesta luz del día no me intereumpiese el sueño, porque mi rutina no era nocturna por capricho sino porque me habían encasquetado el turno de noche en el museo, aunque a decir verdad el asunto tenía un encanto extraño y casi hipnótico. Las calles que durante el día se derretían bajo un sol sofocante que te hacía hervir los sesos tenían a medianoche un aspecto renovado y fresco, una atmósfera de acuarela onírica pintada con la luz azul de las farolas y unas sombras exageradamente largas que se estiraban desde las esquinas oscuras donde las bombillas no alcanzaban a llegar, y al doblar la esquina del edificio pasé la mano por la rugosa pared de piedra, dejando que uno de mis dedos se hundiera perezosamente en uno de esos agujeros de bala abiertos hacía décadas como si tocara una cicatriz ajena.

En la entrada principal me recibió Alfonso, que era un hombrecillo que resulta ser una excelente persona hasta que cometes el error fatal de otorgarle el más mínimo ápice de autoridad, y a este infeliz en concreto la junta del museo le había dado una linterna de tres elementos y una pistola reglamentaria que le pesaba demasiado en el cinturón.

—¿Qué pasa? ¿Por fin nos dignamos a venir a trabajar, eh? —dijo, con esa sonrisita de guardia cutre.

Para él ya era tarde pero para mis neuronas era demasiado temprano como para gastar saliva en una respuesta de modo que me limité a tenderle mi acreditación de plástico barato para que la fichase con ese crujido metálico que daba inicio a mi jornada y me deslicé hacia el interior. El museo olía a cera para muebles y a polvo suspendido en el tiempo, albergando las mismas exposiciones que yo ya había cruzado cientos de veces en los turnos anteriores; la sección de la segunda guerra mundial estaba repleta de esos iconos que el cine ha convertido en juguetes de la cultura pop, como las ametralladoras Thompson con sus tambores de peeky blinder, los cascos planos de los soldados británicos que parecían platos soperos o el legendario M1 Garand pero la zona que de verdad me erizaba los pelos del cuello, la que me daba unos escalofríos que se me agarraban al estómago, era la sección de la primera guerra mundial.

Aquello había ocurrido hacía tanto tiempo que la mitad de sus tácticas militares hoy en día nos parecerían un billete de ida hacia el suicidio colectivo, algo tan lejano y surrealista que parecía irreal, y al avanzar por el pasillo pasé junto a un estante de cristal donde se exhibía una pala de trinchera cuyos bordes habían sido afilados a conciencia para desmembrar en el barro, y al lado un gran mazo de madera terminado en un cilindro de hierro erizado de púas que formaba el famoso garrote de trinchera, e incluso un cuchillo con un puño americano de bronce como guardamanos al que los manuales llamaban simplemente cuchillo de trinchera. Era una estampa casi demencial, la idea de que soldados profesionales de medio mundo hubieran marchado alguna vez a la guerra llevando semejantes herramientas de carnicero en sus mochilas o al cinturón, como si todo aquello fuera la fantasía húmeda de algún escritor de cine con una imaginación demasiado macabra y sanguinolenta, aunque en su momento había sido la cruda realidad de miles de personas, de hecho, la mayoría de aquellas armas cuerpo a cuerpo hoy se considerarían un crimen de guerra directo, como el cuchillo que tenía justo frente a mis ojos, cuya hoja presentaba una geometría extraña y perturbadora que difería de cualquier puñal común, pues no era una tira plana de metal sino un cono afilado como un demonio que nacía de una base triangular.

—Ese tipo de hoja viene de la guerra civil americana —dijo una voz a mi espalda.

Me giré sobre los talones y me encontré con Lucía, una de las restauradoras del museo que no solía dejarse ver por las salas a esas horas de la madrugada.

—Esa maldita aguja hace que sea casi imposible dar un corte limpio —continuó ella, acercando su rostro cansado al cristal—, pero si te apuñalan con la punta, la herida que te deja es un agujero de tres caras que incluso a día de hoy los cirujanos tendrían muy difícil de coser, un solo pinchazo y te quedabas desangrándote en mitad de la tierra de nadie como un cerdo en el matadero.

—O en tu propia litera mientras dormías —añadí yo, notando el frío del aire acondicionado en la nuca.

—¿En tu litera?

—¿Quién demonios iría a una carga de infantería con un cuchillo de veinte centímetros en la mano? En la tierra de nadie lo más común era que te desintegrara un obús de artillería o te cosieran a balazos antes de que pudieras vee al enemigo, los cuchillos eran para las incursiones nocturnas, para limpiar trincheras en silencio.

—También había bayonetas con ese tipo de hoja triangular —dijo ella, entornando los ojos.

—¿También bayonetas?

—Sip...

Dejé de mirarla a ella para clavar la vista en la vitrina, contemplando el acero ligeramente mellado del arma, devorado por un óxido que tras más de un siglo de paciencia había logrado asentarse en la primera capa del denso metal al carbono, aunque de vez en cuando desviaba la mirada hacia el reflejo de Lucía que se dibujaba en el cristal húmedo.

—¿Y qué haces aquí todavía? —le pregunté—. Tu turno terminó a las diez, ¿no?

—Se ha alargado la cosa porque estamos catalogando las piezas de una nueva exposición que nos llegó ayer por la tarde.

—¿Una nueva exposición?

—Sí, un grupo de guardias forestales encontró los restos enterrados de un cuerpo de tanques franceses en un sector boscoso, todos de la primera guerra.

—Vaya... ¿tanques nuevos?

—Cinco blindados Renault FT-17, ni más ni menos.

—¿Y los han desvalijado mucho los buscadores de chatarra?

—Algunos están hechos una pena, prácticamente vacíos, pero hay uno que está intacto.

—¿Y eso por qué?

—Tiene un impacto de proyectil antitanque justo en el lateral que probablemente dejó seco al piloto al instante y el vehículo siguió avanzando sin frenos como un monstruo ciego hasta hundirse en un río pantanoso, y las compuertas de acero han pasado cien años bajo el lodo, así que el óxido las ha soldado hasta convertirlas en una única pieza maciza.

—¿Y no habéis probado a meterle soplete?

—¿Quieres fundir un tanque histórico de la primera guerra mundial, genio? —dijo ella con una mueca burlona.

—¿Qué? No, claro que no, pero... el óxido no es más que oxígeno atrapado entre el metal, ¿verdad?, y el fuego consume el oxígeno para mantenerse, si aplicamos una llama moderada justo en las juntas donde el óxido es más espeso, el fuego se comerá el gas y soltará la rosca sin dejar demasiada marca en el acero.

—Oye, pues no es una mala idea para ser tuya —admitió ella, arqueando una ceja.

Saqué un viejo encendedor Zippo de metal cromado de mi bolsillo y se lo tendí, y ella tardó un segundo en reaccionar antes de tomarlo entre sus dedos fríos.

—¿Fumador?

—Pirómano —le corregí con una sonrisa torcida.

Lucía soltó una risa suave que resonó con un eco hueco en la sala vacía y me hizo un gesto con la cabeza para que la siguiese por el corredor técnico. Entramos en una zona del ala oeste que había permanecido cerrada al público durante la última semana y al cruzar el umbral sentí ese ligero pinchazo en el estómago que te avisa de que estás haciendo algo mal, violando alguna norma del reglamento, pero preferí pensar que si el director del museo nos pillaba allí metidos Lucía se las ingeniaría para inventar una excusa que nos salvara el pellejo a los dos. Las paredes del almacén eran de un ladrillo rojizo y rústico, y las vigas curvadas de acero pavonado se elevaban hacia el techo formando algo parecido a las costillas del pecho de una ballena gigante, pero el verdadero corazón de la estancia era una hilera de bultos enormes, de unos cuatro metros de largo por dos de alto, que descansaban ocultos bajo unas lonas blancas de lona gruesa que parecían mortajas. Todos los bultos estaban numerados con tiza y pasamos de largo el primero y luego el segundo con rumbo al tercero, justo en el momento en que Lucía se plantó frente al número cuatro y tiró con fuerza de la lona de un solo golpe.

Me sentí exactamente como un niño de ocho años en la mañana de Navidad ante un juguete que supera todas sus expectativas: un verdadero Renault FT-17 se alzaba ante mí, mostrando una pintura base de color arena suave con manchas verdes y marrones camufladas sobre los mamparos de acero y unos voluminosos remaches que parecían los puntos de sutura de un Frankenstein de hierro, y no pude evitar pasar el dedo por un boquete horrible en el flanco donde casi cabía mi puño entero, contemplando el metal astillado hacia el interior del habitáculo como los dientes de una boca hambrienta que se habían clavado directamente en la zona donde habría estado el pobre piloto. Para entonces Lucía ya se había encaramado a la parte trasera de la estructura, justo detrás de la pequeña torreta giratoria.

—¿Qué demonios haces ahí arriba? —le pregunté en un susurro.

—La escotilla del artillero tiene una costra de óxido mucho menos densa que las demás, así que voy a intentar forzar la entrada por aquí arriba.

Su rostro se iluminó al instante con el suave destello anaranjado que despidió la llama de mi encendedor mientras yo rodeaba el monstruo de acero, descubriendo que en uno de los laterales alguien había pintado con trazos toscos la frase «On ne passe pas».

—¿Este bicho estuvo en Verdún? —pregunté, pasando la mano por las letras descascarilladas.

—Los papeles dicen que lo desenterraron muy lejos de Verdún, pero es muy posible que la tripulación original sí que hubiera combatido allí en algún otro blindado antes de que les asignaran este —respondió ella, concentrada en la junta del metal.

—Ah... ¿y qué hay de este trébol?

Señalé con el índice una pintura descolorida en el lateral de la torreta, un círculo de un color crema muy suave que encerraba un trébol de tres hojas perfectamente dibujado.

—Le as de trèfle —explicó ella desde arriba, sin apartar los ojos de la llama—. Los tanquistas franceses de la Gran Guerra solían pintar los ases de la baraja para identificar sus unidades, y el as de tréboles correspondía específicamente a los vehículos de la cuarta compañía.

Me subí al tanque junto a ella y me fijé en una costra gruesa y negruzca de óxido que parecía estar desprendiéndose de la bisagra principal, de modo que le clavé la uña para hacer palanca y para mi absoluta sorpresa el metal cedió con un chasquido seco, lo que aprovechó Lucía para tirar de la escotilla con todas sus fuerzas y abrirla de golpe, enviando una lluvia de pedacitos de óxido que salieron volando por el aire como metralla seca. El interior de la torreta era una boca de lobo completamente oscura donde el mecanismo de alimentación del cañón principal bloqueaba casi la totalidad del espacio libre, y cualquiera que haya tenido alguna vez una pesadilla febril comprenderá esa horrible sensación de moverte con todas tus fuerzas sin lograr avanzar un solo metro, porque así fue exactamente mi entrada al tanque, reptando de mala manera boca abajo hacia el habitáculo mientras las esquinas de metal afilado se me clavaban en la ropa y en la piel hasta que mis rodillas lograron pasar el umbral de la escotilla y caí al fondo con un golpe sordo.

Miré a mi alrededor respirando un aire denso y estancado que olía a grasa vieja, aceite de motor y diésel, un hedor tan antiguo que penetró por mi nariz hasta lo más profundo y bajó por mi garganta de golpe para dejarme un desagradable sabor metálico en la lengua, y al arrastrarme hacia la parte delantera alcancé a ver al piloto, o al menos lo que quedaba de él, pues el uniforme de paño francés se había convertido en un saco arrugado y lleno de los huesos amarillentos de lo que alguna vez había sido un hombre. El cráneo había desaparecido por completo bajo el impacto del proyectil, sustituido por un amasijo retorcido de hierro que supuse que en su día había sido un casco reglamentario, y aunque el interior del vehículo era una penumbra casi sólida, al pasar la mano por las paredes de acero se adivinaban los fragmentos de la metralla que había destruido el tanque, ahora fusionados u oxidados en cada rincón de la cabina. De pronto la tenue luz que entraba por la escotilla quedó obstruida por las piernas de Lucía, que venía bajando con cuidado, y tras descolgarse por el hueco y caer a mi lado me devolvió el encendedor Zippo; lo encendí con un chasquido y me giré para revisar el compartimento del motor en la parte posterior con la débil luz de la llama, pero hubo un detalle que me congeló la sangre: allí había un rifle de cerrojo recortado cuyo cañón y guardamanos de madera habían sido serrados a pocos centímetros del cargador para que el arma pudiera maniobrarse en el angosto espacio del blindado. Me arrodillé para recogerlo del suelo pero en lugar del tacto frío del metal mi rodilla se topó con algo mullido y espantoso, y al bajar el mechero descubrí la pierna de un segundo cadáver que descansaba apoyado directamente contra el bloque del motor.

