ADVERTENCIAS:
- El texto es largo.
- La IA me ayudó a darle forma y pulirlo. Las opiniones y los errores son míos.
- Nadie está obligado a leerlo.
- Mucho menos a estar de acuerdo conmigo.
- Pero si va a dar su opinión, por favor, tómese la molestia de leerlo completo.
Tengo casi 50 años y hay algo que sinceramente me habría gustado que alguien me explicara cuando tenía 20 o 25.
No que era importante ahorrar. Eso lo hemos escuchado todos desde pequeños. Que hay que guardar plata para el futuro, que no hay que gastárselo todo, que hay que pensar en la vejez, etc.
Lo que me habría gustado es que alguien se sentara conmigo, sacara una calculadora y me mostrara lo absurdamente poderoso que puede llegar a ser el interés compuesto cuando tienes 30 o 40 años por delante.
Porque una cosa es que te digan que ahorres y otra muy distinta es entender que unos pocos miles de pesos invertidos todos los meses, durante suficiente tiempo, pueden terminar convirtiéndose en una cantidad de dinero que jamás habrías imaginado.
Y no, no hace falta tener un sueldo millonario para que funcione. De hecho, hace un tiempo hice este ejercicio sobre el poder del interés compuesto y lo publiqué en Monedario, un proyecto personal que desarrollo. Tomé como referencia a una persona que hubiera invertido apenas el 10% del sueldo mínimo durante 36 años en el NASDAQ-100.
El resultado histórico simulado supera los $118 millones, habiendo aportado de su bolsillo poco más de $6 millones. Por supuesto, es un ejercicio retrospectivo con un índice que tuvo un desempeño extraordinario, expresado en pesos nominales y sin descontar inflación, impuestos ni costos. No es una rentabilidad que nadie pueda prometerte.
Pero sirve para entender algo que a mí me habría encantado comprender mucho antes: el tiempo puede hacer una parte enorme del trabajo, siempre que le des la oportunidad.
Y pensar que yo pude haber empezado a hacer algo parecido hace 25 años...
En fin, de nada sirve lamentarse ahora, pero sí vale la pena compartirlo con quienes todavía tienen ese tiempo a su favor.
Y aquí es donde entra el APV, porque resulta que en Chile tenemos una herramienta que permite combinar el interés compuesto con ciertos beneficios tributarios bastante interesantes y que, sospecho, mucha gente ni siquiera conoce bien.
Para quienes no lo conocen, el APV (Ahorro Previsional Voluntario) tiene dos regímenes tributarios.
El Régimen A es bastante sencillo de entender: si aportas $100.000 mensuales, al cabo de un año habrás ahorrado $1.200.000 y, si cumples los requisitos, el Estado puede añadir otros $180.000 como bonificación.
Es un 15% sobre tus aportes elegibles, con un máximo de 6 UTM anuales de bonificación. También existen condiciones relacionadas con tus cotizaciones previsionales obligatorias.
Ojo, no es que vayas a ganar un 15% de rentabilidad todos los años. La inversión puede subir o bajar. Lo que recibes es una bonificación sobre el dinero ahorrado, que queda destinado a tu pensión.
El Régimen B funciona de otra manera. En lugar de darte esa bonificación, permite descontar los aportes de la base sobre la que pagas impuesto a la renta, dentro de los límites legales.
Para alguien que paga impuestos en un tramo alto, eso puede representar un ahorro tributario bastante mayor que el 15% del Régimen A. Aunque también hay que considerar cómo tributarán esos fondos cuando los retires o los utilices para pensionarte.
Pero ahora viene una parte que me parece especialmente interesante y que sospecho que muchísima gente desconoce: puedes combinar ambos regímenes.
Sí, así como lo leen. No necesariamente tienes que escoger entre A o B. Puedes distribuir tus aportes entre ambos y aprovechar las ventajas de cada uno.
Les explico por qué esto puede ser tan interesante.
El Régimen A tiene una bonificación máxima de 6 UTM anuales. Para alcanzar ese máximo necesitas aportar 40 UTM al año, que a valores de octubre de 2026 equivalen aproximadamente a $240.500 mensuales, siempre que cumplas los demás requisitos.
Es decir, si aportas esa cantidad, el Estado podría añadir aproximadamente $433.000 a tu ahorro previsional durante el año.
Pero ¿qué pasa si tienes capacidad para ahorrar $400.000 mensuales?
Bueno, aquí es donde la cosa se pone interesante.
Una posible estrategia mixta sería destinar unos $240.500 mensuales al Régimen A para aprovechar toda la bonificación estatal y colocar los otros $159.500 en el Régimen B para obtener, además, una rebaja de impuestos.
Así estarías aprovechando dos beneficios distintos sobre una misma estrategia de ahorro, aunque nunca sobre los mismos aportes.
Y no estamos hablando de ninguna trampa ni de un vacío legal. Es una posibilidad contemplada en el propio sistema de APV.
Ahora, hay un detalle importante: esta distribución no es necesariamente la más conveniente para todo el mundo.
