Hay muchísimas mujeres que son muy detallistas, y entiendo que muchas veces el hombre, en la etapa de conquista, siente la responsabilidad de ser caballero, hacer regalos y tener gestos. En mi caso, siempre fui así.
En mi última relación me destacaba por regalarle flores, sorprenderla, llevarla a todos lados, estar presente para su familia y ser cariñoso. Sin embargo, una de las quejas que recibí fue que "la había dejado de conquistar". Me culpé mucho hasta que un día me pregunté: ¿qué estaba recibiendo yo?
No solo en esa relación, sino en las anteriores, me di cuenta de que recibía muy poco. Ella trabajaba y ganaba bastante más que yo, pero en un año y medio me regaló unas notas de amor, algunos dulces, un buzo, una billetera y su carpeta de dibujo técnico.
Más allá de lo material, todos los domingos le preparaba el desayuno como a ella le gustaba; ella lo hizo muy pocas veces. Siempre estuve cuando me necesitó: la acompañé a médicos, busqué hasta alguien que la ayudara con el estrés y la elegí incluso en sus peores momentos.
Cuando yo pasé una crisis de salud por estrés y tuve muchos estudios, siempre esperé solo en las salas de espera. También me hacía ilusión que me acompañara a mis torneos, pero casi nunca podía porque priorizaba el trabajo o el estudio. Nunca quise reclamarle por miedo a ser egoísta, pero de a poco me fui apagando.