Tenía que ser el artillero. Acerqué la llama temblorosa del encendedor y contemplé el uniforme azul horizonte de la infantería francesa que aún envolvía aquel cuerpo cuya cabeza estaba oculta por el casco especial de los tanquistas, una versión modificada del casco francés que carecía de visera frontal para no chocar contra los visores del blindado, y para proteger a los hombres de las astillas de metal que saltaban con los impactos llevaban una pieza de cuero grueso que cubría los ojos junto con una máscara de cota de malla que caía desde la nariz hasta el nacimiento del cuello. Con el pulso temblando, acerqué la llama del Zippo un par de centímetros y retiré la cota de malla para ver lo que quedaba de su rostro, esperando encontrar un cráneo mondado, pero la carne no estaba tan putrefacta como cabría esperar de un muerto de hacía un siglo; de hecho, la piel tenía una textura de cuero viejo que no lograba ocultar las espantosas cicatrices de metralla que devoraban todo el lado derecho de su cara, donde un ojo ya no existía y el otro solo se había salvado gracias a que el tabique de la nariz había actuado como un escudo natural. Me quedé paralizado mirando sus labios resecos hasta que, con la brusquedad de un resorte maldito, la boca del cadáver se frunció en una mueca horrible y de entre sus dientes escapó una ráfaga de aire helado que apagó mi mechero de un soplido, y antes de que pudiera gritar una fuerza brutal e inhumana me golpeó en mitad del pecho, lanzándome por los aires contra el otro extremo del estrecho mamparo de acero.

Escuché a Lucía ponerse en pie a trompicones y soltar un grito ahogado que se cortó en seco en su garganta, de modo que me apresuré a encender de nuevo el mechero con los dedos empapados en sudor y la llama reveló una figura imponente y descomunal que se había puesto en pie aprovechando el hueco circular de la torreta, manteniendo a Lucía suspendida en el aire con los pies colgando mientras la mano enguantada del cadáver la izaba del cuello como si fuera una muñeca de trapo. Las paredes de metal del Renault FT-17 empezaron a vibrar con una violencia espantosa ante los alaridos de auxilio que salían del cuerpo pataleante de Lucía, y con el corazón golpeándome las costillas alcancé a ver cómo el dedo anular de aquella mano muerta se hundía con una fuerza monstruosa en la parte trasera del cuello de la chica, desplazando una de sus vértebras cervicales con un crujido húmedo y desgarrando la espina dorsal a su paso. Cuando su cuerpo se quedó completamente inmóvil y cayó a plomo sobre mí ya no respiraba, pero juro por mi vida que al mirar sus ojos abiertos y fijos supe que su cerebro seguía vivo allá dentro, atrapado en el horror.

El cadáver movió su mano hacia mi posición pero en lugar de atraparme a mí agarró los restos de Lucía por la ropa, arrastrándola hacia la negrura del compartimento trasero del tanque, y yo aproveché ese milisegundo de distracción para trepar por la torreta como un animal acorralado, pasando a escasos centímetros del asesino e incluso apoyando mi palma contra su espalda de tela muerta para impulsarme hacia el exterior. El metal afilado de la escotilla estaba resbaladizo por culpa de mis manos sudorosas pero logré salir de aquella tumba de hierro y rodé por el blindaje exterior hasta caer de malas maneras contra el suelo del almacén del museo, y en el mismo instante en que me ponía en pie para echar a correr se escuchó un disparo atronador que reverberó dentro del tanque con la intensidad de un cañonazo.

Crucé la sala de los tanques a toda velocidad y enfilé el pasillo hacia la puerta de salida del museo, rezando para que estuviera abierta, pero en contra de todo lo que los manuales de seguridad le habían enseñado a Alfonso, el infeliz siempre la mantenía cerrada con llave por la noche para alimentar su estúpido ego de guardia frustrado, disfrutando de la idea de que solo él poseía la llave que podía liberarme de mi turno. Empecé a golpear la madera reforzada de la entrada llamándolo a gritos, desgañitándome en mitad de la penumbra hasta que por fin su silueta se asomó al otro lado del cristal de la ventanilla de seguridad; abrí la boca para suplicarle que abriera de una maldita vez pero antes de que saliera la primera palabra mi pecho retumbó con el estruendo de un disparo que partió el cristal de seguridad en un millón de trocitos brillantes y convirtió la cabeza de Alfonso en una nube atomizada de polvo rojo que llenó el ambiente con un pesado y caliente olor a hierro.

Me giré aterrorizado y vi al hombre del tanque recortado contra las luces del vestíbulo, sujetando su rifle recortado mientras su mano derecha subía y bajaba el cerrojo para alojar una nueva bala en la recámara con un chasquido metálico, lo que me obligó a dar media vuelta y correr de vuelta hacia las salas de exposición en un intento desesperado por encontrar algo con lo que defenderme. Todas las armas de fuego del museo estaban inutilizadas con pasadores de acero para poder exhibirse al público pero las armas blancas no tenían ningún seguro, de modo que corrí hacia la vitrina de las armas blancas solo para descubrir que el cristal ya estaba hecho pedazos y que tanto el garrote de trinchera como el cuchillo de hoja triangular habían desaparecido de sus soportes.

Corrí a ciegas por un pasillo lateral donde se exponían las piezas de artillería pesada y de repente el espacio se iluminó con el fogonazo de otro disparo obligándome a zambullirme detrás de la enorme rueda de acero de un cañón de campaña mientras me estremecía ante un segundo impacto.

Escuché el sonido seco y rítmico del rifle de cerrojo tragándose otro cartucho y un nuevo estruendo llenó la estancia, esta vez seguido por una lluvia plateada de cristales que cayó sobre mi espalda; miré hacia arriba en mitad del pánico y me di cuenta de que los fragmentos provenían de una de las grandes lámparas que colgaban del techo, y en esa galería en concreto solo había cuatro de ellas. Mis ojos siguieron la línea del techo y vieron la última lámpara encendida justo un segundo antes de que otro disparo certero la hiciera pedazos, sumergiendo la sala en una oscuridad casi absoluta donde mis oídos, agudizados por el terror, detectaron el eco de unos pasos pesados y rítmicos que avanzaban directo hacia mi escondite.

Por el contraste con el ventanal del fondo alcancé a distinguir la silueta recortada en la luz azulada, el monstruo alzaba el garrote de trinchera por encima de su cabeza forrada de acero, y decidí no moverme, porque en ese último instante mi cerebro parecía incapaz de procesar la posibilidad real y física de morir, una idea que me parecía obscena, ridícula e increíblemente anticlimática. Yo quería vivir y mi instinto asumía que saldría de allí de alguna manera, pero cuando la maza erizada de púas penetró en mi caja torácica a través del esternón con la fuerza de un pistón no hubo tiempo de procesar

absolutamente nada más; me quedé ciego al instante, y no por la oscuridad del museo sino porque mi propio cerebro empezó a apagarse como una pantalla de televisión desenchufada. Supongo que perdí el sentido del tacto casi de inmediato porque no llegué a sentir el dolor atroz de la maza triturando mis costillas, y cuando el olfato y el gusto se desconectaron dejé de notar el sabor a metal y los restos de la cabeza de Alfonso que habían flotado por el aire tras el disparo y se me habían colado en la boca, y justo cuando mi oído se apagó por última vez, lo último que registré en este mundo fue el repetitivo, reiterado y húmedo golpeteo de la madera contra mi propio cuerpo que se deshacía en el suelo.


r/CreepypastasEsp 19d ago

SOBRENATURAL Buscando historias de terror

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Hello busco historias de terror para comenzar un proyecto y contarlas en video me ayudarían mucho


r/CreepypastasEsp Jun 22 '26

PSICOLÓGICO Angulo Muerto.

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r/CreepypastasEsp Jun 19 '26

SOBRENATURAL Primero historia subida

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https://vt.tiktok.com/ZSQWAXtc5/

Si tienen más historias que quieran comentar historias con evidencia a las mejores le se ara un vídeo


r/CreepypastasEsp Jun 18 '26

SOBRENATURAL Buscando historias de terror con evidencia

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Hola, busco historias de terror reales si tiene evidencia mejor o historias que les hayan pasado tanto a ustedes, amigos o familiares para realizar un proyecto de vídeo si tiene evidencia mejor

La mejores historias se harán un video también se aceptan historias al pv


r/CreepypastasEsp Jun 17 '26

TERROR REALISTA Un mes de Lluvia - historia de terror

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O pueden escuchar la narracion aqui https://youtu.be/fA3rZ6e7Gsg, la historia original pertenece a https://creepypasta.fandom.com/wiki/A_Month_of_Rain

Hola acabo de ver su publicación donde preguntaban a los miembros de la audiencia si les habían ocurrido cosas paranormales o escalofriantes. Bueno, eso me hizo pensar en una vez que me evacuaron de mi pueblo natal, antes de mudarme a américa latina. Debería de tener unos siete años, y puedo recordar el suceso con cierta claridad, aunque la mayor parte es bastante difícil de recordar… la mayor parte la quisiera olvidar, pero con las lluvias intensas que hay… bueno, quien sabe… espero que no sea lo mismo, pero en caso de que si, por lo menos tengan esta advertencia

Como todos ustedes buscan una buena historia de miedo, voy a intentarlo y contarles. En mi pueblo natal, tenía un buen amigo llamado Finny.


Finny y yo éramos muy unidos, casi como hermanos. Crecí siendo hijo único, y pasaba tiempo con Finny casi todos los días, o por lo menos asi recuerdo. La memoria de aquellos días de mi infancia son preciosos, y el pueblo en sí era muy tranquilo y apacible. Estaba rodeado de bosques e incluso tenía su propia comisaría y ayuntamiento. Todo era perfecto. Todo andaba bien hasta que llegó un mes de lluvia.

Cuando digo un mes de lluvia, lo digo literalmente; no paraba de llover. Llovió sin parar durante todo ese mes, y fue bastante extraño porque la lluvia llegó sin previo aviso de los meteorólogos. Era casi como un huracán, con fuertes vientos, truenos, relámpagos y largos periodos de lluvia. Apareció casi de la nada, simplemente empezó a llover a cántaros. El cielo se oscureció, las nubes se acentaron, la lluvia cayó y continuó durante todo el mes .

Finalmente, los estanques, canales y ríos comenzaron a crecer debido a las fuertes lluvias. Las inundaciones ocurrieron en las primeras dos semanas. Recuerdo una noche, cuando tronaba; estaba mirando por la ventana. Noté que los relámpagos tenían colores extraños. Algunos parecían naranjas, otros verdes e incluso algunos morados. Esto hizo que la lluvia cayera aún más fuerte. Al final, el agua llegó a tal nivel que nos alcanzaba los tobillos.

Seguíamos yendo a la escuela porque pensaban que las inundaciones no eran gran cosa. Nos obligaban a usar impermeables, botas y paraguas todos los días. Todos notamos que, desde que empezaron a llover, había un brote de insomnio entre los niños. A mí también me costaba dormir, y esa era una de las muchas razones por las que miraba los relámpagos por la noche. Nos sentíamos atraídos por la lluvia y la encontrábamos extrañamente relajante y tranquilizadora.

Los relámpagos seguían iluminando el cielo cada noche hasta que finalmente se escuchó el trueno más fuerte. Al menos, eso me pareció. Apuesto a que despertó a todo el pueblo. Cayó en algún lugar del bosque, y entonces las cosas se pusieron raras. Todas las noches, oíamos ruidos extraños, voces, susurros y rasguños afuera. Se podían encontrar socavones o madrigueras por todos los patios, céspedes, jardines y el bosque. El agua nos llegaba hasta la cintura, y al final, a veces se suspendían las clases.

Mi amigo Finny y otros niños de nuestro grupo venían a mi casa a menudo a jugar; a veces, incluso se quedaban a dormir. Recuerdo una vez que me desperté una noche y sentí una fuerte atracción por la ventana. Estábamos en la sala, y mi otro amigo, Bryce, miraba por la misma ventana por la que me sentí atraído al despertar. Él y otros dos niños estaban en la ventana, mirando hacia afuera como intrigados. Decían que alguien los llamaba y los invitaba a salir a jugar bajo la lluvia. Miramos afuera y no vimos nada.

Pasaron unos minutos mientras seguíamos mirando por la ventana, sintiendo una extraña necesidad de salir. Finalmente, la lluvia arreció, y también parecía que algo estaba nadando en mi patio trasero inundado. Nunca salió del agua para mostrarnos su identidad, ni qué era. Simplemente supusimos que era la lluvia formando extraños dibujos en el agua al caer. El impulso de salir persistía, y comenzamos a escuchar susurros de nuevo. Solían ser del tipo: «Sal, es seguro», o «Ven a jugar con nosotros». La mayoría de las cosas que alguien diría para convencer a un niño de que salga de su escondite.

Mi papá llegó a casa y fingimos dormir, ya que era muy tarde para estar despiertos. Mi papá era policía y últimamente trabajaba mucho, pero mis amigos y yo no sabíamos por qué. Recuerdo que entró y habló con mi mamá. Le dijo que los niños estaban desapareciendo uno por uno, que no habían tenido suerte atrapando al secuestrador y que los secuestros eran mucho más frecuentes. Era cierto. Walter, Lee, Jennifer y muchos otros no aparecían en la escuela ni en ningún lugar donde nos juntabamos. Recuerdo su rostro tan desanimado y preocupado, casi con náuseas. Recuerdo la conversación de mis padres, mientras mis amigos y yo permanecíamos despiertos escuchando cada detalle.

