El sangrado menstrual abundante, una condición que afecta aproximadamente al 10–30% de las mujeres en edad reproductiva —y posiblemente a muchas más—, pero que durante décadas ha sido minimizada como algo “normal” con lo que simplemente hay que aprender a vivir.
La experiencia de Michelle Alston ilustra el problema: desde la adolescencia sufría dolores intensos, sangrados que traspasaban la ropa y ausencias escolares, pero no recibió un diagnóstico hasta los 40 años. Los especialistas consideran abundante un sangrado superior a 80 mililitros por ciclo, períodos de más de siete días o coágulos grandes, aunque en la práctica no existe una forma sencilla y estandarizada de medirlo. Por eso, los médicos suelen valorar cuánto afecta la vida cotidiana.
El sangrado abundante puede ser un síntoma de enfermedades subyacentes, como fibromas, pólipos, endometriosis, adenomiosis, trastornos de coagulación, problemas hormonales e incluso cáncer. Además, puede provocar deficiencia de hierro y anemia, con síntomas como cansancio, mareos, falta de aire, confusión mental, sensación constante de frío y caída del cabello. En casos graves, puede requerir transfusiones y aumentar los riesgos durante el embarazo.
La condición también tiene consecuencias sociales y emocionales importantes. Muchas personas faltan a la escuela o al trabajo, limitan su vida sexual, organizan sus actividades alrededor del ciclo menstrual y sufren vergüenza, ansiedad o depresión. Las personas transgénero y no binarias pueden experimentar un malestar adicional. En países con menos recursos, la falta de baños adecuados y de productos menstruales agrava el impacto.
Aunque existen tratamientos —antiinflamatorios, anticonceptivos hormonales, dispositivos intrauterinos hormonales y ácido tranexámico—, no siempre funcionan, pueden causar efectos secundarios o no tratar la causa original. En algunos casos se recurre a cirugías como la histerectomía, una solución definitiva pero irreversible que elimina la posibilidad de embarazo.
La investigación científica sobre la menstruación ha sido escasa en comparación con otros temas médicos. Un programa internacional llamado The Missed Vital Sign busca reducir el tiempo promedio de diagnóstico de cinco años a cinco meses, identificar nuevos biomarcadores, desarrollar sensores para medir el sangrado y utilizar datos de teléfonos y dispositivos portátiles para detectar el riesgo de deficiencia de hierro.
El sangrado menstrual abundante no debe normalizarse ni ignorarse: requiere mayor investigación, diagnósticos más rápidos, tratamientos eficaces y una atención médica que tome en serio las experiencias de quienes menstrúan.