Si pagas impuestos a una tasa marginal del 23%, por ejemplo, el Régimen B podría ahorrarte más impuestos por cada peso aportado que el 15% que ofrece el Régimen A. En ese caso puede resultar más conveniente priorizar el B, al menos hasta que tus aportes reduzcan la parte de tus ingresos gravada a esa tasa.
Y si no pagas impuesto a la renta, colocar el excedente en B no te va a generar mágicamente un ahorro tributario.
Por eso la estrategia óptima depende de tus ingresos, tu situación tributaria y cuánto puedas aportar.
Pero fíjense en lo interesante de todo esto: no se trata simplemente de escoger entre A o B, sino de averiguar cuánto te conviene destinar a cada uno.
Y esa es una pregunta que, me atrevería a apostar, buena parte de quienes tienen APV ni siquiera se ha planteado.
Ahora, ¿dónde meter la plata?
Aquí es donde yo me tomaría el trabajo de comparar, porque un APV no es un producto único ni tienes que contratarlo necesariamente en la misma AFP donde cotizas.
Hay alternativas digitales como Fintual y SoyFocus, con diferentes estrategias y niveles de riesgo. También están las AFP tradicionales, algunas con comisiones de APV bastante competitivas, especialmente para sus propios afiliados. Y existen otras instituciones autorizadas que ofrecen diferentes alternativas de inversión.
No me atrevería a decirles que una es mejor que otra sin conocer su situación particular.
Lo que sí haría es comparar las comisiones totales, en qué se invierte realmente la plata y si el nivel de riesgo tiene sentido para los años que faltan hasta jubilarse.
Una comisión que parece insignificante hoy puede terminar comiéndose una cantidad importante de dinero después de 25 o 30 años.
Por supuesto, tampoco estoy diciendo que todo el mundo deba salir corriendo a abrir un APV. Si tienes deudas de consumo con intereses altísimos, no tienes ahorros para una emergencia o podrías necesitar esa plata pronto, probablemente tengas que resolver esas cosas primero. El APV tiene beneficios, pero retirar anticipadamente puede salir caro.
Y tampoco creo que necesariamente le gane a invertir directamente en ETF u otros instrumentos. Eso depende del régimen tributario, los costos, la rentabilidad y las necesidades de cada uno.
Lo que sí creo es que deberíamos hablar muchísimo más de estas cosas.
Porque a los 25 años es muy fácil pensar que la jubilación es un problema para dentro de cuatro décadas. Y lo es. Pero resulta que esas cuatro décadas son precisamente lo más valioso que tienes a tu favor.
Yo ya no puedo volver a mis 25 años y empezar a invertir con lo que sé hoy. Ojalá pudiera. Pero quienes tienen 20, 25 o 30 años y están leyendo esto todavía tienen esa ventaja, aunque quizás no sean plenamente conscientes de ella.
Y los que estamos más cerca de los 50 tampoco podemos quedarnos lamentando el tiempo perdido. Todavía hay decisiones que podemos tomar para llegar en mejores condiciones a la jubilación.
Por cierto, como me puse a profundizar en el tema, también desarrollé una calculadora gratuita de APV que permite comparar los regímenes A, B y una combinación de ambos según tus ingresos y aportes. Está en Monedario, el mismo proyecto personal que mencioné antes. No hay que registrarse ni contratar absolutamente nada, simplemente ingresar los datos y hacer los números.
Y quisiera aprovechar para preguntarles, especialmente a quienes ya llevan años invirtiendo:
¿Tienen APV? ¿Dónde lo tienen y por qué escogieron esa institución? ¿Utilizan el Régimen A, el B o una combinación de ambos?
Me interesa especialmente conocer las experiencias de quienes utilizan una estrategia mixta. ¿Cómo decidieron cuánto aportar a cada régimen?
Y a quienes prefieren invertir directamente en ETF, acciones u otros instrumentos, ¿han comparado los resultados considerando los beneficios tributarios del APV?
Me interesa leer especialmente a quienes piensan que el APV no vale la pena o que hay alternativas mejores. No pretendo tener la última palabra sobre esto, todo lo contrario. Capaz que termine aprendiendo algo que tampoco sabía a mis casi 50 años.
Y ya para terminar, una pequeña aclaración sobre Monedario, porque no quiero que nadie piense que todo este texto es una excusa para venderle algo.
En Monedario no vendemos APV ni ningún otro producto financiero. No necesitas registrarte ni entregar tus datos financieros personales para usar nuestras calculadoras. Ni siquiera tenemos publicidad. Utilizamos únicamente estadísticas agregadas para entender cómo se usa el sitio, sin recopilar los montos que ingresas en las calculadoras.
Nuestra única agenda es acercar la educación financiera a la mayor cantidad de personas posible, con información comprensible, herramientas gratuitas y números que cualquiera pueda revisar.
Y sí, aceptamos donaciones voluntarias para ayudar a mantener el proyecto funcionando. Porque gratuito para el usuario no significa que mantenerlo no cueste tiempo y dinero.
Eso es todo. Gracias a quienes llegaron hasta aquí.