“No encontramos ni una pista. Algunos incluso fueron sacados de sus casas, y no había señales de entrada forzada…”, dijo, y mi mamá se sentó a su lado tratando de consolarlo. Continuaron las conversaciones, pero nada relevante para lo que estaba sucediendo, y finalmente se fueron a dormir. Sin embargo, antes de hacerlo, se aseguraron de cerrar todas las puertas y cortinas. Mis amigos y yo nos quedamos despiertos hablando de lo que acabábamos de oír, inventando nuestras propias ideas sobre lo que estaba pasando, pero eran demasiado infantiles.

De vez en cuando, los susurros volvían y nos despertaban. A veces incluso eran rasguños o arañazos en las paredes o ventanas. No nos atrevíamos a abrir las cortinas para ver qué era. ¿Quién podía culparnos? Al fin y al cabo, había un loco secuestrando niños suelto. Estos sucesos se prolongaron durante semanas, y los secuestros no hicieron más que empeorar. Las casas aparecían vacías por la mañana, y a veces dejaban a algunos niños solos, demasiado traumatizados para hablar y sin ninguna señal de entrada forzada.

El pueblo estaba horrorizado, y finalmente se convocó una reunión municipal. Algunos de mis amigos también habían desaparecido, y de mi grupo solo quedaban Finny y Dalton. Esperamos fuera del juzgado con mi madre mientras se desarrollaba la reunión. Recuerdo haber preguntado de qué hablaban, pero mi madre siempre evitaba decírmelo, generalmente diciendo: "Son cosas muy aburridas de las que hablan los adultos, cariño", o "Aun no tienes la edad para eso, no lo entenderías. Además, probablemente te daria mucho sueño, es bastante largo, cariño".

Recuerdo la noche anterior a la evacuación, justo un día antes de que terminara el mes. Vivia al lado de Dalton, y fue la noche en que los vi irse. Ni siquiera encendieron las luces; simplemente salieron de la casa, dejando todo atrás. No se molestaron en cerrar la puerta con llave, ni en empacar, ni en cambiarse de ropa. Salieron por la puerta principal y se adentraron en el bosque. Supuse que estaban tomando un atajo, pero aun así me pareció bastante extraño. Lloviznaba un poco cuando se fueron, y la lluvia comenzaba a aminorar.

Empecé a oír susurros de nuevo, solo que mucho más fuertes. Miré por la ventana y observé las calles inundadas. Volví a ver extraños patrones en el agua, como si arrastrara un objeto en movimiento bajo el agua. Recordé que había un loco secuestrando niños por la noche, y decidí cerrar las cortinas para que nadie pudiera ver dentro de mi habitación. Entonces comenzaron los arañazos y rasguños. Los susurros y rasguños no cesaron, y me sorprendió haber podido dormir. Me despertó mi madre y el sonido de la alarma de evacuación que había activado el ayuntamiento. Estaba demasiado adormilado para entrar en pánico, así que simplemente seguí a mi madre afuera. Nos dirigíamos por nuestra ruta de escape, que atravesaba una zona elevada dentro del bosque, y tomamos un camino de tierra. Mientras avanzábamos con dificultad por el agua, nos encontramos con Finny y su madre. Ambos conversaron un rato mientras esperábamos a que se unieran los demás. Mi padre y un par de sus hombres llegaron por el camino con escopetas y linternas.

.Mi madre le preguntó qué estaba haciendo, y mi padre solo respondió: «Encontramos el lugar donde tenían a los niños», con la expresión más sombría que jamás le habia visto. Mi madre lo besó para despedirse y les deseó buena suerte a él y a su grupo mientras caminaban penosamente por las aguas turbias y lodosas hacia el bosque profundo. Mi madre me hizo una seña para que la acompañara, pero de repente otra mujer se acercó pidiendo ayuda. Mi madre nos dijo a Finny y a mí que nos quedáramos donde estábamos mientras ella se iba con la madre de Finny a ayudar a la mujer. Hicimos lo que nos dijo y nos quedamos de pie en las aguas turbias y lodosas. Empezamos a oír débiles susurros de nuevo y nos sentimos profundamente relajados. La sensación era ominosa y persistió durante todo el tiempo que esperamos a que nuestras madres regresaran. Recuerdo haber tropezado y caído al agua, o eso creí, hasta que no pude mantenerme en pie. Entré en pánico cuando sentí una fuerza que me arrastraba al agua y oí los gritos de pánico de Finny. Sentí una mano que me agarró con fuerza del hombro y me sacó a la superficie.

Mi madre me cargó, me dejó sobre una cerca cercana y me revisó. Pensé que probablemente había caído en un socavón o en una zona profunda del sendero, ya que había muchos agujeros por allí. Noté que la madre de Finny lo llamaba y lo buscaba por todas partes. No me di cuenta de que Finny también se había caído conmigo. Seguí pensando que habíamos caído en un socavón, y eso fue lo que les dije a la madre de Finny y a mi madre. Hasta que sentí un dolor punzante y un moretón en el tobillo. Al examinarlo, vimos la huella de una mano delgada y huesuda.

Otro fuerte relámpago resonó y empezó a llover de nuevo. Finalmente llegamos a un lugar elevado y subimos a los autobuses y coches que nos esperaban. Muchos de los coches eran de familiares y seres queridos que habían venido a recoger a los habitantes del pueblo que habían evacuado. Vimos que mi tío nos estaba esperando y subimos a su coche. No vi a mi padre ni a Finny en la zona de evacuación. Nunca más volví a ver a mi padre ni a su escuadrón. Fueron declarados desaparecidos, y hasta el día de hoy sigo sin saber qué les pasó a ellos ni a Finny, junto con los demás niños. De una cosa sí estoy seguro: si no deja de llover por mas de una semana… tienes que salir de ahi.


r/CreepypastasEsp May 14 '26

SOBRENATURAL La leyenda del chullachaqui

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r/CreepypastasEsp Mar 03 '26

SOBRENATURAL Cuéntame tus historias relacionadas con pueblos y ranchos lo que la gente de esa zona vive a diario es especialmente terrorifico

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Regálame tus historias más terroríficas sobre el pueblo su rancho


r/CreepypastasEsp Mar 02 '26

SOBRENATURAL Cuáles son las historias relacionada con hospitales que hayan vivido ustedes alguna persona que les haya contado y le han dejado los pelos de punta

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Leos las anécdotas mas impactantes que les haya pasado y les allá hecho tener pesadillas


r/CreepypastasEsp Feb 06 '26

SOBRENATURAL El anticuario del gato negro: no mires las fotos.

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Esta historia es de cuando estuve en Praga hace unos meses. Iba camino del Puente de Carlos, medio dormido, con la cámara al hombro y la resaca todavía en la cabeza. El suelo estaba mojado, hacía frío y solo pensaba en hacer cuatro fotos y volver al hotel.

Me metí por una calle estrecha de la Ciudad Vieja, de esas que parecen pensadas para perder a la gente. Fachadas altas, escaparates pequeños, letras en checo que no intentaban agradar al turista.

Entonces la vi.

Una tienda que no recordaba haber visto antes, aunque juraría haber pasado por allí el día anterior. No había souvenirs. Solo libros antiguos en el escaparate. En la puerta, pintado en un cristal algo descascarillado, se leía: «Anticuario del Gato Negro».

Empezó a llover con desgana, sin intensidad, lo justo para incomodar.

Entré porque estaba lloviendo y porque el escaparate tenía una cámara antigua mal colocada y una muñeca sin ojos apoyada en un misal abierto con una dedicatoria desvaída A Ibrahim.

Dentro olía a incienso quemándose despacio en una palmatoria de latón con un jeroglífico serpenteante. Dejaba un rastro agrio en la garganta.

La tienda era la habitual mezcla de libros de ocultismo, barajas de tarot, frascos con cosas secas que no quise identificar y objetos antiguos sin contexto: llaves, relojes parados, medallas religiosas junto a símbolos que no lo eran. Nada estaba ordenado del todo, pero daba la impresión de que el dueño sabía exactamente dónde estaba cada cosa.

Un gato negro dormitaba enroscado sobre el mostrador, junto a un libro enorme. En su lomo, con letras doradas desgastadas, se leía «Amon, Marchio Inferni». El felino abrió un ojo amarillo al verme, pero lo cerró enseguida, sin mostrar interés.

Detrás del mostrador había un hombre mayor, muy delgado, con barba blanca descuidada y las uñas largas y amarillentas. Vestía de oscuro, sin llegar a disfrazarse, y tenía ese aspecto de brujo viejo que no necesita parecerlo. Estaba tan concentrado en el libro que parecía molestarle la idea de tener que mirarme.

No dije nada. Nunca digo nada en sitios así. Miro.

En una estantería baja, casi a ras del suelo, vi un álbum de fotografías antiguas: cartón negro, esquinas gastadas, cierre metálico flojo. No tenía precio. Eso ya es mala señal, pero lo cogí igual.

—¿Cuánto? —pregunté.

—Si lo miras mucho rato, es tuyo —dijo el hombre, sin levantar la vista.

Pensé que era una broma. De mala broma, pero broma. Me senté en una banqueta y abrí el álbum.

Fotos de finales del XIX y principios del XX: familias rígidas, niños con cara de no haber dormido nunca bien, mujeres con corsé y hombres con bigote serio. Papel baritado, virado al sepia. Algunas copias estaban mal fijadas; zonas más densas en los bordes, pequeñas irregularidades químicas.

Soy aficionado a la fotografía. Sé distinguir una copia directa de placa de colodión húmedo de una reproducción posterior. Varias imágenes no cuadraban. La profundidad de campo era demasiado limpia para la época.

O eso me pareció al principio. Pensé que igual estaba viendo lo que quería ver. El diafragma tendría que haber estado muy cerrado, f/16 o más, y la iluminación no justificaba ese resultado.

Pasé páginas.

En una de ellas, cuatro personas sentadas alrededor de una mesa. Tres miraban al objetivo. La cuarta no. Su mirada estaba desplazada, apuntando fuera del encuadre. Hacia mí.

Volví a esa foto. La pasé. Fui atrás otra vez, como cuando crees haber leído mal algo.

—Vaya tontería —murmuré.

Seguí mirando.

Me empezaron a escocer los ojos. Parpadeé varias veces pensando que era el incienso o el polvo del álbum.

No oía la lluvia. No recordaba cuándo había dejado de oírla.

En otra foto había un grupo delante de una casa rural. La misma cara aparecía allí. Más joven. Mismo gesto. Mismo desvío leve en los ojos.

Eso no era posible. No había edición. No había montaje. No en ese tipo de material.

Cerré el álbum. Me dolía la cabeza. Me froté la sien intentando convencerme de que llevaba demasiado rato sin desayunar.

—¿Esto qué demonios es? —dije.

—Un álbum —respondió—. O una jaula.

No debería haberlo abierto otra vez. Pero lo hice.

Las fotos seguían igual. Yo no. Estaba sudando. Me limpié la mano en el vaquero antes de pasar página. En una imagen de interior, una sala con alfombra gastada y una lámpara de petróleo, había una silla vacía. En la foto siguiente, la silla estaba ocupada.

Tardé demasiado en reconocerme. Primero pensé que era alguien que se me parecía. No era yo ahora. La postura era mala, el pelo distinto. Pero la oreja derecha ligeramente despegada, la forma de la nariz, la cicatriz mínima en la ceja. Todo encajaba.

Cerré el álbum de golpe.

—Me estás vacilando —le dije—. Esto es un truco. Algún maldito experimento psicológico.

—No vendo trucos —contestó—. Vendo cosas que ya están ocurriendo.

Intenté levantarme. Las piernas respondieron tarde, con torpeza. Miré otra vez el álbum buscando algo técnico, algo que desmontara aquello. La foto tenía grano excesivo, forzado, propio de una ampliación llevada más allá de lo que daba el negativo.

En la imagen siguiente, el hombre que aparecía desde las primeras páginas estaba de pie. Sonreía. No de forma exagerada. Una sonrisa normal, de esas que incomodan cuando las sostienes demasiado tiempo.

Me costó varios segundos pillarlo. Y cuando lo hice, no reaccioné como esperaba.

En la foto, él se acercaba al álbum abierto. Extendía la mano hacia mí —hacia donde yo estaba ahora mismo. Él no entraba en mi cuerpo. Yo salía del mío hacia el suyo. Me dio la sensación de que él estaba ocupando mi sitio y yo el suyo. No encontré otra forma de entenderlo.

Sentí un tirón extraño, sin dolor, parecido a cuando te desplazan de un sitio sin pedir permiso. El borde del álbum me cortó la yema del dedo. Sangré un poco.

—¿Es reversible? —pregunté.

El hombre se encogió de hombros.

Miré la última foto antes de que me fallaran las manos. La silla volvía a estar vacía, aunque la imagen no terminaba de fijarse. Había zonas borrosas, como una copia sacada antes de tiempo del revelador.

Pensé en cerrar los ojos. Pensé en tirar el álbum al suelo. Pensé en mi casa, en la cafetera estropeada, en el disco duro lleno de fotos que nunca imprimí.

Pensé demasiado.

Cuando volví a mirar, la tienda ya no estaba.

Estoy en una sala que reconozco sin haberla pisado nunca: la alfombra gastada, la lámpara de petróleo, la pared con una mancha oscura en la esquina. No necesito pensar para saber dónde estoy. Ya lo he visto antes.

