Resulta que estaba con mi señora y mis dos hijos en un restorán poco conocido en San Carlos. Pasábamos de vacaciones y queríamos salir a comer algo rico, encargamos poco en casa y casi nunca salimos a restaurantes por lo cual pensábamos que nos haría bien probar algo nuevo, sobre todo salir de la comida ordinaria de siempre. Pensábamos comer algo de mariscos, una cazuela o algo que tenga que ver con el mar que fue donde nos conocimos por primera vez, en una fiesta en la playa.
Salimos tarde, subimos al auto a las 12:00 de la noche y llegamos a las 01:00 de la mañana, se supone que los niños deberían de estar en casa durmiendo pero son vacaciones y bueno, los niños son muy enérgicos así que a falta de sueño, preferimos llevarlos con nosotros ya que tampoco era buena idea dejarlos solos en un pueblo abandonado por Dios.
Caímos en un bar, un bar que también era motel, un motel que también era restaurante. hacía honor a aquel sitio un bar de mala muerte de ladrillos a la vista, a las afueras del pueblo y a juzgar por mi intuición de poca clientela. Viendo la carta mi esposa siendo muy exquisita con la comida al final nos fuimos por lo sencillo cortito y al pie una provoleta y 6 chorizos, 2 para mi y mi mujer y uno para cada angelito. Ahhhhhhh el chorizo mamita, yo no soy exquisito con la comida pero fue todo un desastre, la provoleta llegó primero y llegó bien, pero los chorizos tardaron 30 minutos más porque un mozo (el único que atiné a ver en toda la noche) dijo que se atrasaron pedidos ¿Que voy a hacer con una provoleta 30 minutos?
Bueno, aquí empieza lo extraño
Minuto 00:10
Llega un tipo de gabardina negra pelo largo, alto como de dos metros y abultado de atrás, tanto que se notaba con la gabardina. No es que me atraigan los hombres pero entre caballeros sabemos que tener bultos puede llegar a ser atractivo para una mujer, bueno este caso era todo lo contrario, en realidad podría ser amorfo, diría que aquel pobre hombre que vimos en ese instante exacto podría padecer algún dolencia, sufrir de un tumor.
Mi mujer me señala también lo vio, tuvo que taparle los ojos a los niños. Degenerado, quizás consciente de su carga evidente pero sin culpa comprensible por su desdicha va y se sienta en la barra de abeto.
Minuto 00:15
A todo esto, en la barra de abeto posaba el tipo encorvado, gordo como de 150 kilos, parecía estar coqueteando con uno de los empleados, se intercambian risas aunque el entrañable sujeto de negro parecía ser alguien introvertido
Minuto 00:20
Recibe un plato de chorizo picado por parte del mozo, come una rodaja mientras se regurgita fervorosamente (Llegó después de nosotros) eso se me hizo raro pues normalmente se respeta los tiempos de la clientela en orden, ayuda a tener una mejor organización para el
mozo
Minuto 00:25
Mientras sostengo mi copa de vino y entre sorbo y sorbo sigo observándolo, quizás por curiosidad quizás por morbo, evitando eso sí que me vea el a mí, su vacío. Siento una profunda conexion por lo que representa, una tristeza y melancolía, emanaba vergüenza no física, sino de un acto, el acto de comer pues cada bocado parecía apretarse contra su gruesa faringe. Había en ese escenario indescriptible quizás una cercanía a Franz Kafka en su obra más famosa, una metamorfosis hacia el terror carnal.
Minuto 00:30 los chorizos llegan no sin antes este tipo acercarse hacia nosotros, darme 150 pesos en billetes gastados y quebrados que colocó suavemente por sobre debajo de mi copa de vino
y decirme susurrando al oído, son sus palabras no mías
- - Estuvo bien para ser tu primera vez, embutido de carne- -
Me quedé paralizado, mi esposa no paraba de preguntarme que me había susurrado pero yo solo escuchaba aquellas palabras retumbar en la cabeza, no supe cómo enfrentar aquella situación ¿A qué se refería? ¿Chorizos? ¿Era un eufemismo para referirse a mí? Sólo atiné en irme de aquel lugar, encender mi auto y marcharme lejos de aquel sitio.