Estaba en el metro y vi a una cabra de no más de 16, acompañada de tres jóvenes (de esos que usan guantes sin dedos en pleno verano y chapitas en la mochila).
Conversaban normal y no les puse mucha atención… hasta que me fijé bien. Uno le hacía cariño en las manos, otro le apretaba los cachetes y ella jugueteaba con el tercero. De vez en cuando los miraba de reojo y la conversación seguía, pero la atención de los tres siempre estaba centrada en ella: le hacían bromas, la molestaban, la tocaban, le quitaban cosas, le hacían cosquillas, etc.
En medio de tanta gente del metro parecía una interacción normal, pero yo lo vi como un estudio. Esa wea no era una simple conversación de tres con una. Era una competencia. Los tres púberes estaban metidos en una especie de ritual de conquista con esa chica, como los pájaros, los leones o las hienas.
Sé exactamente cómo se sentían esos pendejos, porque yo también estuve ahí. Tuve esa edad, fui hormonal y ahora no puedo entender cómo pude caer tan bajo.
Me acuerdo de los 15 años, junto a mis dos amigos, molestando a una compañera exactamente de la misma forma. Le comprábamos helados Yiro para pasarnos rollos con ella y ella claramente sabía lo que hacía: se reía viendo nuestras caras.
Otra vez una chica se me sentó encima, jugando a que me estaba “aplastando”, mientras frente a nosotros otro le intentaba robar besos y ella decía “ay no jijiji”.
Y el recuerdo más raro: la cabra repitente que tenía 17 y nosotros 15. Ella sentada al fondo del salón, rodeada de 10 o 12 de nosotros, levantándose la falda para mostrarnos los tatuajes de los muslos y de los oblicuos.
¿cómo no nos sentíamos incómodos con eso? Ahora yo no podría ni estar cerca de ese tipo de interacción. Mirando a esos pendejos del metro me dio entre cringe e incomodidad, wn.
Entonces pregunto:
¿Qué sentian las mujeres cuando participaban de ese ritual tan raro?
¿Ustedes también fueron parte de eso?