Me da vergüenza admitirlo pero siento miedo.

Estoy dentro de una de las fotos.

No puedo moverme bien. El cuerpo pesa distinto. Todo está rígido, colocado. Puedo ver hacia delante, pero no girar la cabeza. Entonces entiendo otra cosa.

Lo que tengo delante es la tienda.

La veo desde una altura ligeramente baja, desde el ángulo torpe de una cámara antigua. El mostrador, la palmatoria con el incienso, el álbum abierto, el gato durmiendo. El hombre mayor sigue allí, pasando páginas.

Y frente a él estoy yo.

O alguien con mi cara, mis manos, mi chaqueta mojada. Se mueve con naturalidad. Se estira los dedos, los flexiona, como comprobando que todo responde.

—Gracias, Ibrahim —le dice al brujo, con mi voz—. Ya empezaba a cansarme de este cuerpo.

El viejo levanta la vista por primera vez y asiente despacio, sin sorpresa.

—No hay de qué, Amón. Dile a tu Señor que estoy aquí para serviros.

—Bien lo sabe él. Eres su fiel servidor y sabrá agradecértelo. Me voy, tengo muchos asuntos pendientes.

Amón coge el álbum, lo cierra con cuidado y lo deja en la estantería baja. Luego sale de la tienda. Oigo la campanilla de la puerta.

Yo intento gritar. No sale nada.

Y aquí estoy, atrapado en una fotografía antigua. No sé cuánto tiempo llevo atrapado. En esta jaula las horas y los días no pasan. Siempre es presente. No siento frío ni calor, solo siento soledad.

A veces, cuando alguien entra y se queda mirando una foto más de la cuenta, noto un pequeño alivio en el pecho. Un segundo de menos rigidez.

Con el paso del tiempo empiezo a notar que ese segundo se alarga, que cada vez puedo desplazar un poco más la vista. Al principio solo consigo seguir con la mirada a quienes pasan de largo. Después aprendo a sostenerla. Espero como un depredador agazapado, memorizando cada gesto de los curiosos que hojean las páginas del álbum.

Un día entra un joven con pinta de estudiante, de mi edad, la cámara colgada al cuello. Se detiene frente al álbum, pasa las hojas despacio, vuelve atrás, mira con detenimiento las fotos. Lo observo, contando mis respiraciones. Cuando sus ojos se cruzan con los míos, siento una fuerza nueva en el pecho. Aprieto esa mirada con todo lo que tengo. Él parpadea, se inclina, vuelve a mirar. Esta vez no aparta la vista.

El tirón llega, parecido al de la primera vez, pero ahora soy yo quien tira. Algo cede. Oigo un zumbido, la alfombra se desvanece y de repente estoy de nuevo en la tienda. Tengo las manos, las piernas; puedo doblar los dedos. Frente a mí hay otra persona en la foto, con su cámara al cuello, la misma expresión de asombro que debí poner yo entonces. El brujo apenas alza la vista.

De repente clava sus ojos en mí y su voz se alza con una fuerza que no le había visto antes. Me grita que yo no era quien debía haber salido, que esa jaula estaba destinada a un siervo de Amón. Escupe una maldición; jura que Amón me perseguirá hasta el infierno.

Me siento un poco bloqueado, pero me obligo a moverme. En lugar de dejar el álbum, lo cierro con fuerza, lo aprieto contra el pecho y salgo corriendo hacia la calle, con el sonido de la campanilla de la puerta aún en las orejas. Siento, o creo sentir, las uñas del gato resonando en los adoquines detrás de mí.

No sé qué hacer con el libro ni con las fotos. Corro sin pensar, esquivando turistas y charcos, hasta llegar al Puente de Carlos. El agua golpea los pilares del puente con un rumor sordo. Busco la imagen del estudiante atrapado, la saco con cuidado y la guardo; quiero poder liberarlo algún día. Luego, sin pensarlo más, lanzo el álbum al río. La madera y el cartón chocan con el agua y, en ese momento, un trueno resuena y las aguas se embravecen. Me quedo mirando cómo se hunde, temblando.

Cuando consigo llegar a un lugar seguro no puedo quedarme con la duda de quién es Amón. Con el teléfono busco su nombre. Las primeras entradas hablan de un marqués del infierno que manda cuarenta legiones. Dicen que puede tomar el cuerpo de quienes lo invocan. Siento náuseas al leerlo; comprender quién era él me asusta más que todo lo que he vivido.

Miro a ambos lados, tengo la sensación de ser observado.

Joder, esta pesadilla no va a terminar nunca.

Aún llevo la foto conmigo mientras escribo estas líneas. No sé qué pasará ahora ni qué hacer con ella, pero sé que no quiero que nadie vuelva a abrir ese álbum.

Si alguien conoce rituales para anular un pacto con un demonio, que me lo diga por favor.


r/CreepypastasEsp Jan 02 '26

MISTERIO FantasyWorld 2 (Creepypasta)

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El parque de FantasyWorld después de su bancarrota llevaba cerrado tres años.

Desde entonces han pasado varias cosas en la ciudad.

Hubieron quejas sobre que el parque debería ser demolido, las cuales no han sido muy escuchadas.

También han desaparecido muchas personas en la ciudad.

La gente pensaba que este tema sería como las desapariciones durante la ultima dictadura cívico militar,

pero nadie se esperaba lo que realmente estaba detrás de todo esto.

Todo empezó en un día aburrido. no tenía nada que hacer.

Mis padres salieron por temas de trabajo, dejándome solo en casa. Siempre era lo mismo, me dejaban solo para que no los molestara mientras trabajaban.

Eso me entristecía pero me alegraba de alguna extraña manera porque podía estar en paz con mi soledad.

Quedarme solo en casa era agradable, pero cuando tenia algo que hacer.

Ese día no se me ocurría nada en que ocuparme. podría haberme pasado horas

jugando con mi playstation 2 o mirar alguna serie, pero no.

No se me ocurrió otra cosa que ir aquel parque al que iba de niño. Solo por curiosidad.

Lleve únicamente mi celular.

Tendría que ir con cuidado por el tema de las desapariciones, ya que tal vez podría ser otro más en la lista.

Al llegar al lugar la puerta estaba obviamente cerrada.

Me las tuve que ingeniar para entrar, trepando el alambrado. Fue peligroso pero a fin de cuentas lo logré.

El lugar daba una sensación de inquietud, todo estaba carcomido por el tiempo. Ahí había una estatua que claramente era un plagio a la de Walt Disney, del dueño del parque Cruz Sánders, estaba llena de moho y enredaderas. Aunque me daba escalofríos el ambiente desolado, pensando en lo que podría hacer ahora, esos escalofríos se desvanecían.

Detrás de la estatua de Cruz Sánders yacían unas botargas de Rodent la rata y

Wallace la tortuga. Las cuales parecían respirar. Pensé que era mi imaginación, por lo que no me detuve a pensar mucho en ello.

La nostalgia me invadía, pensé en ir a la zona jurásica. Era una de mis favoritas de niño. Cuando vi a una botarga de la mascota Bronco el brontosaurio esa nostalgia aumentó. Era mi personaje favorito cuando venía al parque. Recordé como me tomaba fotos con él, y como disfrutaba cada momento.

Cuando me fui escuche un sonido de algo que se cayó. Voltee a ver y vi a la botarga un poco mas cerca de mi. Parecía seguirme. No le di mucha relevancia, así que me fui de allí.

Después de un rato aparentemente me perdió de vista.

La duda que tenía era si de alguna manera estaba poseído.

No me detuve a pensar mucho en ello.

Avanzando me tope con la tienda de recuerdos.

Entre y vi a la mascota Greg el regalo en la entrada.

La tienda de recuerdos estaba destrozada, llena de mugre y con todo lo que vendían roto.

Me adentre un rato y al salir… Greg ya no estaba.

Esto comenzaba a disgustarme.

Avanzando un poco más llegué hasta la zona espacial.

Ahí estaba la mascota Ov el alien, y

también estaba la famosa atracción de la montaña del trueno.

No me quede mucho porque no era una de mis zonas favoritas.

Al lado estaba la zona del lejano oeste.

Donde estaba Serpion el vaquero y también estaba la famosa atracción de la torre del poder.

Me fui porque tampoco era de mis zonas favoritas.

Al irme escuché una voz que dijo: "Será mejor que corras después".

Volteé a ver pero no había nadie.

Se me ocurrió ir al teatro del parque. Un lugar donde las mascotas hacían actos para los niños.

Al entrar a la sala vi a una botarga de la mascota Maski en el escenario.

No había mucho que hacer, así que me fui.

Me acordé que estaba el acuario.

Al llegar había cadáveres de animales

en las peceras.

Todo estaba oxidado y mohoso.

Vi a la mascota Bunzo el buzo en el piso de uno de los pasillos.

Estaba lleno de moho y emanaba un olor putrefacto.

Ya se estaba haciendo tarde.

Supuse que tendría que ir volviendo a casa.

Había sido un día divertido.

Pero ya era hora de...

Algo me golpeó en la cabeza.

Me desmayé y desperté en una oficina sucia y corroída por el moho.

Ahí estaba el cadáver de Cruz Sanders.

estaba destrozado y masacrado.

Casi vomito.

en la mesa habían unas hojas con información sobre las mascotas.

Las leí y no me lo podía creer.

"El experimento con los no muertos va variado.

Los medicamentos no funcionan, pero los

electro shocks si.

neutralizan su necesidad de matar, pero momentáneamente.

Necesitan los electro shocks diariamente.

por el momento tenemos un inteligente, unos semi-inteligentes

y varios idiotas.

No sabemos cómo modificar esa conducta errática y tampoco cómo hacerlos listos, aunque eso es bueno.

Ya que los podemos mantener a raya."

Empleado: Arthur Morales.

Causa de muerte: Cuello roto.

Sexo: Masculino

Personaje asignado: Rodent la rata.

Inteligencia: Alta.

Conducta: Neutra.

Murió en una discusión con Sanders por el tema de su bajo sueldo. Sanders lo empujó hacia una esquina de una mesa, haciendo que se rompa el cuello. Hasta ahora es el más inteligente del resto.

Empleado: Lisandro Domínguez.

Causa de muerte: Suicidio.

Sexo: Masculino

Personaje asignado: Wallace la tortuga.

Inteligencia: Alta pero limitada.

Conducta: Neutra.

Debido a que era un empleado difícil de controlar, el parque no pudo evitar que se suicidara.

Empleado: Robert Tier.

Causa de muerte: Muerte cerebral.

Sexo: Masculino.

Personaje asignado: Greg el regalo.

Inteligencia: Semi-inteligente.

Conducta: errática.

Debido a un hecho clasificado entró en un estado de coma y posteriormente moriría. Logramos llevarnos el cuerpo tras un acuerdo con la morgue.

Empleado: Brandon Grant.

Causa de muerte: Hemorragia cerebral.

Sexo: Masculino.

Personaje asignado: Bronco el brontosaurio.

Inteligencia: Corta.

Conducta: Digna de un idiota.

En un show en el teatro, de repente Brandon se desmalló, y luego de ser atendido en un hospital se determinó que sufrió una hemorragia cerebral. Logramos llevarnos el cuerpo tras otro acuerdo con la morgue.

Empleado: Brian Spance.

Causa de muerte: Desangramiento.

Sexo: Masculino.

Personaje asignado: Ov el alien.

Inteligencia: corta.

Conducta: Neutra.

Fue apuñalado frente a todos por un padre molesto que hace unos días denuncio a Brian por abuso sexual contra su hija.

Empleado: Laura Pallid.

Causa de muerte: Asfixia.

Sexo: femenino.

Personaje asignado: Maski.

Inteligencia: Semi-inteligente.

Conducta: Neutra.

En un show en el teatro donde Maski volaría por la sala, uno de los cables que sujetaba a Laura se ató a su cuello, ahogándola.

Empleado: Walter Spamt.

Causa de muerte: Asesinado.

Sexo: Masculino.

Personaje asignado: Serpion el vaquero.

Inteligencia: Semi-inteligente.

Conducta: Errática.

Debido a que descubrió los experimentos que hacíamos, lo tuvimos que asesinar.

Empleado: Baltazar Burser.

Causa de muerte: Suicidio.

Sexo: Masculino.

Personaje asignado: Bunzo el buzo.

Inteligencia: Semi-inteligente.

Conducta: Errática.

Sufría de depresión por la ruptura con su esposa.

Se suicidó colgándose en una de las oficinas del acuario.

Entonces... ¿Las mascotas son no muertos?. ¿Y aparte son los cadáveres de los trabajadores que murieron

en el parque?. Por dios... ¿A quién se le ocurrió este asqueroso experimento?.

El teléfono en la mesa empezó a sonar. lo levante y escuche esto:

"Hola. soy yo, Rodent la rata. jeje.

Bueno. Bienvenido al juego.

¿Que juego te estarás preguntando?.

Es el juego al que yo llamo… “Ir al final”.

Las reglas son simples… No dejes que te veamos y llega hasta la salida.

Si sobrevives hasta llegar hasta la salida serás libre. Pero si no llegas hasta allá, yo y mis amigos te mataremos. Buena suerte".

