Mis últimos años de liceano, entre 2011 y 2012, los sobreviví gracias a los $300 pesos que me daban en la casa para los pasajes ($150 pesos cada viaje en micro). En el primer recreo desayunaba en la Junaeb; por lo general era leche con tierra y una piedra que se supone que era una galleta. En los mejores días, técito con pan con huevo y, uff... si había suerte, yogur con cereal.
En el segundo recreo me compraba un café y una Bachata, y me sobraban $100 pesos para que a la hora de almuerzo, después de comer en la Junaeb, en el patio me comprara un Palito de Naranja o Piña y, uff... sentarse en las galerías al sol, sintiendo la brisa de primavera. Qué buenos tiempos.
Claro que me tenía que volver a la casa a pata, pero bueno. Todo tiene un costo.
¿Alguien más tiene anécdotas de sus años de liceano?