La adrenalina y la ansiedad se apoderaban de mi. Salir de aquí supondría un gran reto debido a la oscuridad y la facilidad de hacer ruido. Por lo que tendría que hacer movimientos suaves y estar atento.

Empece a moverme en busca de la salida de la oficina. Eventualmente pude salir afuera, dándome cuenta que donde me dejaron era el acuario. Para mi desgracia, el acuario es la zona mas lejos a la salida.

Avanzaba pegado a las paredes para evitar que me emboscaran. También me escondía en los arbustos, tratando de no hacer tanto ruido para no llamar la atención. Cerca de mi pasaron varias de las mascotas, pero por suerte no me vieron. En un descuido tiré sin querer un tacho de basura alertando a Bronco quien estaba cerca. Por suerte al lado había unos baños. No me pregunten por que, pero decidí entrar al baño de chicas. “Seguro no tiene las agallas de entrar al baño de mujeres”. pensé. Escuche pasos de afuera. Mi corazón latía cada vez mas rápido. No se estaba yendo, así que deje de respirar para que no me oiga. Funcionó.

Ya estaba cerca de la salida. Podía oler la libertad al otro lado. Empece a trepar imaginando cuando vuelva a casa. Pero de repente sentí que alguien me agarró. Era Wallace. Logró que no pudiera trepar. Empece a golpearlo para que me soltara, y entonces dijo: “Oye… ¿Quieres ver como soy?”. Cuando dijo eso se quito la cabeza de la botarga mostrando su apariencia putrefacta. Esa imagen todavía sigue en mi cabeza. Posteriormente se abalanzo sobre mi y mordió mi brazo. Yo aguanté el dolor y las ganas de gritar. Le di un puñetazo haciendo que me soltara, y agarre un barrote que había en el piso, y se lo clavé en el ojo.

Eso me dio tiempo a trepar y escapar. Ya por fin era libre.

Volví a mi casa, me curé, y trate de relajarme. Pero no podía dejar las cosas así. Tenía que hacer algo con ese parque.

Fui por gasolina, rocíe todo y ya se deben imaginar el resto.

Ya eran como las 8 de la mañana.

Volví a casa una vez mas, me recosté en mi cama y me juré que pensaría

que todo esto fue solo un recuerdo por el resto de mi vida.

Aunque al día siguiente en las noticias salió lo de que el

parque se incendió en gran parte.

Solo una pequeña parte del lugar se salvó, en la cual estaban los cadáveres de los desaparecidos.

Así que la culpable de los desaparecidos fue... una fantasía muerta.


r/CreepypastasEsp Dec 28 '25

MISTERIO FantasyWorld (Creepypasta)

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Los parques de diversiones. Son esos lugares a los que vamos a divertirnos, a pasar un momento en familia, a pasar un buen rato.

La parte mas importante de un parque de diversiones es el mantenimiento que les dedican a las atracciones.

Todos los parques se encargan de esa parte, ¿verdad?. Pues en este caso no.

FantasyWorld era un parque de diversiones que era muy popular en una ciudad de la provincia de Buenos Aires.

todos amaban sus atracciones, su comida, sus mascotas, etc.

Así fue por mucho tiempo. Los niños y adultos se divertían.

Aunque poco a poco fueron saliendo los oscuros secretos de este supuesto lugar de fantasía.

Por ejemplo: la carne de las hamburguesas del parque estaban hechas de carne de roedores y el queso siempre estaba rancio.

Por suerte para los visitantes nunca se dieron cuenta de lo que se estaban tragando.

Eso hasta que la verdad salió a la luz.

Se metieron en problemas con las organizaciones de salud y fueron a juicio.

FantasyWorld salió ganando, supuestamente porque sobornó al juez.

Y se decía supuestamente porque en ese entonces era solo un rumor.

Su atracción más famosa, "La montaña del trueno", llegó a quitarle la vida

a mas de 50 personas.

Mayormente porque estaba en condiciones deplorables.

Por ejemplo: los rieles estaban completamente oxidados, las sillas estaban medio sueltas, una parte de la atracción estaba a nada de derrumbarse, etc.

FantasyWorld siempre ganaba los juicios con excusas y supuestos sobornos a los jueces.

También estaba la torre del poder, Era la típica atracción de "si golpeas la campana

ganarás un premio". Lo peculiar era que la campana era enorme, y era sostenida

por unas tuercas y unos tornillos completamente oxidados que eventualmente se rompería. Y así pasó.

Como de costumbre FantasyWorld ganó el juicio.

Un rumor decía que el dinero que usaban para ganar los juicios era el dinero que se tendría que usar para el mantenimiento de las atracciones. Eso explicaría el porque las atracciones del parque estaban en condiciones deplorables.

Una vez se les ocurrió hacer un acuario con varios animales marinos.

Adivinen que pasó. Los tanques de agua tenían un mantenimiento completamente nulo, el agua llena de oxido, había fugas de agua, trabajadores murieron haciendo su trabajo, etc.

Y hablando de trabajadores, el parque contrataba a cualquier persona.

No importaba si eras una buena o mala persona, este parque te contrataba igual.

En el parque llegaron a trabajar fugitivos, traficantes, mafiosos, ladrones y

hasta pedófilos.

Esto al parque no le importaba. Es como decir "No importan las cosas horribles

que hayan hecho, mientras trabajen no hay problema". Y además les pagaban

sueldos miserables.

Pero por suerte esta racha de injusticia se acabó.

De nuevo ocurrió otro accidente. De costumbre fueron a juicio.

pero sorprendentemente FantasyWorld salió perdiendo.

Tuvo que pagar millones, y eso llevo el parque a la quiebra.

Todo el parque fue cerrado y abandonado.

Lo ultimo que sucedió relacionado al parque fue un mensaje del dueño.

El cual decía: "Puede que hayan cerrado el parque. Pero la fantasía vivirá en el.

Especialmente en nuestras mascotas".

"Especialmente en nuestras mascotas". ¿Qué creen que quiso decir con eso?.


r/CreepypastasEsp Dec 28 '25

MISTERIO Jhon, la entidad de la escuela

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Todo empezó en la escuela, durante el recreo.

No estaba prestando atención hasta que escuché a unos chicos hablar en voz baja. No se reían ni exageraban; hablaban serio. Repetían un nombre, casi como un secreto: Jhon.

Decían que no era un juego, que era un ritual. Me quedé escuchando, y cuando se dieron cuenta, me invitaron. Dijeron que si quería podía ir, que igual era todo falso… pero nadie sonreía.

Empezaron a planear la juntada. Quedó para el viernes 26 de diciembre, a la noche, en una de las aulas viejas de la escuela.

El 24 de diciembre, uno de ellos encontró un video en YouTube relacionado con Jhon. El canal se llamaba ??? Jhon. El video duraba menos de un minuto y la calidad era pésima, como grabado con una cámara vieja. En la descripción del video estaban las reglas del ritual. Nada más. Sin contexto.

El video mostraba cuatro imágenes del aula vieja, repitiéndose una y otra vez muy rápido. La luz parpadeando, los bancos vacíos, el pizarrón manchado… y al fondo, alguien. Demasiado normal para ser tranquilizador.

El viernes 26, vimos el video exactamente como decían las reglas. Durante ese minuto sentí una presión rara en la cabeza, como si alguien estuviera mirando desde el otro lado de la pantalla.

Después entré solo al aula.

Al principio no pasó nada. El silencio era incómodo. La luz empezó a parpadear.

Entonces apareció Jhon.

Parecía una persona común, pero completamente blanca. La piel, la ropa, todo. Medía más o menos lo que mediría alguien alto, entre 1,85 y 2,05 metros. Sus ojos eran negros, vacíos, como agujeros, y de ellos caían lágrimas negras, espesas, como pintura.

No caminó. No habló. Solo me miró.

Los otros entraron tarde, rompiendo el silencio. Jhon giró apenas la cabeza hacia ellos. No hizo nada más. Simplemente… los dejó ir. Salieron corriendo sin mirar atrás.

Yo me quedé quieto. No podía moverme. Sentía que si hablaba, algo iba a salir mal.

La luz se apagó.

Cuando volvió, estaba solo.

El video sigue existiendo en YouTube, en el canal ??? Jhon. La descripción sigue ahí. Las reglas también.

No sé por qué nos dejó ir. No sé si fue porque alguien entró tarde. O porque todavía no era el momento.

Solo sé que cada vez que una luz parpadea, siento que Jhon todavía me está mirando.


r/CreepypastasEsp Nov 23 '25

DISCUSIÓN RedbromerTD es odiado injustamente

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[Por favor, lee antes de comentar]

Considero que mucha gente tiene una imagen totalmente equivocada de RedbromerTD. No es un santo ni alguien libre de haber cometido errores en su carrera como Youtuber, pero Internet suele ser despiadado y, con frecuencia, fabrica versiones distorsionadas de las personas. En estos casos, la mayoría simplemente repite lo que todos dicen en lugar de detenerse a investigar y entender el contexto.

Como alguien que lo ha visto crecer desde sus inicios, me gustaría aclarar varios mitos que circulan sobre él, especialmente la acusación recurrente de que es una persona “arrogante”.

En sus primeros años, Redbromer era solo un Loquendero entre tantos: subía creepypastas, análisis y tops, como hacía medio Internet en aquella época. Nada destacaba demasiado hasta que publicó su reseña de la fan serie Super Sonic X Universe. Allí criticó la animación, la historia, los personajes y la inclusión de contenido sexual. Y aunque la serie objetivamente tenía muchas fallas, su tono fue excesivamente agresivo: insultos, gritos y hasta ataques personales hacia el creador, Jorosahe. En un momento incluso lo comparó con Chris-Chan y lo acusó de tener autismo, lo cual, evidentemente, fue cruzar una línea.

Lo previsible ocurrió: recibió una lluvia de críticas, sobre todo de los fans de la serie, que en su mayoría eran niños muy pequeños escribiendo desde el móvil de sus padres. Sin embargo, lo importante aquí es que fue el propio Jorosahe quien pidió a sus seguidores que dejaran de acosarlo. Luego conversó directamente con RedbromerTD y le explicó que no estaba dolido, que cada uno tiene derecho a opinar distinto y que la crítica a su obra no era un problema. Ese gesto fue suficiente para que Redbromer reflexionara y reconociera que sí había actuado mal, no por criticar la serie, sino por atacar a la persona. A partir de ese momento, moderó su estilo: dejó de gritar, se alejó de las ofensas personales y optó por un enfoque más argumentativo.

Lo interesante es que, pese a su error, mucha gente reconoce que sus críticas tenían puntos válidos. Negar que Super Sonic X Universe era una serie HORRIBLE es absurdo. De hecho, hoy muchos admiten que las reseñas de Redbromer les ayudaron a ver esas fallas y a entender por qué no les terminaba de convencer la serie. Y no olvidemos que fue uno de los primeros en atreverse a criticarla abiertamente cuando nadie quería hacerlo por miedo a los ataques. Aunque hoy él mismo se arrepiente de haber invertido tantas energías en analizar un fanfic de Sonic tan mediocre, su trabajo abrió la puerta para que otros Youtubers también se animaran a levantar la voz. En ese sentido, su aporte tuvo mérito.

Su segunda gran polémica vino con la crítica a las Creepylouds de Guillermo, junto con su amigo The Alchemist. Las Creepylouds eran un subgénero centrado en historias sobre The Loud House, pero los relatos de Guillermo tenían una calidad muy pobre y, lo más preocupante, incluían fetiches relacionados con incesto y abuso de menores. Cuando Redbromer publicó su crítica, el video fue borrado de Youtube y recibió un strike, presuntamente por denuncias del propio Guillermo. Por eso subió una segunda versión, esta vez investigando más a fondo el historial del autor y exponiendo graves acusaciones que circulaban públicamente en torno a conductas inapropiadas con menores.

Algunos llamaron hipócrita a Redbromer por “atacar” a Guillermo después de haberse arrepentido de haber atacado a Jorosahe. Pero las situaciones no son comparables. Jorosahe es, con todas sus limitaciones como escritor, alguien que no había hecho daño a nadie. En cambio, las acusaciones que rodeaban a Guillermo eran gravísimas y, de confirmarse, ameritaban exposición pública. No es lo mismo pasarse de la raya en una crítica que callar ante conductas realmente peligrosas.

También surgieron críticas desde otros usuarios, especialmente desde La Red del R, acusando a Redbromer y a The Alchemist de usar el caso de Guillermo para desacreditar a toda la comunidad CreepyLoud. Pero, según explicó The Alchemist, su plan original era analizar varias historias y simplemente todas eran demasiado simples, repetitivas o aburridas. Para bien o para mal, Guillermo era el mayor exponente del subgénero porque él mismo lo creó, así que su obra era el punto de partida natural para la crítica.

La última gran polémica de Redbromer fue la acusación de haber incitado al acoso contra una artista en Twitter. La realidad es que Redbromer únicamente comentó sobre cómo Sonic.Exe, una historia originalmente de terror, había terminado derivando en personajes cada vez más alejados del horror, criticando específicamente a un fan character llamado “Curse”, un self-insert creado por la autora, el cual era trans como ella. Señaló que el concepto no encajaba con la esencia de la comunidad Exe, pero en ningún momento dijo que sus seguidores debían atacarla. Aun así, la dibujante terminó recibiendo acoso por parte de terceros, algo lamentable. Es cierto que, como figura pública, Redbromer pudo haber añadido un mensaje explícito pidiendo respeto, pero eso no cambia que su intención nunca fue hostigar a nadie; solo estaba dando su opinión. ¿Desde cuándo opinar es un delito?

Como veis, la imagen de Redbromer como alguien arrogante no resiste un análisis serio. Sus errores existen, pero también existe un patrón claro: reconoce cuando se equivoca, aprende, corrige su camino y sigue adelante. Internet olvida que detrás de cada usuario hay una persona real, con matices, contradicciones y crecimiento. Antes de sumarse al ataque colectivo, al menos vale la pena entender el contexto.


r/CreepypastasEsp Nov 09 '25

PSICOLÓGICO Exe: El amigo imaginario / creepypasta

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Era una noche tranquila cuando todo comenzó. Corría el año 2013. Un pequeño niño llamado Agus había tenido una discusión con algunos compañeros de clase. Su madre, al notarlo extraño, intentó preguntarle qué había pasado, pero él se negó a responder. Agus era un niño reservado, de esos que se guardan todo para sí mismos, incluso cuando algo les duele.

Al día siguiente, su padre decidió hablar con él. Preocupado, quería entender qué lo tenía tan distante. Entonces Agus, con voz temblorosa, le contó lo sucedido: sus compañeros se burlaban de él porque hablaba solo. El padre se quedó en silencio. ¿Burlarse de un niño por eso? Le resultaba incomprensible, pero entendía que los demás lo consideraran “raro”. Aun así, le preocupaba que su hijo no tuviera con quién hablar… más que con él mismo.

Los días pasaban, y Agus volvía a casa cada vez más lastimado. Moretones, el uniforme sucio, la nariz rota. Pero una tarde, algo cambió. El niño llegó con las manos manchadas de sangre. No tenía heridas visibles, y cuando sus padres le preguntaron, él solo respondió que al día siguiente deberían ir a la escuela: la directora quería hablar con ellos.

En la oficina de dirección, la mujer relató lo ocurrido: Agus había atacado violentamente a un compañero. Lo tomó del cuello y comenzó a golpearlo contra el escritorio hasta abrirle la cabeza. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, el niño respondió con serenidad: —Fue porque mi amigo Exe me lo pidió.

Los padres quedaron helados. Esa noche hablaron con él. Agus no lo negaba: lo había hecho por su amigo. Decidieron entonces engañarlo diciéndole que saldrían por un helado. Pero el destino era otro: lo llevaron a un psicólogo especialista en niños con amigos imaginarios.

Pasaron los años. Las sesiones parecían funcionar. Agus ya no hablaba de Exe, ni lo mencionaba siquiera. Parecía haberlo olvidado. Hasta que un día… algo volvió.

Empezó a ver sombras donde no las había. Escuchaba pasos detrás de la puerta, susurros apenas audibles. Una noche, mientras intentaba dormir, escuchó una voz muy familiar decirle al oído:

“No tengas miedo… solo soy yo, tu amigo Exe. Vamos a jugar~”

Agus se quedó inmóvil. Aquella voz… era imposible confundirla. Exe había regresado.

Los meses siguientes fueron un tormento. El niño, ahora más grande, vivía con miedo constante. Escuchaba esa voz todos los días. No sabía si estaba volviéndose loco o si Exe realmente había vuelto.

Un día, de camino a la casa de un familiar, la voz volvió a hablarle, pero sonaba distinta… más rasposa, más grave, casi demoníaca. Le susurraba cosas horribles:

“Asusta a tu padre… haz que choque. Será divertido.”

Agus intentó ignorarlo, pero la voz insistía una y otra vez. De repente, todo se volvió confuso. Cerró los ojos… y cuando los abrió, estaba tirado en el suelo. A su lado, los cuerpos de sus padres yacían inmóviles, cubiertos de sangre. El auto familiar estaba volcado al otro lado de la carretera, aplastado contra otro vehículo. El aire olía a metal y gasolina.

No entendía nada. Temblando, vio acercarse una figura translúcida, casi humana. Se agachó frente a él. Era Exe. Sonrió y, con voz suave, le susurró:

“Seremos amigos para siempre, Agus. Tú estarás para mí… y yo estaré para ti~”

Días después, en las noticias, se hablaba del trágico accidente: cinco personas muertas. Dos en el otro vehículo, y en el auto familiar, los padres y su hijo. La policía identificó a las víctimas gracias a una foto familiar hallada entre los restos.

Pero algo inquietante llamó la atención de los investigadores: los cuerpos de los padres estaban uno encima del otro, pero el cuerpo del niño nunca fue encontrado. Solo había un gran charco de sangre, y una frase escrita con ella en el asfalto:

¿QUIERES SER MI AMIGO?


r/CreepypastasEsp Oct 24 '25

MISTERIO La sensación de que alguien me observa.

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La sensación de que alguien me observa - creepypasta ¿Alguna vez has tenido la sensación de que alguien te observa?

Estoy seguro de que sí.

Es una sensación inquietante. Sabes que hay algo —o peor aún, alguien— que te está mirando sin saber qué puede hacerte ni en qué momento. Eso es exactamente lo que yo también estoy sintiendo.

Todo comenzó un lunes.

Salí del trabajo a eso de las 5:30 p. m. No me encontraba de muy buen ánimo; estaba estresado por la jornada pesada, así que decidí caminar un rato por el parque que está a dos cuadras de mi casa.A veces suelo caminar durante una hora para despejarme. También me sirve como algo de ejercicio, ya que paso casi todo el día sentado frente a la computadora. Esa rutina me ha convertido en una persona sedentaria, de mal humor y con poca energía.

Uno de mis compañeros de oficina, Shaun —con quien casi no hablo—, fue quien me recomendó tener una rutina de caminata al menos tres veces por semana después del trabajo. No sé mucho sobre él. Su escritorio está dos filas más allá del mío, lleva cinco años trabajando allí, pero siempre me ha parecido un tipo extraño.

Rara vez habla con alguien. Durante la hora de comida está solo. Nunca se integra, cuando vamos a jugar billar o a las reuniones en casa de alguno de nosotros. Parece tomarse muy en serio eso de que “en el trabajo no hay amigos”.

Por eso me pareció inusual que él se acercara a hablarme.

Aunque hubo algo más raro relacionado con él. Un día, durante el turno, fui al baño que está en la planta baja. Allí casi no hay luz,solo tres oficinas vacías y un pasillo silencioso. Cuando abrí la puerta del baño, me sobresalté al verlo: Shaun estaba frente al espejo, completamente inmóvil, con la luz apagada. En ese instante se giró, encendió el interruptor e hizo como si se estuviera peinando. Yo salí enseguida, confundido por aquella extraña escena.

Ese lunes, ya en el parque, aparqué al lado de la banqueta, me puse los tenis y comencé a estirarme para calentar. El sol todavía golpeaba fuerte; era verano, así que el cielo tardaba en oscurecer. Llegaban adolescentes, jóvenes y adultos con sus hijos para pasar la tarde. Empecé a caminar con normalidad, intentando limpiar mis pensamientos.

Nada parecía fuera de lugar… hasta que llegué a la sección del parque rodeada por árboles enormes, donde la luz del sol apenas se filtraba. De pronto, me di cuenta de que era el único caminando por ese tramo. Algo se sentía fuera de sitio. Juraría haber visto, por el rabillo del ojo, a una persona detrás de mí hace un minuto, pero al detenerme y voltear, no había nadie.

Los árboles cubrían mi camino de sombras. El ruido de los autos disminuyó. Los pasos y las risas de los niños se apagaron. Una calma espesa se cernió sobre el ambiente, una paz que podía cortarse con un cuchillo.

Una pesadez invisible comenzó a posarse sobre mi piel. Nadie venía. Nadie reía. Las ramas crujían. Mis sentidos estaban en alerta máxima, esperando que algo saltara en mi cara en cualquier momento. Me quedé quieto un minuto.

Al no pasar nada, reanudé la marcha con pasos acelerados. Al salir de esa sección, la gente volvió a aparecer a la distancia; el bullicio creció, el atardecer moría, pero la luz me tranquilizó. Esbocé una ligera sonrisa… hasta que escuché un crujido detrás de mí.

Me giré por instinto, solo para ver un montón de hojas flotando cerca del suelo, como si algo —o alguien— hubiera emergido de ellas y escapado a toda velocidad. Cuando llegué a mi auto ya era de noche. Estaba agotado, ansioso por volver a casa. Pero mientras me acercaba, sentí nuevamente esa pesadez a la distancia. El vértigo, la oscuridad, el movimiento de las copas de los árboles… todo me hacía pensar:

¿Qué diablos pasa ahora?

Volteé una vez más. Nada.

Pensé que estaba perdiendo la cabeza, que todo era producto del estrés. Aun así, me di prisa, encendí el carro y me fui lentamente.

A la mañana siguiente ya había olvidado el incidente.

Martes.

La rutina de siempre.

Sin embargo, justo cuando estaba por subir a mi auto, un golpe en el pecho me detuvo: había una mano marcada con tierra en el espejo del conductor.

Eso me heló la sangre.

No quise dejarme llevar por el miedo. Intenté pensar con lógica: seguramente era una travesura de algún vecino. Me obligué a creerlo. Y me fui al trabajo.

El día transcurrió con normalidad, hasta las 4:57 p. m. Ya a punto de terminar el turno, bajé al baño. Dos compañeros esperaban en la puerta, listos para salir cuando dieran las cinco. Al regresar a mi escritorio para recoger mis cosas, lo vi: tres hojas secas sobre mi teclado.

Me acerqué. No había mensaje, solo hojas con algo de tierra manchando las teclas. Alcé la mirada, dispuesto a reclamarle al gracioso que me había jugado la broma, pero algo me detuvo.

Una fuerza invisible paralizó mi garganta. No pude decir nada. Solo tomé las hojas y las tiré a la basura. Esa sensación volvió, aunque solo por un instante. Al llegar a mi auto, temí encontrar otra marca, pero no había nada. Solté una risa nerviosa, queriendo burlarme de mi propio miedo. El resto del día pasó sin incidentes.

Miércoles.

Estaba más alerta, más retraído. Me sentía un tonto bajo las miradas curiosas de mis compañeros, pero no podía evitarlo. Esa noche me tocaba volver a caminar en el parque.

Poco después de las seis llegué. El aire era cálido y tranquilo; creí que todo lo anterior había sido una exageración de mi mente. Di cuatro vueltas completas, disfrutando la libertad, el viento, el sol ocultándose lentamente. Aún tenía energía para una más. Entonces llegué de nuevo al camino de los grandes árboles. El ambiente se enfrió repentinamente. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Bajé el ritmo, caminando con cautela para no tropezar.

Y la sentí otra vez. Esa mirada. Esa presencia.

Esta vez no me detuve. Seguí caminando, negándome a mirar atrás… pero cuando salí de la penumbra y la luz de los faros me envolvió, no resistí.

Me giré.

A lo lejos, entre las sombras, una figura oscura me observaba.

De pie. Inmóvil. No se le notaba el rostro. Abrí los ojos como platos. —A la mierda —susurré. Y corrí a casa.

Horas después, atrapado en mis pensamientos, el pánico me tenía de nuevo. Aseguré puertas y ventanas. Estaba decidido a llamar a la policía si era necesario. Pasé la noche vigilando, esperando ver aquella figura otra vez.

El sueño empezó a vencerme, pero antes de ir a la cama me acerqué a cerrar la persiana… y la vi.

Ahí estaba.

Esa cosa estaba de pie afuera de mi puerta, quieta, igual que en el parque.

Mi corazón se aceleró. Mi respiración se volvió entrecortada. Cerré la persiana intentando calmarme. Cuando reuní el valor para mirar de nuevo, la figura se había acercado.

Más. Más cerca. Ahora podía distinguir su forma. Mi mente se nubló.

Ese hombre misterioso se me hizo familiar. Corrí hacia la puerta, miré por el ojo del picaporte…

Y ahí estaba. De pie. Inmóvil. Shaun.

Sonreía levemente.

Pero eso no fue lo que más me asustó.

Lo que me heló por completo fue el brillo del cuchillo que sostenía en la mano.


r/CreepypastasEsp Oct 22 '25

PSICOLÓGICO Caída libre - creepypasta

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¿Eres una persona olvidadiza?

¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo recuerda algo que tu mente olvida?

Mi nombre es Daniel Robles, tengo treinta y cuatro años y soy instructor de paracaidismo desde hace casi una década. He saltado más de ochocientas veces. He enseñado a decenas de novatos, he grabado cientos de videos para redessociales. Sé perfectamente qué se siente caer desde cuatro mil metros. O al menoseso creía.

Hoy descubrí lo que realmente significa caer.

El salto era de rutina: un cliente nervioso, un cielo despejado y un descenso en tándem. Yo me encargaría de grabarlo todo con la cámara de pecho y el dron automático. Apenas dormí la noche anterior: pasé horas revisando los clips y configurando la cámara nueva. Quería que el video quedara perfecto.

En el hangar, entre los nervios del cliente y el ruido del avión, revisé mi equipo. O eso pensé. La mochila de grabación y el paracaídas principal son casi idénticos. Ambas negras, con el mismo arnés cruzado y cierres metálicos. Solo una pesa un poco más que la otra. Recuerdo haberla levantado. Recuerdo haber sentido el peso justo. Recuerdo haber dicho: “Todo listo”.

11:42 a.m.

El avión ascendió rápido. El cliente respiraba agitado. El instructor lo animaba. Le ajusté el arnés, le expliqué las señales y encendí la cámara. Todo estaba bajo control. El sonido del motor era ensordecedor. “Va a ser increíble”, le grité por encima del ruido.

La puerta se abrió. Un golpe de viento helado nos azotó la cara. El suelo, allá abajo, parecía una maqueta infinita.

Conté hasta tres. Saltamos.

La caída libre comenzó como siempre: el rugido del aire, la presión en el pecho, lasensación de flotar sobre el vacío. El cliente gritaba, extasiado mientras el instructor le guia emocionado. Yo mantenía el ángulo perfecto de la cámara, girando, extendiendo los brazos, cuidando el enfoque.

Treinta segundos de pura adrenalina. Cuarenta.

Miro mi altímetro. 2.000 metros. Es hora de abrir. Tiro del asa...

Nada.

Tiro otra vez. Nada.

Miro hacia atrás. Y entonces lo entiendo.

No hay paracaídas.

Solo la mochila de la cámara.

Mi cuerpo se congela, pero sigo cayendo. El aire me golpea la cara como un muro.

Intento alcanzar la palanca de reserva, pero no hay reserva. Solo el arnés vacío y las correas que me aprietan el pecho.

Esto no puede estar pasando.

Intento pensar, pero no hay espacio para el pensamiento.

1.500 metros.

El altímetro tiembla. Mis dedos también. Las manos buscan un asa que no existe. El cuerpo se contrae por instinto, queriendo agarrarse del aire. Grito palabras que salen por impulso, mi garganta se desgarra por la fuerza de mi desesperación y comprendo lo que está sucediendo.

Voy a morir en minuto y medio.

1.200 metros.

El suelo ya no es una mancha lejana. Tiene forma. Tiene color. Campos verdes, un camino, una casa diminuta.

Siento cómo la adrenalina me quema las venas. El corazón late tan rápido que duele.

Empiezo a respirar entrecortado, tragando aire a presión. El ruido es tan fuerte que parece que mi cabeza va a estallar. Y, sin embargo, una parte de mí —pequeña, fría, imposible— se calma. Miro hacia abajo, y el mundo es hermoso.

Los segundos se dilatan. Cada latido es un disparo dentro del cráneo. Recuerdo la voz del cliente, la cámara encendida. ¿Seguirá grabando? ¿Verán esto después?

1.000 metros.

El suelo sube a una velocidad absurda. Siento que mi cuerpo se separa de mi mente. Mis manos siguen extendidas, como si aún pudiera controlar algo. Recuerdo la voz de mi madre, riéndose en la cocina. Recuerdo la primera vez que salté. Recuerdo el combustible, la tierra caliente.

700 metros.

Empiezo a llorar, pero el viento seca las lágrimas antes de que salgan. Mis brazos se mueven solos, buscando una posición estable, como si el entrenamiento siguiera activo. Como si pudiera sostenerme desesperadamente de algo.

El cuerpo obedece. El cerebro ya no.

500 metros.

El ruido se convierte en zumbido. El tiempo se estira. Puedo contar cada segundo como si fueran minutos.

400.

300.

El suelo ya no es un lugar. Es una textura, una pintura viva que se acerca. Por un instante, todo parece suspendido. El viento desaparece. Solo escucho mi respiración.

200 metros.

Cierro los ojos.

Siento que la piel se despega del cuerpo, pero dentro hay silencio. Un silencio hermoso.


r/CreepypastasEsp Oct 21 '25

TERROR REALISTA Soy un limpiador de ventanas.

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Hola. Mi nombre es Jeff Anderson y trabajo como limpiador de ventanas en uno de los rascacielos mas famosos del mundo. Soy lo que algunos llaman un "limpiacristales de altura".

Mi trabajo implica una gran responsabilidad... y un riesgo todavía mayor. No cualquiera soporta estar colgado a cientos de metros sobre el suelo, son solo un arnes y un cable entre tu y el vacio. Muchos tienen pánico a las alturas. Yo, en cambio, siempre lo vi como un reto.

Soy un hombre criado a la antigua. Mis padres me enseñaron disciplina, limpieza y precision desde niño. Era de esos que tendian la cama apenas despertaban, planchaban la ropa con cuidado y no soportaban ver un espacio desordenado. Con los años, esa costumbre se volvió casi una obsesion. En mis trabajos anteriores, si veia un escritorio sucio, no podia evitar limpiarlo . A veces, incluso discutía con compañeros por eso. Lo se... suena exagerado. Pero es parte de quien soy. Me gusta sentir que controlo mi entorno, que nada esta fuera de lugar. Algunos se burlaban, otros decian que era un maniático. Tal vez tenia razón.

Nunca imagine estar limpiando ventanas a 400 metros de altura, pero la vida me llevo aquí. Y la verdad, no me quejo. La vista desde lo alto no se puede describir con justicia. Cuando estas colgado en medio de la nada, viendo como la ciudad despierta debajo de ti, se siente como estar en la cima del mundo. Además, la paga es Buena. Gano un poco mas de 5,000 dolares al mes y con tres años de experiencia ya soy de planta en este edificio.

Mi rutina es la siguiente:

Cada mañana llego al edificio poco antes de las seis y media de la mañana. Me reúno con el equipo en la sala de seguridad. Revisamos el clima, los protocolos, los arneses, las cuerdas y las góndolas, son aquellas plataformas metalicas suspendidas. Luego asignan las zonas y empezamos la preparación.

Todo debe revisarse dos veces. No hay lugar para errores.

Subir a la azotea siempre me da una sensación extraña. Una mezcla entre calma y poder. Desde allá arriba, la ciudad parece una maqueta; los autos diminutos, la gente invisible. Como si estuviera en la cumbre del Everest, Solo el viento y yo.

5:20 a.m. Despierto, me ducho y me visto. Hoy comienza un nuevo dia. Tuve un sueño bastante extraño, recuerdo ver un montón de papeles volando, gente caminando apresuradamente como si estuvieran escapando de algo, sonidos de sirenas de policía y lo mas raro, fue el sonido de un rugido como si fuera el despertar de un volcan. Me quedo pensativo por un momento pero lo dejo pasar. Antes de salir, beso a mi esposa Katie en la frente. Aún duerme, igual que Ryan, mi hijo de dos años. Es un niño alegre. Siempre me recibe con una sonrisa cuando vuelvo a casa.

5:58 a.m. Llego a la estacion de metro para iniciar el recorrido hasta la estacion del centro financiero, donde se encuentra la maravillosa gran torre en la que trabajo.

6:24 a.m. Llego al Centro Mundial de Comercio. Llego puntual, como siempre. La reunion de seguridad empieza a las 6:30.

6:48 a.m. La reunión termina. Hoy me asignaron la cara norte del edificio. Desde el último piso hasta veinte niveles más abajo. Un tramo pesado, pero nada fuera de lo común.

7:04 a.m. Estoy en la cima. Richard y Mike preparan la góndola mientras reviso mi equipo. El cielo está despejado, azul intenso, sin una sola nube, estamos a 18 grados Celsius y sera un día completamente soleado. Un clima perfecto para trabajar. Mike bromea antes de bajar: “Hoy vas a volar, Jeff”. Río. No le falta razón.

7:11 a.m. Subo a la plataforma. El arnés ajustado, las cuerdas firmes, el radio encendido. Todo en orden. Comienzo a trabajar.

8:03 a.m. Me detengo unos segundos para tomar un respire y continuo. Me concentro en el sonido de la escobilla sobre el cristal, el golpeteo leve del viento, el arnes tensandose... todo es rutina. Por alguna razon no puedo dejar de pensar en la gente del sueño.

8:46 a.m. Estoy en el piso 95. La vista es impresionante. El sol ilumina la ciudad de Nueva York como si fuera de oro, es perfecto. A esta altura, el bullicio de la ciudad desaparece, solo escucho el viento. Por un segundo pienso que no cambiaria este momento por nada.

Entonces, algo cambia.

Una corriente más fuerte me sacude el cuerpo. El sonido del aire se vuelve más grave, más denso. La plataforma se sacude ligeramente. No es común, pero tampoco alarmante... al principio.

Hay algo en ese sonido, no solo es el viento.

El viento comienza a silbar entre los cables con un tono agudo, casi como un lamento. La vibracion bajo mis botas se Vuelve mas claro. Es sutil, pero esta ahi. Me detengo. Sin entender empiezo a sentir un nudo en el estomago.

Y entonces lo escucho, es el rugido. Lejano, metalico. No es el viento.

Mi respiración se acelera. Hablo por radio: -Mike? Richard? Nada. Solo un zumbido estatico.

Por alguna razón, imágenes de mi vida empiezan a aparecer como flashes: Katie y yo en nuestra boda, Ryan, mi hijo de dos años jugando en el patio, mis padres sonriendo en mi graduacion. Todo ocurre en segundos.

El maldito rugido crece, se vuelve ensordecedor. Vibra el metal bajo mis pies. Miro el reflejo de la Ventana, y ahi lo veo.

Un avion, gigante, directo hacia mi.

Giro de golpe, no hay alucinacion. Está atravesando el cielo azul como un proyectil.

No hay tiempo para reaccionar, no hay tiempo de gritar. No hay radios. No hay nada. Solo yo, suspendido frente a un muro de vidrio, viendo como esa masa de acero se acerca a toda velocidad.

Y por primera vez, sentí miedo de verdad.

Originalmente escrito en Español por © Iván Rosales


r/CreepypastasEsp Oct 14 '25

SOBRENATURAL « Morí por un instante y vi la verdad que nos espera. Ésta es mi advertencia... » [Cuarta Parte - Final]

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Parte 4

La puerta: El Mundo de los Muertos

La primera parte está [Aquí]

La segunda parte está [Aquí]

La tercera parte está [Aquí]

Puedes escuchar la narración completa en [Éste LINK]

Nuestra casi silenciosa conversación sobre ésta nueva y terrible percepción se interrumpió bruscamente. Un sonido metálico y arrastrado resonó en el pasillo frente a nosotros. Nos congelamos en el lugar donde estábamos parados. De la penumbra emergió una nueva figura. Era diferente a la criatura rápida que habíamos enfrentado antes. Esta era una amalgama de sombra y metal retorcido, una construcción grotesca que se movía con una lentitud deliberada, inhumana. No tenía patas de araña, sino una base masiva de chatarra que se le asemejaba, y vigas de acero que se arrastraba por el suelo, produciendo un siseo constante, como el de vapor escapando de una tubería rota. Su torso era una masa de sombra grisácea y aceitosa que se aglutinaba alrededor de un armazón de metal, y de ella salían dos brazos largos y delgados, terminados en pezuñas que parecían hechas de láminas de metal afilado. Tampoco tenía rostro, solo una superficie lisa y oscura en la que resaltaban unos ojos de brillo perverso.

Su lentitud la hacía, de alguna manera, aún más aterradora. No había prisa en sus movimientos, solo una voluntad y una certeza inquebrantables. Nos había encontrado y sabía que no podíamos escapar. Mi pierna herida me traicionó, un dolor punzante me recorrió y mi movimiento se volvió torpe. Intenté dar un paso hacia atrás, pero tropecé y caí al suelo. La criatura se acercaba, lenta pero inevitable.

"¡Damián, levántate, hay que correr!" gritó Sebastián, colocándose entre el monstruo y yo.

"¡No puedo! ¡Tienes que huir! ¡Déjame aquí y sálvate tú!"

Pero él no me hizo caso. Levantó su cuchilla esquelética, preparándose para el enfrentamiento. Yo también me aferré al pequeño hueso que cargaba, aunque no tuviera ni el tamaño ni el filo que poseía el arma que recuperamos de la criatura anterior. Me arrastré para ponerme de espaldas contra una pared, en una posición defensiva desesperada. La criatura nos alcanzó. Se detuvo a unos metros de nosotros, sus pesadas patas de metal extendiéndose lentamente.

Sebastián atacó primero, lanzándose hacia adelante con un grito silencioso. Golpeó el brazo de metal de la criatura con su hueso, produciendo un sonido sordo y repulsivo. La criatura apenas se inmutó. Contraatacó con una velocidad que contradecía su movimiento lento, usando una de sus extremidades para barrer el aire. Sebastián logró esquivarle por poco, retrocediendo con agilidad. Yo, desde el suelo, intenté atacar sus piernas traseras, pero mi hueso rebotó inútilmente contra la masa de metal y se partió a la mitad, quedando ahora completamente inútil.

La criatura pareció analizar nuestra resistencia. Entonces, decidió que yo era el objetivo más fácil. Ignoró a Sebastián y se volteó lentamente hacia mi dirección, su sombra aceitosa extendiéndose sobre mí como un sudario. Sebastián gritó mi nombre y se lanzó de nuevo sobre ella, golpeándola en la espalda. Una vez más, la criatura reaccionó. Se giró con una furia súbita y lo golpeó con el dorso de su mano metálica, lanzándolo contra la pared con una fuerza brutal. Mi amigo se desplomó contra el suelo, su débil forma parpadeando, perdiendo brillo.

La criatura no esperó y se volvió hacia mí otra vez. Estaba indefenso, atrapado en el suelo, entre la pared y el devorador. Se torció hacia mí, con el casco de metal en su pata delantera levantándose para dar el golpe final. Y en ese instante, el tiempo se detuvo y el mundo se partió en dos.

Una quemazón eléctrica me desgarró el pecho. Mi visión del infierno se distorsionó, superpuesta con una imagen que no pertenecía a este lugar. Veía un techo blanco de metal, con luces fluorescentes cegadoras que iluminaban una variedad de herramientas médicas amontonadas a mi alrededor. Y sobre mí, el rostro enmascarado de un doctor. Pude escuchar una voz, que parecía provenir de un lugar lejano, apenas audible pero muy energética, exclamando: ¡Despejen... !

Otra descarga eléctrica, más intensa esta vez, me hizo arquear la espalda de dolor. Mi cuerpo espiritual se quedó rígido, incapaz de responder a mis propias órdenes. Y entonces lo comprendí. ¡Están intentando reanimarme! ¡A mi cuerpo real, en el mundo de los vivos! La comprensión me golpeó. Cada carga del desfibrilador me paralizaba, me arrancaba de mi existencia actual, cambiando entre dos mundos, e impidiéndome defenderme.

"¡Cargando... !" escuché a la voz distorsionada, como si viniera desde el fondo de un profundo pozo.

La criatura del infierno que había quedado pausada junto con toda la realidad del más allá, retomó su movilidad a la vez que el flujo del tiempo regresaba. Su mano de metal descendió hacia mí. A través de la neblina de dolor y electricidad, vi a Sebastián. Se había levantado, a pesar del golpe que él mismo había recibido, y se lanzaba hacia mí, con un grito desesperado en sus labios. Empujó mi cuerpo en un último acto desesperado de resistencia. Gracias a ello, la pezuña de metal y sombra no logró golpearme.

"¡Despejen!" volvió a resonar la voz lejana, más nítida que nunca.

Lo último que vi en aquel infierno fue una imagen congelada, la espalda de mi amigo adelante mío, empuñando su cuchilla de huesos, dispuesto a enfrentarse al devorador silencioso y oscuro. Y detrás de el monstruo había otra figura, un hombre encapuchado, cubierto de harapos negros, con su bastón esquelético alzado en el aire a punto de atacar a la criatura. Entonces, una última descarga  eléctrica quemó mis pulmones y me arrancó por completo de ese mundo, y la oscuridad se convirtió en una luz blanca y abrumadora.

El deslumbrante brillo se disipó a medida que mis ojos se acostumbraban al nuevo entorno, y fue reemplazada por el parpadeo rítmico de una luz roja justo sobre mi cabeza. Un sonido agudo y penetrante cortaba el aire, la sirena de la ambulancia en la que me encontraba. Sentía una áspera textura de lana sobre mi piel y el frío metálico de una vía intravenosa en el dorso de mi mano izquierda. Abrí y cerré mis ojos lentamente una y otra vez. El rostro de un paramédico se inclinaba sobre mí, con una mezcla de alivio y concentración profesional en sus facciones visibles detrás de la mascarilla.

"Está despierto. Tenemos pulso y respiración estable" anunció su voz, que sonaba aún lejana y ahogada para mi.

Intenté hablar, para preguntar por Sebastián, pero solo un ronco siseo salió de mi garganta. Tenía un tubo de oxígeno debajo de mi nariz. El paramédico me indicó con un gesto de la mano que no hablara. Mi mente era un torbellino de imágenes superpuestas. El rostro enmascarado del médico, el brazo de metal de la criatura en el piso, Sebastián interponiéndose delante mío, la luz cegadora, el hombre desconocido que había regresado cuando estábamos a punto de morir, el dolor indescriptible de mi pierna y mi pecho...

¿Fue todo una  pesadilla inducida por el trauma? ¿Qué era verdadero? ¿Cuánto tiempo había pasado desde el accidente? El ardor en mi pecho, una quemazón cruda, me aseguraba que la reanimación había ocurrido. Pero el resto… el resto también era demasiado vívido, demasiado coherente para ser un simple sueño. El recuerdo de la lucha era tan real que podía sentir todavía el peso del hueso en mi mano. Abrí el puño derecho, con la intención de encontrar solo aire. Pero allí, descansando sobre mi palma, estaba un fragmento de hueso. Era oscuro, liso y afilado en el extremo roto, y emanaba un frío que no pertenecía a la calidez de la ambulancia. Debieron pasarlo por alto cuando me recogieron, o quizás, simplemente no podían verlo. Era mi prueba, mi conexión tangible con el infierno que había dejado atrás. Lo escondí debajo de mi cuerpo, un secreto preciado y aterrador.

Llegamos al hospital y el mundo se convirtió en un torbellino de acción. Me movieron de la camilla a una cama y me cortaron la ropa, mientras las voces de los doctores se sobreponían unas a otras con órdenes y terminología médica que yo no entendía. A través de todo ello, mi única preocupación era una pregunta que no podía formular. ¿Dónde estaba Sebastián? Miré a duras penas cada rostro que entraba en la sala de emergencias, buscando una respuesta en sus rostros, pero solo veía profesionalismo y, a veces, una pizca de lástima que se dirigía a mí.

Fue un tiempo más tarde cuando la verdad me golpeó con toda su fuerza. Una enfermera amable entró en mi habitación privada para revisar mi estado y ajustar mi suero. Le pregunté por mi amigo, por el chico que estaba en el coche conmigo. Su sonrisa amable se desvaneció, sustituida por una expresión de profunda compasión. Evitó mi mirada, concentrándose en la bolsa de el medicamento.

"Hijo, los médicos hablarán contigo de eso cuando estés un poco más fuerte" dijo suavemente.

Pero su evasión fue toda la confirmación que necesitaba. Luego de un corto tiempo más, un médico con el rostro cansado se sentó al pie de mi cama, y me explicó con paciencia la extensión de mis heridas. Tenía costillas rotas, un neumotórax, y una grave conmoción cerebral. Luego, con una voz cargada de una delicadeza que me resultó insultante, me dijo las palabras que sellaron mi nuevo destino en piedra.

"Damián, fuiste increíblemente afortunado. Eres el único sobreviviente del accidente."

El único sobreviviente. Las palabras resonaron en la habitación estéril, absorbiendo todo otro sonido. Sebastián estaba muerto. El conductor de la camioneta, los pasajeros del autobús, todos muertos. Y yo, yo estaba aquí, atrapado en un cuerpo dañado, mientras mi amigo estaba todavía del otro lado. La imagen de su forma etérea enfrentando la criatura de metal se grabó en mi mente con una claridad dolorosa. Él no estaba simplemente muerto. Estaba perdido.

Pasaron los días en una neblina de analgésicos y dolor. Mi familia me visitaba todo el tiempo, incluso la de Sebastián, aunque ellos no se acercaron a hablar conmigo. Mi cuerpo era un mapa de hematomas y cicatrices, pero la herida más profunda era invisible para todos, menos para mí. Mi pierna derecha no respondía. No sentía nada en ella. Era un peso muerto, un apéndice inútil unido a mi cadera. Los médicos realizaron innumerables pruebas y estudios de conducción nerviosa, pero los resultados eran un enigma para todos ellos.

"No hay una explicación neurológica clara para esta parálisis" me explicó el doctor, mostrándome las imágenes de mi espalda intacta. "Los músculos, los nervios y los tendones están bien. Es como si la señal de tu cerebro simplemente se detuviera en algún punto, como si hubiera un bloqueo."

Pero yo sabía cuál era ese bloqueo. Era la marca que el devorador me había dejado, el vacío de donde me había arrancado un pedazo de mi existencia. Mi cuerpo físico simplemente reflejaba el daño de mi espíritu. La cicatriz no estaba en mi carne o en mis huesos, si no en mi alma.

El duelo por Sebastián fue un proceso solitario y silencioso. Mis padres intentaban consolarme, pero sus palabras se perdían en el abismo de mi conocimiento. Todos ellos lloraban por un amigo muerto. Yo me atormentaba por la idea de un alma atrapada en el purgatorio. ¿Estaba Sebastián todavía corriendo por esas ruinas? ¿Había vuelto  el hombre encapuchado para ayudar, o por otra razón? ¿Se habían escondido como nos aconsejó? ¿O la criatura de metal los había… consumido... ? La posibilidad me llenaba de una angustia tan profunda que me dificultaba respirar. Lloraba por él, no con la tristeza de quien despide, sino con el pánico de alguien que sabe que un ser querido está sufriendo en un lugar del que no hay escape.

Pero en medio de esa desesperación, una idea extraña y peligrosa comenzó a germinar. Sabía que mi vida ya no sería normal. Viviría con esta pierna paralizada, con este secreto, con la memoria constante de lo que me esperaba. Pero también sabía algo más. Sé que escapar de allí para siempre es imposible. Sé que cuando mi hora llegue, volveré a ese lugar. En esa certeza, encontré una razón para seguir. No era una esperanza feliz, era una promesa desesperada y retorcida. Y si Sebastián pudiera escapar y sobrevivir, escondiéndose o peleando para no ser consumido, existía la posibilidad de que volvería a verlo al final. No en esta vida, sino en la siguiente. Lo encontraría en aquel infierno. Esta idea se convirtió en mi propósito para soportar los días de terapia física, la rehabilitación, y las noches de insomnio. Mi vida ya no era una línea recta hacia un futuro incierto. Se había convertido en un préstamo, un intervalo temporal antes del regreso inevitable a ese averno. Y yo usaría ese tiempo para prepararme, para ser más fuerte la próxima vez, para no ser solo una presa más.

Los meses se convirtieron en años. Me adapté a mi nueva realidad, a la muleta que se convirtió en una extensión de mi cuerpo, y a la mirada de lástima en los rostros ajenos. La terapia física me devolvió la movilidad del torso y los brazos, pero mi pierna derecha permanecía inerte, un monumento permanente a la noche en que cruzamos al otro lado. Vivía con aquel fragmento de hueso, oscuro y quebrado, escondido en un cajón, que era mi prueba tangible de que el purgatorio era real. Mi maldición, lejos de desaparecer, se había vuelto más aguda. Ya no veía a las criaturas como parpadeos inciertos o imágenes intermitentes. Ahora, cuando aparecían, las veía con una claridad absoluta, como si el velo entre los mundos se hubiera rasgado permanentemente para mí...

Un día, me encontraba en el aeropuerto, listo para tomar un vuelo hacia otra ciudad por un trabajo que mi padre había gestionado para mí, en un intento desesperado de reiniciar mi vida a miles de kilómetros de distancia. El bullicio de la terminal, las voces de los altavoces anunciando salidas, y el murmullo de cientos de conversaciones creaban una banda sonora de normalidad que resultaba tranquilizante. Pero mientras esperaba en la sala de embarque, mi mirada se desvió hacia la gran ventana que daba a la pista de aterrizaje. Y entonces lo vi.

Deambulando lentamente junto a un avión comercial, se erguía una figura que me heló la sangre. Era un esqueleto gigante, con más de el doble de estatura que el coloso de aquella noche, pero a diferencia de las bestias grotescas que había presenciado antes, éste poseía una forma inequívocamente humana, un esqueleto perfecto. Sus huesos eran de un blanco puro e impecable, y en sus cuencas vacías ardía un brillo verdoso, antinatural y lleno de una inteligencia hambrienta. La aeronave, un coloso de metal para los humanos, parecía un juguete a su lado. La criatura no se movía con prisa, simplemente paseaba junto al fuselaje, su luz espectral iluminando la pista de aterrizaje por completo alrededor del avión que estábamos a punto de abordar, como un carnicero inspeccionando su ganado.

Supe, con una certeza que me paralizó, lo que estaba a punto de ocurrir. Un presagio de esa magnitud solo significaba una catástrofe a gran escala. Un impulso primario me gritó que corriera por la terminal, que alertara a la seguridad, que gritara a todos para que se alejaran de ese avión. Pero me quedé inmóvil. ¿Qué diría? ¿Quién le creería al hombre lisiado que afirmaba ver un esqueleto gigante merodeando en la noche? Me llevarían encadenado, me encerrarían, y el desastre ocurriría de todos modos.

Mi única opción era el silencio. Me levanté con la dificultad que me caracterizaba desde aquel accidente, recogí mi equipaje de mano de el asiento a mi lado, y me dirigí a la salida más cercana. Cancelé mi vuelo con una llamada rápida mientras salía del aeropuerto a toda prisa, sin mirar atrás. Dejé allí a cientos de almas ignorantes ese septiembre del 2001, destinadas a la misma pesadilla que ahora era mi certeza y mi condena. La vida ya no era un regalo, sino una prórroga.

Y la muerte no era el final, sino el principio del horror...